La Desmañanada
«Bien»: el diagnóstico nacional en una sílaba (y un juego de geometría que cuesta más que el diésel)
10 de agosto de 2026
El parte médico más breve de la República
La conferencia abrió con un intercambio de salud pública que ni el IMSS supera en eficiencia.
Reportero — Bien. ¿Y usted?
«Bien.»
Histórico: una sola sílaba y cero preguntas de seguimiento. Si toda la mañanera fuera igual de concisa, terminaríamos a las 7:03 y el país descansaría. Pero no, para eso venían tres funcionarios, dos maestras, un procurador y un QR: para explicarnos por qué no podemos poner atención más de cuatro minutos.
Un sismo en Colombia y la diplomacia del gerundio
Llegó la noticia grave a media mañanera y la solidaridad se ofreció en modo condicional.
Reportero — Presidenta, ¿México ya tiene contacto con Colombia?, ¿qué apoyo concreto se ofrece y a partir de cuándo?
«Y por supuesto, todo el apoyo que requiera, si es necesario, el pueblo de Colombia, ahí vamos a estar.»
Nótese la fina ingeniería del ofrecimiento: «si es necesario» y «ahí vamos a estar», el subjuntivo hecho política exterior. Solidaridad con cláusula de disponibilidad, como la canasta PACIC: sujeta a monitoreo semanal.
El diésel que firmó, con la mano en el corazón, portarse bien
Antes de las pantallas, el lunes obliga: «Quién es quién en los precios», el reality de terror para gasolineras.
Reportero — ¿Y qué pasa con las estaciones que se siguen «volando la barda», procurador?
«Gracias, Iván.»
Ahí está el nivel de intervención presidencial en la economía: un «gracias» y a otra cosa. Mientras tanto, el diésel juró de manera «voluntaria» no pasar de 27 pesos y ya va en 27.01: cumplió el acuerdo por un centavo, con la ética de quien devuelve el coche con el tanque en la rayita. La BP de Tlaxcala, rebelde, lo vende en 28.74 y se lleva su tache moral, que no multa, que tache; el castigo más temido desde la primaria. Y el jitomate bajó 29.20 por ciento, único héroe nacional que sí cumplió sin firmar nada.
Doscientas treinta y siete notificaciones y una sala llena de reporteros con el celular
El tema estelar: el daño de las pantallas en niñas y niños, expuesto ante un auditorio que, curiosamente, no suelta el teléfono.
Reportero — ¿Otra vez el tema de las redes, Presidenta?, ¿ya vamos a regular las plataformas o seguimos en la etapa de las diapositivas?
«Hoy vamos a dar continuidad a la discusión sobre el uso y el impacto de las plataformas digitales, de las redes sociales en niñas, niños, adolescentes.»
«Dar continuidad» es la forma elegante de decir «tercer capítulo y la ley ni sus luces». Nos informaron que un niño recibe 237 notificaciones al día, una cada cuatro minutos, y que según la UNESCO tarda 20 minutos en reconcentrarse. Hagan la cuenta: matemáticamente, ese niño nunca ha estado concentrado en su vida. Y lo escuchábamos todos muy atentos… entre notificación y notificación, haciendo scroll infinito bajo el podio.
El compás que cuesta más que un tanque de diésel
Profeco cerró con el estudio de útiles escolares, y ahí sí que dolió el bolsillo pedagógico.
Reportero — Con el regreso a clases, ¿cómo le explico a mi hijo que un juego de geometría vale 94 pesos y otro igualito, 37?
«Para ello —siéntense, por favor— está con nosotros…»
Dos juegos de geometría «de condiciones muy similares»: uno en 94.48 y otro en 37.02. Es decir, pagas 57 pesos extra por el aura del compás. En la misma mañanera nos enseñaron que la escuela debe formar «pensamiento crítico» y «tolerancia a la frustración»: felicidades, el precio de los útiles ya viene entrenando ambas cosas desde la papelería. La maestra, con 30 años de aula, contó que preguntó a los niños qué le gusta a su papá y ninguno supo responder. Tranquilos: papá tampoco sabe, está viendo el mapa del diésel con zoom para ahorrarse el centavo.
Y para cerrar, Cantinflas
Cantinflas —
«Ahí está el detalle, ¿verdá?, porque uno viene, se sienta —siéntese, por favor, me dicen—, y oye del diésel que no pasa de veintisiete pero pasa por un centavito, que ahí sí ya es otra cosa que es la misma cosa; y luego las doscientas treinta y siete notificaciones, que son hartas, pero al ratito, y la pantalla, y el compás caro, y el jitomate que bajó, que ese sí es un señor jitomate; total que, como quien dice, sin que se diga, digo yo, pero no digo, porque a lo mejor sí, pero quién sabe… y ahí lo dejamos, porque cuando uno explica mucho y no dice nada, pos ya ni modo, compañero, ¡ya nos concentramos!»
Basado en la versión estenográfica del 10 de agosto · fuente