“Ya se veía venir”: el nuevo lema del árbitro electoral michoacano
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El TEPJF ratificó la destitución de cuatro consejerías del Instituto Electoral de Michoacán. En definitiva: el organismo que va a organizar el proceso electoral 2026-2027 tendrá nueva conformación. Cambio de réferi justo cuando ya están pintando las rayas de la cancha y calentando los delanteros.
Y la reacción, que quedará para los anales de la prudencia michoacana, la puso el consejero Ignacio Hurtado: “ya se veía venir”. Acto seguido, se negó a especular sobre posibles asuntos políticos detrás de la sentencia.
Que quede claro el nivel de sofisticación retórica: se veía venir, pero no se puede decir de dónde venía. Es un fenómeno meteorológico institucional. Ahí estaba la nube, gorda y negra, encima de todos, y nadie se atrevió a nombrar el clima. En Michoacán no llueve: se registran precipitaciones sin causa atribuible.
Hay que reconocerle a la frase su eficiencia. “Ya se veía venir” es la navaja suiza del discurso público michoacano. Sirve para una destitución, para un socavón, para una feria que se suspende, para una obra que se detiene y para la ausencia de un funcionario. Es el equivalente civil del encogimiento de hombros, pero con corbata y micrófono. Y tiene la ventaja de que nadie queda mal: quien la dice demuestra que era listo, y quien la escucha entiende que nadie hizo nada al respecto.
Lo verdaderamente delicado es lo otro. Un instituto electoral no es una oficina cualquiera: es el aparato encargado de que en 2027 la gente crea en el resultado. Y a esta altura del calendario, ese aparato estrena piezas. Ojalá que las nuevas consejerías tengan curva de aprendizaje corta, porque el proceso no las va a esperar mientras se acostumbran a la cafetera.
La parte cómica —cómica en el sentido de que si no reímos, pues ya sabe— es la escenografía de la neutralidad. Todos aseguran que no hay política detrás. Todos sostienen que fue estrictamente jurídico. Todos afirman que se veía venir. Y sin embargo nadie, absolutamente nadie, apuesta a que la nueva integración vaya a pasar desapercibida para los partidos, que en este momento están calculando ángulos con una calculadora científica.
Lo que sigue es previsible: comunicados de respeto institucional, llamados a la civilidad, fotos de tomas de protesta y una serie de declaraciones donde cada actor explicará que el fallo lo fortalece a él en particular. Y en unos meses, cuando algo salga torcido en el proceso, volveremos a escuchar la misma sinfonía de tres notas.
Ya se veía venir. Es el único pronóstico que en Michoacán siempre acierta, porque se emite después.
Y la reacción, que quedará para los anales de la prudencia michoacana, la puso el consejero Ignacio Hurtado: “ya se veía venir”. Acto seguido, se negó a especular sobre posibles asuntos políticos detrás de la sentencia.
Que quede claro el nivel de sofisticación retórica: se veía venir, pero no se puede decir de dónde venía. Es un fenómeno meteorológico institucional. Ahí estaba la nube, gorda y negra, encima de todos, y nadie se atrevió a nombrar el clima. En Michoacán no llueve: se registran precipitaciones sin causa atribuible.
Hay que reconocerle a la frase su eficiencia. “Ya se veía venir” es la navaja suiza del discurso público michoacano. Sirve para una destitución, para un socavón, para una feria que se suspende, para una obra que se detiene y para la ausencia de un funcionario. Es el equivalente civil del encogimiento de hombros, pero con corbata y micrófono. Y tiene la ventaja de que nadie queda mal: quien la dice demuestra que era listo, y quien la escucha entiende que nadie hizo nada al respecto.
Lo verdaderamente delicado es lo otro. Un instituto electoral no es una oficina cualquiera: es el aparato encargado de que en 2027 la gente crea en el resultado. Y a esta altura del calendario, ese aparato estrena piezas. Ojalá que las nuevas consejerías tengan curva de aprendizaje corta, porque el proceso no las va a esperar mientras se acostumbran a la cafetera.
La parte cómica —cómica en el sentido de que si no reímos, pues ya sabe— es la escenografía de la neutralidad. Todos aseguran que no hay política detrás. Todos sostienen que fue estrictamente jurídico. Todos afirman que se veía venir. Y sin embargo nadie, absolutamente nadie, apuesta a que la nueva integración vaya a pasar desapercibida para los partidos, que en este momento están calculando ángulos con una calculadora científica.
Lo que sigue es previsible: comunicados de respeto institucional, llamados a la civilidad, fotos de tomas de protesta y una serie de declaraciones donde cada actor explicará que el fallo lo fortalece a él en particular. Y en unos meses, cuando algo salga torcido en el proceso, volveremos a escuchar la misma sinfonía de tres notas.
Ya se veía venir. Es el único pronóstico que en Michoacán siempre acierta, porque se emite después.