El Parque Lineal que nació al 60 por ciento y ahí se quedó a vivir
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El Parque Lineal Riva Palacio registra 60 por ciento de avance y está detenido. ¿La razón? Falta la autorización para el uso de la vía ferroviaria. Léalo otra vez, despacio, y respire.
Es decir: se diseñó un parque lineal —lineal, la forma más obvia de anunciar que va pegado a una vía de tren—, se licitó, se contrató, se excavó, se colaron guarniciones, se avanzó dos tercios del proyecto, y en algún punto del camino alguien levantó la mano y preguntó con voz tímida si teníamos permiso para usar la vía. Sorpresa: no.
En el resto del mundo civilizado, el trámite antecede a la obra. En Morelia la obra antecede al trámite, y el trámite antecede al siguiente sexenio. Aquí no se planea: se improvisa con vocación monumental y luego se administra la vergüenza en forma de porcentaje. El 60 por ciento es la cifra oficial. El otro 40 por ciento vive en un cajón, esperando una firma que llegará cuando el pasto que ya se sembró sea bosque.
Y es que los parques inconclusos de esta ciudad tienen algo entrañable. Son el equivalente urbano del propósito de año nuevo: bien intencionados, fotogénicos en su etapa inicial, abandonados a la mitad y visitados de vez en cuando por alguien que corre entre las varillas fingiendo que eso es una pista.
Lo que uno se pregunta es qué se hizo con esos dos tercios. ¿Se construyeron sesenta por ciento de bancas? ¿Sesenta por ciento de juegos infantiles, con la resbaladilla terminando en el aire? ¿Sesenta por ciento de andador que un buen día simplemente deja de existir y le entrega el peatón al destino? Un parque al 60 por ciento no es un parque: es una advertencia con jardineras.
Lo mejor es la palabra “detenido”. Detenido suena a pausa breve, a semáforo, a que ahorita seguimos. Pero en el diccionario municipal michoacano, “detenido” es un estado permanente, casi metafísico, con presupuesto ya ejercido y responsables ya reasignados a otras áreas donde volverán a construir primero y preguntar después.
Mientras tanto, en la misma ciudad se evalúa suspender las multas de estacionamiento en el Centro porque hay menos coches en vacaciones. O sea: para lo que estorba, hay decisión inmediata; para lo que sirve, hay autorización pendiente. La agilidad del gobierno es inversamente proporcional a la utilidad del asunto.
Que conste que el proyecto no está muerto. Está esperando. Como todos nosotros. Como el 40 por ciento restante. Como esa vía por la que, por lo pronto, sólo circula el papeleo.
Es decir: se diseñó un parque lineal —lineal, la forma más obvia de anunciar que va pegado a una vía de tren—, se licitó, se contrató, se excavó, se colaron guarniciones, se avanzó dos tercios del proyecto, y en algún punto del camino alguien levantó la mano y preguntó con voz tímida si teníamos permiso para usar la vía. Sorpresa: no.
En el resto del mundo civilizado, el trámite antecede a la obra. En Morelia la obra antecede al trámite, y el trámite antecede al siguiente sexenio. Aquí no se planea: se improvisa con vocación monumental y luego se administra la vergüenza en forma de porcentaje. El 60 por ciento es la cifra oficial. El otro 40 por ciento vive en un cajón, esperando una firma que llegará cuando el pasto que ya se sembró sea bosque.
Y es que los parques inconclusos de esta ciudad tienen algo entrañable. Son el equivalente urbano del propósito de año nuevo: bien intencionados, fotogénicos en su etapa inicial, abandonados a la mitad y visitados de vez en cuando por alguien que corre entre las varillas fingiendo que eso es una pista.
Lo que uno se pregunta es qué se hizo con esos dos tercios. ¿Se construyeron sesenta por ciento de bancas? ¿Sesenta por ciento de juegos infantiles, con la resbaladilla terminando en el aire? ¿Sesenta por ciento de andador que un buen día simplemente deja de existir y le entrega el peatón al destino? Un parque al 60 por ciento no es un parque: es una advertencia con jardineras.
Lo mejor es la palabra “detenido”. Detenido suena a pausa breve, a semáforo, a que ahorita seguimos. Pero en el diccionario municipal michoacano, “detenido” es un estado permanente, casi metafísico, con presupuesto ya ejercido y responsables ya reasignados a otras áreas donde volverán a construir primero y preguntar después.
Mientras tanto, en la misma ciudad se evalúa suspender las multas de estacionamiento en el Centro porque hay menos coches en vacaciones. O sea: para lo que estorba, hay decisión inmediata; para lo que sirve, hay autorización pendiente. La agilidad del gobierno es inversamente proporcional a la utilidad del asunto.
Que conste que el proyecto no está muerto. Está esperando. Como todos nosotros. Como el 40 por ciento restante. Como esa vía por la que, por lo pronto, sólo circula el papeleo.