Campeonas del mundo hasta que llovió
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La Ciudad de México presentó ayer su informe final del Mundial y el título del documento debería enmarcarse: la capital fue "la otra campeona". No lo digo yo, lo dijo el gobierno capitalino, y hay que reconocer la disciplina: cuando nadie te da el trofeo, uno se lo autoentrega en conferencia de prensa con lámina y palomitas.
Los números impresionan y son reales: derrama estimada de entre 44 mil y 66 mil millones de pesos por cinco partidos, cerca de 100 mil empleos formales creados entre mayo y junio —la cifra más alta para un junio en veinticinco años—, recaudación por hospedaje 20.6% arriba, más de dos mil obras de transformación urbana, quinientas canchas nuevas o rehabilitadas, el tren ligero renovado, la Línea 2 del Metro modernizada, cuatro rutas de electromovilidad, un jardín flotante, una ciclovía con nombre prehispánico y más de seiscientas obras de agua y drenaje. Seiscientas obras de agua y drenaje. Guarde usted ese dato, que va a hacer falta en el tercer párrafo.
El informe nacional acompaña la fiesta: 7.8 millones de viajeros en las tres sedes, 65 mil millones de derrama total, 130 mil 900 empleos. Y ahí, escondido entre las cifras luminosas como quien mete la cuenta del bar en la nómina, aparece el hallazgo del año: las tarifas de hotel subieron 51.5% durante las cinco semanas. Es decir, el gran producto de exportación mexicano durante el Mundial no fue la hospitalidad, fue el aumento. Bienvenido, extranjero: pasa, siéntate, son tres mil quinientos.
A la capital también le quedaron 298 toneladas de basura, de las cuales 240 —más del 80%— son reciclables, principalmente PET. La Secretaría de Obras anunció que ese plástico se convertirá en bancas, macetas y contenedores de basura. Aplausos sinceros: es economía circular de verdad, la ciudad se sentará sobre lo que se bebió. Lo único circular incompleto es que la dependencia descartó, por ahora, un pago adicional al personal de limpia. O sea que el eslabón que caminó Reforma a las tres de la mañana recogiendo botellas ajenas recibirá, como bono, la satisfacción de ver esas botellas convertidas en una maceta.
Y luego, la parte que ninguna presentación con gráficas contempló: horas después del informe, la lluvia inundó el paradero de Indios Verdes, suspendió Mexibús y Metrobús, convirtió Insurgentes Norte en río navegable y dejó a miles de personas varadas. Seiscientas obras de agua y drenaje, decíamos. El Mundial nos dejó canchas, ciclovías y un jardín flotante; a nosotros nos tocó descubrir que el jardín flotante era el CETRAM.
Que conste: fue una fiesta y salió bien. Nadie está pidiendo que se cancele la alegría. Solo apuntamos que el legado más duradero de un evento se mide en octubre, cuando ya no hay cámaras suecas grabando el Ángel y la ciudad tiene que funcionar un miércoles cualquiera bajo la lluvia. La copa se levanta en veinte minutos. El drenaje tarda sexenios.
Los números impresionan y son reales: derrama estimada de entre 44 mil y 66 mil millones de pesos por cinco partidos, cerca de 100 mil empleos formales creados entre mayo y junio —la cifra más alta para un junio en veinticinco años—, recaudación por hospedaje 20.6% arriba, más de dos mil obras de transformación urbana, quinientas canchas nuevas o rehabilitadas, el tren ligero renovado, la Línea 2 del Metro modernizada, cuatro rutas de electromovilidad, un jardín flotante, una ciclovía con nombre prehispánico y más de seiscientas obras de agua y drenaje. Seiscientas obras de agua y drenaje. Guarde usted ese dato, que va a hacer falta en el tercer párrafo.
El informe nacional acompaña la fiesta: 7.8 millones de viajeros en las tres sedes, 65 mil millones de derrama total, 130 mil 900 empleos. Y ahí, escondido entre las cifras luminosas como quien mete la cuenta del bar en la nómina, aparece el hallazgo del año: las tarifas de hotel subieron 51.5% durante las cinco semanas. Es decir, el gran producto de exportación mexicano durante el Mundial no fue la hospitalidad, fue el aumento. Bienvenido, extranjero: pasa, siéntate, son tres mil quinientos.
A la capital también le quedaron 298 toneladas de basura, de las cuales 240 —más del 80%— son reciclables, principalmente PET. La Secretaría de Obras anunció que ese plástico se convertirá en bancas, macetas y contenedores de basura. Aplausos sinceros: es economía circular de verdad, la ciudad se sentará sobre lo que se bebió. Lo único circular incompleto es que la dependencia descartó, por ahora, un pago adicional al personal de limpia. O sea que el eslabón que caminó Reforma a las tres de la mañana recogiendo botellas ajenas recibirá, como bono, la satisfacción de ver esas botellas convertidas en una maceta.
Y luego, la parte que ninguna presentación con gráficas contempló: horas después del informe, la lluvia inundó el paradero de Indios Verdes, suspendió Mexibús y Metrobús, convirtió Insurgentes Norte en río navegable y dejó a miles de personas varadas. Seiscientas obras de agua y drenaje, decíamos. El Mundial nos dejó canchas, ciclovías y un jardín flotante; a nosotros nos tocó descubrir que el jardín flotante era el CETRAM.
Que conste: fue una fiesta y salió bien. Nadie está pidiendo que se cancele la alegría. Solo apuntamos que el legado más duradero de un evento se mide en octubre, cuando ya no hay cámaras suecas grabando el Ángel y la ciudad tiene que funcionar un miércoles cualquiera bajo la lluvia. La copa se levanta en veinte minutos. El drenaje tarda sexenios.