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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 23 de julio de 2026

Cayó agua y la ciudad se abrió por dentro

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Cayó agua y la ciudad se abrió por dentro
Miércoles por la tarde. Llueve, como lleva lloviendo toda la temporada de lluvias, fenómeno meteorológico que ocurre en esta ciudad desde antes de que existiera la ciudad. Y aun así, cada año la capital reacciona como si el agua fuera una novedad tecnológica traída de Corea del Sur.

El saldo de la tormenta: el paradero de Indios Verdes, uno de los principales centros de transferencia del Valle de México, quedó completamente anegado. Decenas de unidades varadas, Insurgentes Norte convertida en canal, servicio del Mexibús y del Metrobús parcialmente suspendido y miles de personas del norte de la ciudad y de Ecatepec descubriendo, otra vez, que la movilidad metropolitana tiene el mismo plan de contingencia que un patio de vecindad: esperar a que baje.

En paralelo, la Línea 1 del Cablebús suspendió operaciones por tormenta eléctrica y desembarcó a sus usuarios como medida preventiva. Aquí no hay burla posible: sacar gente de una cabina colgada de un cable cuando hay rayos es exactamente lo que se debe hacer. La ironía es de diseño urbano, no de operación: construimos un transporte aéreo espectacular en la zona donde más truena, y luego nos sorprende que truene.

La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos reportó alerta naranja en Gustavo A. Madero por lluvia intensa y posible granizo, y la Secretaría de Gestión Integral del Agua salió a atender viviendas afectadas en Santa Isabel Tola y Santiago Atzacoalco, donde se reportó saturación de la red de drenaje. "Saturación de la red de drenaje" es la manera técnica de decir que el sistema hizo exactamente lo que puede hacer un sistema al que le pedimos, año con año, que reciba más de lo que fue diseñado para recibir mientras sigue pavimentándose todo lo que alguna vez fue esponja.

Y del otro lado de la ciudad, en la colonia Guadalupe Inn, la tierra hizo su propia protesta: un socavón de aproximadamente dos metros de diámetro y seis metros de profundidad se abrió en el cruce de Ricardo Castro y Guty Cárdenas. Seis metros. Un edificio de dos pisos, pero hacia abajo y sin permiso de construcción. Las autoridades atribuyen la formación al reblandecimiento del terreno por una fuga y el colapso de una tubería de drenaje, con las lluvias recientes ayudando a debilitar el subsuelo.

Hasta ahí, tragedia urbana ordinaria. La joya viene después: durante los trabajos de reparación, una retroexcavadora rompió una tubería de gas. O sea que fuimos a arreglar el hoyo que hizo una fuga y en el proceso generamos otra fuga. Es el uróboros capitalino, la serpiente que se muerde el ducto. Uno imagina la siguiente escena: llega la cuadrilla del gas, excava con cuidado, y encuentra el cable de fibra óptica de media colonia.

La lección, si es que a estas alturas alguien la sigue apuntando, es sencilla y aburridísima: podemos inaugurar teleféricos, jardines flotantes y ciclovías con nombres épicos, pero abajo del asfalto seguimos operando con tuberías que ya vieron pasar varios sexenios, varios temblores y varias remodelaciones de banqueta. El espectáculo urbano es aéreo; el problema es subterráneo. Y el subsuelo, a diferencia de los informes, no aplaude.