La canícula, principal sospechosa: Fiscalía interroga al termómetro
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La Fiscalía General de Justicia de Nuevo León informó que mantiene el análisis de 365 mil expedientes de delitos de género y delitos sexuales, del periodo 2019 a la fecha, con el objetivo de identificar cómo se comportan estos ilícitos durante la temporada de calor. El vicefiscal explicó que el estudio sigue en proceso y que contempla evaluar el nivel de riesgo de las víctimas. Para procesar esa montaña de carpetas se usaron herramientas de inteligencia artificial que buscan descifrar qué factores disparan los casos en verano, y los datos ya arrojan tendencias al alza entre 2022 y 2025.
Trescientos sesenta y cinco mil expedientes. Uno por cada día del año, multiplicado por mil. Si esos folios fueran ladrillos, ya habría una barda; si fueran votos, ya habría gobernador. Pero son denuncias, así que son estadística, y la estadística tiene la enorme ventaja de que no llora en la conferencia de prensa.
Entendámonos: estudiar patrones estacionales está bien. Es más, es responsable. Lo llamativo es el encuadre. Después de años de acumular carpetas, el hallazgo que se comunica con más entusiasmo es que en verano sube. En un estado donde el miércoles se llegó a 40 grados y la gente sale a la calle con sombrilla, gorra y manga larga para no achicharrarse, resulta que la variable que estábamos ignorando era el clima. La canícula, esa impune. Anda suelta desde antes de que existiera la Fiscalía y nunca ha pisado un juzgado.
El problema con culpar al termómetro es que el termómetro no tiene domicilio conocido, no se le puede girar orden de aprehensión y, sobre todo, se va solito en octubre. Es el sospechoso perfecto: cíclico, anónimo y con coartada meteorológica. Mientras tanto, las cifras duras que acompañaron el mismo corte no dependen de la temperatura: 11 feminicidios en lo que va de 2026, más 24 muertes de mujeres investigadas bajo ese protocolo, para un total de 35 casos, y una carpeta que sigue abierta por el feminicidio de una joven cuyo cuerpo fue localizado el 17 de julio en una brecha de la colonia Montebello, en Juárez, donde ya se cateó una quinta y se aseguraron cámaras de vigilancia. De esa investigación no se pueden dar detalles por sigilo, lo cual es legítimo y también, hay que decirlo, muy cómodo.
Y todo esto convive con el otro anuncio de la semana: cifras récord en seguridad para junio y julio. Récord es una palabra hermosa porque nunca especifica en qué dirección. Se puede tener el récord de la mejor racha y, al mismo tiempo, el archivo con 365 mil expedientes abiertos en el escritorio de junto.
La sugerencia de esta columna es modesta. Si la inteligencia artificial ya está entrenada, que además del calor le pregunten por otras variables: cuántas carpetas terminan en sentencia, cuánto tarda una orden de protección en llegar cuando la víctima ya reportó riesgo, cuántas de esas 365 mil siguen sin resolverse. Son preguntas menos climáticas, sí, pero se responden con el mismo servidor.
Porque si el resultado del estudio es que hay que prevenir más en verano, ya lo sabíamos: en Nuevo León el verano dura ocho meses. La prevención, en cambio, dura lo que dura la rueda de prensa.
Trescientos sesenta y cinco mil expedientes. Uno por cada día del año, multiplicado por mil. Si esos folios fueran ladrillos, ya habría una barda; si fueran votos, ya habría gobernador. Pero son denuncias, así que son estadística, y la estadística tiene la enorme ventaja de que no llora en la conferencia de prensa.
Entendámonos: estudiar patrones estacionales está bien. Es más, es responsable. Lo llamativo es el encuadre. Después de años de acumular carpetas, el hallazgo que se comunica con más entusiasmo es que en verano sube. En un estado donde el miércoles se llegó a 40 grados y la gente sale a la calle con sombrilla, gorra y manga larga para no achicharrarse, resulta que la variable que estábamos ignorando era el clima. La canícula, esa impune. Anda suelta desde antes de que existiera la Fiscalía y nunca ha pisado un juzgado.
El problema con culpar al termómetro es que el termómetro no tiene domicilio conocido, no se le puede girar orden de aprehensión y, sobre todo, se va solito en octubre. Es el sospechoso perfecto: cíclico, anónimo y con coartada meteorológica. Mientras tanto, las cifras duras que acompañaron el mismo corte no dependen de la temperatura: 11 feminicidios en lo que va de 2026, más 24 muertes de mujeres investigadas bajo ese protocolo, para un total de 35 casos, y una carpeta que sigue abierta por el feminicidio de una joven cuyo cuerpo fue localizado el 17 de julio en una brecha de la colonia Montebello, en Juárez, donde ya se cateó una quinta y se aseguraron cámaras de vigilancia. De esa investigación no se pueden dar detalles por sigilo, lo cual es legítimo y también, hay que decirlo, muy cómodo.
Y todo esto convive con el otro anuncio de la semana: cifras récord en seguridad para junio y julio. Récord es una palabra hermosa porque nunca especifica en qué dirección. Se puede tener el récord de la mejor racha y, al mismo tiempo, el archivo con 365 mil expedientes abiertos en el escritorio de junto.
La sugerencia de esta columna es modesta. Si la inteligencia artificial ya está entrenada, que además del calor le pregunten por otras variables: cuántas carpetas terminan en sentencia, cuánto tarda una orden de protección en llegar cuando la víctima ya reportó riesgo, cuántas de esas 365 mil siguen sin resolverse. Son preguntas menos climáticas, sí, pero se responden con el mismo servidor.
Porque si el resultado del estudio es que hay que prevenir más en verano, ya lo sabíamos: en Nuevo León el verano dura ocho meses. La prevención, en cambio, dura lo que dura la rueda de prensa.