Chihuahua contra el reino animal: el gusano por el sur, el picudo por los chiles
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Si usted creía que la temporada de lluvias era el único frente abierto del estado, permítame presentarle a las plagas, que vienen llegando en formación de pinza como ejército bien organizado. Por un lado, el gusano barrenador, que según la Asociación Ganadera Local ya avanza por Durango, Coahuila, Sinaloa y Texas, y cuya llegada a Chihuahua es, palabras textuales, 'cuestión de tiempo'. El sector ganadero está en alerta y preparando medidas preventivas ante lo inminente, que es la manera elegante de decir 'sabemos que viene y no podemos hacer gran cosa salvo rezar y fumigar'.
Por el otro flanco, el picudo del chile, enemigo histórico del cultivo estrella de la entidad, contra el cual el Gobierno del Estado destinó 39 millones de pesos a través de la Secretaría de Desarrollo Rural, en coordinación con el Comité Estatal de Sanidad Vegetal. Es decir, mientras un insecto amenaza el chile que le da identidad y sabor a media gastronomía norteña, otro gusano amenaza la carne que le da sustento a la otra mitad. Entre los dos planean dejarnos sin asado y sin salsa, que para un chihuahuense equivale a un golpe de Estado culinario.
Lo admirable del asunto es la disciplina presupuestal selectiva: hay 39 millones para combatir un picudo, pero los desagües siguen tapados con basura y los puentes se caen con la primera creciente. Aquí fumigamos el chile con precisión quirúrgica y destapamos las alcantarillas con la fe del carbonero. Quizá la solución sea unir esfuerzos: que el gusano barrenador y el picudo se dediquen, en sus ratos libres, a roer los azolves del canal Chuvíscar. Plaga que trabaja, plaga que se queda. Mientras tanto, ganaderos y chileros vigilan el horizonte con la misma cara con la que el resto miramos el cielo en junio: sabiendo que algo viene y que más vale tener todo bien guardado.
Por el otro flanco, el picudo del chile, enemigo histórico del cultivo estrella de la entidad, contra el cual el Gobierno del Estado destinó 39 millones de pesos a través de la Secretaría de Desarrollo Rural, en coordinación con el Comité Estatal de Sanidad Vegetal. Es decir, mientras un insecto amenaza el chile que le da identidad y sabor a media gastronomía norteña, otro gusano amenaza la carne que le da sustento a la otra mitad. Entre los dos planean dejarnos sin asado y sin salsa, que para un chihuahuense equivale a un golpe de Estado culinario.
Lo admirable del asunto es la disciplina presupuestal selectiva: hay 39 millones para combatir un picudo, pero los desagües siguen tapados con basura y los puentes se caen con la primera creciente. Aquí fumigamos el chile con precisión quirúrgica y destapamos las alcantarillas con la fe del carbonero. Quizá la solución sea unir esfuerzos: que el gusano barrenador y el picudo se dediquen, en sus ratos libres, a roer los azolves del canal Chuvíscar. Plaga que trabaja, plaga que se queda. Mientras tanto, ganaderos y chileros vigilan el horizonte con la misma cara con la que el resto miramos el cielo en junio: sabiendo que algo viene y que más vale tener todo bien guardado.