Abasolo ofrece pagar los médicos; el Estado agradece la intención
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Existe un género literario poco explorado: la carta de rechazo a una oferta demasiado buena. Abasolo acaba de aportar un ejemplar.
El alcalde Job Gallardo informó que la Secretaría de Salud de Guanajuato no aceptó la propuesta del ayuntamiento para contratar, con recursos municipales, a médicos especialistas que atenderían en el Hospital General de Tamazula. La mecánica era sencilla hasta el aburrimiento: el municipio pone el dinero, los especialistas se incorporan al hospital estatal, los abasolenses se atienden. Nadie pedía terrenos, ni edificios, ni una placa con nombre en la entrada. Nada más doctores.
El edil dice que lo planteó en varias ocasiones al secretario de Salud. Varias. Que en el lenguaje de la administración pública significa que ya se aprendió el camino a la oficina, ya conoce a la secretaria por su nombre y ya sabe cuál sillón de la sala de espera tiene el resorte suelto.
Entendamos la escena en toda su majestad: un municipio del suroeste guanajuatense levanta la mano y dice “yo pago”. Y la respuesta institucional es que no. No por falta de necesidad, porque el propio alcalde ha insistido en que la población requiere con urgencia mejor cobertura médica y servicios de especialidad. Tampoco por falta de hospital, porque el Hospital General de Tamazula existe, tiene techo y tiene puerta. Entonces, ¿por qué? Ahí es donde entra el gran misterio nacional: la homologación, el esquema de contratación, la plaza, la normatividad, el criterio, el proceso. Palabras hermosas, todas ellas, ninguna capaz de leer un ultrasonido.
Hay algo casi poético en la escena. En un país donde los municipios se la pasan pidiendo, aquí hay uno que ofrece, y el ofrecimiento no cabe en la ventanilla. Es como llegar a la tienda con el dinero exacto y que el señor te diga que no puede venderte porque no maneja esa denominación.
El mismo Abasolo, por cierto, presume esta semana que incorporó nueve nuevas unidades de recolección de basura y ya cubre casi el 98% de su territorio. O sea que el municipio demostró que sí sabe comprar cosas, contratarlas, ponerlas a funcionar y hasta medir su cobertura. Cuando se trata de camiones, el sistema fluye. Cuando se trata de un cardiólogo, el sistema medita.
Que conste: nadie está diciendo que la Secretaría de Salud actúe de mala fe, ni que exista un complot contra Abasolo. Probablemente haya razones técnicas larguísimas, redactadas en un oficio con tres sellos, y probablemente sean válidas. El problema es que esas razones no se pueden repartir en la sala de espera del hospital, ni consultan de nueve a dos, ni firman recetas.
Mientras tanto, en Tamazula, el paciente que necesita un especialista tiene dos opciones: viajar a Irapuato o a León, o esperar a que la interpretación reglamentaria evolucione. Ojalá algún día se descubra que la propuesta sí era viable, sólo que estaba mal foliada.
El alcalde Job Gallardo informó que la Secretaría de Salud de Guanajuato no aceptó la propuesta del ayuntamiento para contratar, con recursos municipales, a médicos especialistas que atenderían en el Hospital General de Tamazula. La mecánica era sencilla hasta el aburrimiento: el municipio pone el dinero, los especialistas se incorporan al hospital estatal, los abasolenses se atienden. Nadie pedía terrenos, ni edificios, ni una placa con nombre en la entrada. Nada más doctores.
El edil dice que lo planteó en varias ocasiones al secretario de Salud. Varias. Que en el lenguaje de la administración pública significa que ya se aprendió el camino a la oficina, ya conoce a la secretaria por su nombre y ya sabe cuál sillón de la sala de espera tiene el resorte suelto.
Entendamos la escena en toda su majestad: un municipio del suroeste guanajuatense levanta la mano y dice “yo pago”. Y la respuesta institucional es que no. No por falta de necesidad, porque el propio alcalde ha insistido en que la población requiere con urgencia mejor cobertura médica y servicios de especialidad. Tampoco por falta de hospital, porque el Hospital General de Tamazula existe, tiene techo y tiene puerta. Entonces, ¿por qué? Ahí es donde entra el gran misterio nacional: la homologación, el esquema de contratación, la plaza, la normatividad, el criterio, el proceso. Palabras hermosas, todas ellas, ninguna capaz de leer un ultrasonido.
Hay algo casi poético en la escena. En un país donde los municipios se la pasan pidiendo, aquí hay uno que ofrece, y el ofrecimiento no cabe en la ventanilla. Es como llegar a la tienda con el dinero exacto y que el señor te diga que no puede venderte porque no maneja esa denominación.
El mismo Abasolo, por cierto, presume esta semana que incorporó nueve nuevas unidades de recolección de basura y ya cubre casi el 98% de su territorio. O sea que el municipio demostró que sí sabe comprar cosas, contratarlas, ponerlas a funcionar y hasta medir su cobertura. Cuando se trata de camiones, el sistema fluye. Cuando se trata de un cardiólogo, el sistema medita.
Que conste: nadie está diciendo que la Secretaría de Salud actúe de mala fe, ni que exista un complot contra Abasolo. Probablemente haya razones técnicas larguísimas, redactadas en un oficio con tres sellos, y probablemente sean válidas. El problema es que esas razones no se pueden repartir en la sala de espera del hospital, ni consultan de nueve a dos, ni firman recetas.
Mientras tanto, en Tamazula, el paciente que necesita un especialista tiene dos opciones: viajar a Irapuato o a León, o esperar a que la interpretación reglamentaria evolucione. Ojalá algún día se descubra que la propuesta sí era viable, sólo que estaba mal foliada.