La ciudad que ganó el Mundial y perdió la fachada
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Empecemos por las buenas noticias, que en esta ciudad siempre vienen en formato de presentación con gráficas de barras hacia arriba. El gobierno capitalino anunció que la Ciudad de México fue "la otra campeona del Mundial": impacto económico, movilidad, seguridad y transparencia, cuatro rubros en verde bandera. Nadie levantó la copa, pero se levantó el ánimo, que en tiempos de canícula ya es algo.
Segunda buena noticia: los ingresos del gobierno capitalino superaron en 11.9 por ciento la meta del primer trimestre. Ciento un mil seiscientos setenta y siete millones de pesos contra noventa mil ochocientos cincuenta y uno programados. El predial jaló como nunca, la nómina también, y la Contraloría revisó todo y no generó ni una sola observación. Ni una. Cero. Uno esperaría al menos un "oigan, la coma va acá", pero no: perfecto, impecable, un diez de calificación autoexpedido con la solemnidad de quien se felicita frente al espejo.
Y aquí es donde el reportaje se pone incómodo, porque uno lee esas cifras gloriosas y luego se asoma al Cetram Indios Verdes un día de lluvia. Ahí, los usuarios describen tres horas de espera, charcos a media pantorrilla, empujones para trepar a un camión y policías que —según relatan— observan la anegación con la serenidad de quien contempla un atardecer. Un comerciante que vive en Ecatepec resumió el asunto con una palabra técnica: "pesadilla". Traducción presupuestal: recaudamos como país nórdico y esperamos el transporte como escena de zombis. En algún punto entre la caja registradora y el paradero se abre una grieta filosófica.
Hablando de grietas: en la colonia Minas de Cristo, en Álvaro Obregón, los vecinos reportan que sus casas se cuartean desde que arrancaron las obras de ampliación de la Línea 12. Zaguanes que ya no cierran, pisos abiertos, polines de madera sosteniendo lo que antes se sostenía solo. Y el detalle que duele: dicen que ni en el ochenta y cinco ni en el diecisiete tuvieron afectaciones. Sobrevivieron a dos sismos históricos y los venció una obra pública. El gobierno, cuentan, va, inspecciona, toma nota. Inspecciona muy bien. Es el mejor inspector del mundo. Lo que no trae es la solución, que al parecer viene en otro camión, seguramente detenido en Indios Verdes.
Y ya que andamos en la Línea 12, ahí sigue congelada la compra de doce trenes nuevos. La idea era llegar a cuarenta y dos unidades para cuando la ampliación a Observatorio conecte con la Línea 1 y con El Insurgente. La ingeniería revisó especificaciones, la subdirección de finanzas mandó su solicitud de recursos, y al treinta y uno de marzo el plan de trabajo reportaba avance de cero. La estrategia de movilidad es hermosa: primero construimos la demanda y luego, si Dios quiere, los trenes. Es el mismo criterio de quien organiza una boda para trescientos y luego ve qué hace con la comida.
En Santa Cruz Atoyac hay una obra en avenida Cuauhtémoc que fue clausurada simbólicamente por los vecinos en abril y suspendida por un tribunal colegiado en junio. En la inspección judicial de ayer, según el abogado de los vecinos, las perforaciones para cimientos ya iban en ocho metros —seis más que en abril— y los trabajadores mencionaron pilas a catorce metros de profundidad. O sea: la obra está suspendida, pero hacia arriba. Hacia abajo va como campeona. La alcaldía Benito Juárez ya pidió a la Fiscalía que intervenga y reiteró su compromiso con el patrimonio vecinal, frase que en esta ciudad tiene la textura del "ahorita te marco".
De patrimonio y compromisos institucionales hablando: en las obras de la propia Fiscalía capitalina, en la colonia Doctores, se desplomó una estructura y dejó dos personas lesionadas. La institución encargada de investigar lo que se cae se le cayó encima algo. Si esto fuera una novela, el editor lo tacharía por obvio.
Mientras tanto, la jefa de Gobierno destacó que los delitos de alto impacto bajaron 64 por ciento respecto a 2019 gracias a la coordinación de los tres órdenes de gobierno. Muy bien. Aunque en el mismo día se supo que una tonelada de la mitad de mariguana fue asegurada en un inmueble de Gustavo A. Madero, y que la fiscalía documentó al menos veinte hechos violentos en el pleito entre bandas del barrio bravo, ahora con células invitadas, como si fuera un festival con line-up ampliado.
El Jardín Flotante, por cierto, ya no llegará a Tasqueña: se queda en Chabacano y buscarán consolidarlo como Utopía. Nada más mexicano que una utopía que se quedó a la mitad del camino por razones presupuestales.
Y para cerrar la jornada, se cayó Izzi durante horas, así que ni siquiera pudimos quejarnos en internet, y Estados Unidos nos puso un arancel de diez por ciento por no combatir eficazmente el trabajo forzoso. Ochenta y cinco por ciento de las exportaciones siguen exentas, aclaró Economía, con ese tono de quien dice "solo se quemó una parte del pastel". Al menos el Popocatépetl mandó cuarenta y cinco exhalaciones y algo de ceniza, para que nadie diga que el día no tuvo condimento.
Segunda buena noticia: los ingresos del gobierno capitalino superaron en 11.9 por ciento la meta del primer trimestre. Ciento un mil seiscientos setenta y siete millones de pesos contra noventa mil ochocientos cincuenta y uno programados. El predial jaló como nunca, la nómina también, y la Contraloría revisó todo y no generó ni una sola observación. Ni una. Cero. Uno esperaría al menos un "oigan, la coma va acá", pero no: perfecto, impecable, un diez de calificación autoexpedido con la solemnidad de quien se felicita frente al espejo.
Y aquí es donde el reportaje se pone incómodo, porque uno lee esas cifras gloriosas y luego se asoma al Cetram Indios Verdes un día de lluvia. Ahí, los usuarios describen tres horas de espera, charcos a media pantorrilla, empujones para trepar a un camión y policías que —según relatan— observan la anegación con la serenidad de quien contempla un atardecer. Un comerciante que vive en Ecatepec resumió el asunto con una palabra técnica: "pesadilla". Traducción presupuestal: recaudamos como país nórdico y esperamos el transporte como escena de zombis. En algún punto entre la caja registradora y el paradero se abre una grieta filosófica.
Hablando de grietas: en la colonia Minas de Cristo, en Álvaro Obregón, los vecinos reportan que sus casas se cuartean desde que arrancaron las obras de ampliación de la Línea 12. Zaguanes que ya no cierran, pisos abiertos, polines de madera sosteniendo lo que antes se sostenía solo. Y el detalle que duele: dicen que ni en el ochenta y cinco ni en el diecisiete tuvieron afectaciones. Sobrevivieron a dos sismos históricos y los venció una obra pública. El gobierno, cuentan, va, inspecciona, toma nota. Inspecciona muy bien. Es el mejor inspector del mundo. Lo que no trae es la solución, que al parecer viene en otro camión, seguramente detenido en Indios Verdes.
Y ya que andamos en la Línea 12, ahí sigue congelada la compra de doce trenes nuevos. La idea era llegar a cuarenta y dos unidades para cuando la ampliación a Observatorio conecte con la Línea 1 y con El Insurgente. La ingeniería revisó especificaciones, la subdirección de finanzas mandó su solicitud de recursos, y al treinta y uno de marzo el plan de trabajo reportaba avance de cero. La estrategia de movilidad es hermosa: primero construimos la demanda y luego, si Dios quiere, los trenes. Es el mismo criterio de quien organiza una boda para trescientos y luego ve qué hace con la comida.
En Santa Cruz Atoyac hay una obra en avenida Cuauhtémoc que fue clausurada simbólicamente por los vecinos en abril y suspendida por un tribunal colegiado en junio. En la inspección judicial de ayer, según el abogado de los vecinos, las perforaciones para cimientos ya iban en ocho metros —seis más que en abril— y los trabajadores mencionaron pilas a catorce metros de profundidad. O sea: la obra está suspendida, pero hacia arriba. Hacia abajo va como campeona. La alcaldía Benito Juárez ya pidió a la Fiscalía que intervenga y reiteró su compromiso con el patrimonio vecinal, frase que en esta ciudad tiene la textura del "ahorita te marco".
De patrimonio y compromisos institucionales hablando: en las obras de la propia Fiscalía capitalina, en la colonia Doctores, se desplomó una estructura y dejó dos personas lesionadas. La institución encargada de investigar lo que se cae se le cayó encima algo. Si esto fuera una novela, el editor lo tacharía por obvio.
Mientras tanto, la jefa de Gobierno destacó que los delitos de alto impacto bajaron 64 por ciento respecto a 2019 gracias a la coordinación de los tres órdenes de gobierno. Muy bien. Aunque en el mismo día se supo que una tonelada de la mitad de mariguana fue asegurada en un inmueble de Gustavo A. Madero, y que la fiscalía documentó al menos veinte hechos violentos en el pleito entre bandas del barrio bravo, ahora con células invitadas, como si fuera un festival con line-up ampliado.
El Jardín Flotante, por cierto, ya no llegará a Tasqueña: se queda en Chabacano y buscarán consolidarlo como Utopía. Nada más mexicano que una utopía que se quedó a la mitad del camino por razones presupuestales.
Y para cerrar la jornada, se cayó Izzi durante horas, así que ni siquiera pudimos quejarnos en internet, y Estados Unidos nos puso un arancel de diez por ciento por no combatir eficazmente el trabajo forzoso. Ochenta y cinco por ciento de las exportaciones siguen exentas, aclaró Economía, con ese tono de quien dice "solo se quemó una parte del pastel". Al menos el Popocatépetl mandó cuarenta y cinco exhalaciones y algo de ceniza, para que nadie diga que el día no tuvo condimento.