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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 24 de julio de 2026

Sobrevivieron al 85 y al 17, pero no a la ampliación del Metro

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Sobrevivieron al 85 y al 17, pero no a la ampliación del Metro
Hay currículums impresionantes y luego está el de las casas de Minas de Cristo, en Álvaro Obregón. Aguantaron el sismo del 85. Aguantaron el del 17. Dos de las sacudidas más brutales de la historia moderna de esta ciudad, y salieron enteras, dignas, sin un rasguño digno de mención. Lo dicen sus propios habitantes: nunca tuvimos afectaciones.

Y entonces llegó la ampliación de la Línea 12.

Hoy, según cuentan los vecinos, las paredes están recorridas por grietas que suben por las fachadas, cruzan los techos y bajan por los pisos como venas de un mapa que nadie pidió. Los zaguanes ya no cierran porque el terreno se movió y decidió redistribuir los marcos a su gusto. Adentro, hay polines de madera sosteniendo estructuras que hasta hace poco se sostenían por sí solas, con esa dignidad callada de la casa bien hecha. La imagen que usan es precisa y cruel: como la cáscara de un huevo que empieza a resquebrajarse.

¿Y el gobierno? El gobierno inspecciona. Ojo: inspecciona muy bien. Va, mira, mide, anota, se retira. Es un inspector de primerísimo nivel, casi de exportación. Lo único que no trae en el portafolios es la solución, que evidentemente viene en otra entrega, en otro trimestre, en otro presupuesto, quizá en otro sexenio. Uno imagina la libreta de campo llenándose de datos preciosos mientras las casas se llenan de polines.

Pero el chiste completo requiere del segundo acto. Porque la razón de todo este resquebrajamiento es la ampliación de la Línea 12 de Mixcoac a Observatorio, que se prevé terminar hasta 2028 para operar al año siguiente. Esa ampliación conectará con la Línea 1 y con el Tren Interurbano El Insurgente, lo que va a multiplicar la demanda de usuarios de forma más que previsible. Para eso hacían falta doce trenes nuevos, que llevarían la flota a cuarenta y dos unidades.

¿Y en qué va esa compra? Suspendida. La Gerencia de Ingeniería de Material Rodante ya revisó las especificaciones técnicas con mejoras de diseño. La subdirección de Administración y Finanzas ya presentó la solicitud de recursos. Y al 31 de marzo, el plan de trabajo para ejecutar el proyecto no reportaba absolutamente ningún avance. El propio Sistema de Transporte Colectivo alertó del retraso, lo cual tiene su ternura: la institución avisándose a sí misma que va tarde, como quien pone tres alarmas y apaga las tres.

Entonces el panorama es este. Estamos agrietando casas que sobrevivieron a dos terremotos para construir una ampliación que va a traer muchísimos más pasajeros a una línea que no tendrá trenes suficientes para moverlos. Es planeación urbana en su forma más pura: primero se genera la demanda, después se estudia la posibilidad de considerar la eventual compra de la oferta.

Los vecinos de Minas de Cristo, mientras tanto, siguen midiendo grietas con monedas de diez pesos —esa técnica científica que el capitalino domina desde 1985— y esperando que la próxima inspección traiga, además de la libreta, un albañil. Ojalá que llegue antes que el tren. Aunque, viendo el calendario, es una carrera bastante pareja.