Se le cayó la fachada a la Fiscalía: la metáfora tomó la tarde libre y se puso a trabajar sola
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Uno intenta hacer sátira con oficio, buscar el ángulo, pulir la ironía, medir el adjetivo. Y entonces la realidad se levanta, se acomoda el saco y dice: yo lo hago.
La tarde de ayer, en el cruce de avenida Doctor Río de la Loza y Gabriel Hernández, colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc, se desplomó una estructura instalada durante trabajos en uno de los principales complejos de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Saldo preliminar: dos personas lesionadas. Los primeros reportes, como manda la costumbre nacional, no llegaron por comunicado oficial sino por redes sociales, con video incluido, porque en esta ciudad el primer respondiente siempre trae celular.
Hasta el momento no se ha informado si la caída ocurrió por una falla en el montaje o por el peso de los materiales. Es decir: la institución encargada de investigar tendrá que investigar por qué se le vino encima algo a la institución encargada de investigar. Un caso con vocación de espejo. Ojalá la carpeta no se archive por autoconflicto de interés.
Hay que apreciar el timing, porque es exquisito. En la misma jornada informativa en que la ciudad celebró que sus ingresos superaron la meta trimestral en casi doce por ciento y que la Contraloría no encontró ni una sola observación que hacerle a nadie, en la Doctores un pedazo de obra decidió aterrizar sin permiso. La Contraloría no tuvo observaciones. La estructura sí tuvo caída libre. Ambas cosas ocurrieron el mismo día y ninguna se enteró de la otra.
Y es que este ha sido, decididamente, el día de las cosas que no se sostienen. En Minas de Cristo las casas se agrietan y hay que apuntalarlas con polines. En Santa Cruz Atoyac una obra suspendida perfora hacia abajo con entusiasmo olímpico. Y en la Doctores, la Fiscalía se lleva el premio a la caída más literal. Si esto fuera guion, el editor lo devolvería con una nota al margen: "demasiado obvio, busca otra imagen".
Lo importante, y esto va sin sarcasmo, es que las dos personas lesionadas estén bien. Después de eso, ya podemos volver al chiste, que es lo único que esta ciudad produce con superávit sostenido.
Porque la moraleja urbana del día es sencilla y aplica en toda la capital: aquí lo que se anuncia se levanta y lo que se construye se cae, a veces en el mismo boletín. Recaudamos como potencia europea, esperamos el camión como en película de catástrofe, inspeccionamos grietas sin repararlas y, cuando por fin construimos algo, conviene traer casco. No por prevención: por estadística.
En la colonia Doctores, mientras tanto, los peatones ya incorporaron un nuevo reflejo al repertorio capitalino, junto al de esquivar coladeras sin tapa y saltar charcos de origen incierto: mirar hacia arriba antes de pasar frente a una obra pública. Es gratis, es rápido y, a estas alturas, es lo más parecido que tenemos a una política integral de protección civil.
La tarde de ayer, en el cruce de avenida Doctor Río de la Loza y Gabriel Hernández, colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc, se desplomó una estructura instalada durante trabajos en uno de los principales complejos de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Saldo preliminar: dos personas lesionadas. Los primeros reportes, como manda la costumbre nacional, no llegaron por comunicado oficial sino por redes sociales, con video incluido, porque en esta ciudad el primer respondiente siempre trae celular.
Hasta el momento no se ha informado si la caída ocurrió por una falla en el montaje o por el peso de los materiales. Es decir: la institución encargada de investigar tendrá que investigar por qué se le vino encima algo a la institución encargada de investigar. Un caso con vocación de espejo. Ojalá la carpeta no se archive por autoconflicto de interés.
Hay que apreciar el timing, porque es exquisito. En la misma jornada informativa en que la ciudad celebró que sus ingresos superaron la meta trimestral en casi doce por ciento y que la Contraloría no encontró ni una sola observación que hacerle a nadie, en la Doctores un pedazo de obra decidió aterrizar sin permiso. La Contraloría no tuvo observaciones. La estructura sí tuvo caída libre. Ambas cosas ocurrieron el mismo día y ninguna se enteró de la otra.
Y es que este ha sido, decididamente, el día de las cosas que no se sostienen. En Minas de Cristo las casas se agrietan y hay que apuntalarlas con polines. En Santa Cruz Atoyac una obra suspendida perfora hacia abajo con entusiasmo olímpico. Y en la Doctores, la Fiscalía se lleva el premio a la caída más literal. Si esto fuera guion, el editor lo devolvería con una nota al margen: "demasiado obvio, busca otra imagen".
Lo importante, y esto va sin sarcasmo, es que las dos personas lesionadas estén bien. Después de eso, ya podemos volver al chiste, que es lo único que esta ciudad produce con superávit sostenido.
Porque la moraleja urbana del día es sencilla y aplica en toda la capital: aquí lo que se anuncia se levanta y lo que se construye se cae, a veces en el mismo boletín. Recaudamos como potencia europea, esperamos el camión como en película de catástrofe, inspeccionamos grietas sin repararlas y, cuando por fin construimos algo, conviene traer casco. No por prevención: por estadística.
En la colonia Doctores, mientras tanto, los peatones ya incorporaron un nuevo reflejo al repertorio capitalino, junto al de esquivar coladeras sin tapa y saltar charcos de origen incierto: mirar hacia arriba antes de pasar frente a una obra pública. Es gratis, es rápido y, a estas alturas, es lo más parecido que tenemos a una política integral de protección civil.