La Fiscalía investiga al clima: si baja la temperatura, bajan los delitos
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Nuevo León acaba de encontrar al sospechoso perfecto. No tiene domicilio conocido, no puede ser detenido, no comparece ante juez, no tiene abogado y, sobre todo, jamás va a contradecir la versión oficial: el calor.
La Fiscalía de Justicia del estado consideró que los delitos de género y sexuales aumentan en las épocas de mayor calor, y por eso está realizando una investigación sobre el tema. Uno imagina la carpeta: fotos del termómetro, entrevistas a las nubes, un peritaje del asfalto. Todo muy científico.
Y entonces llegó el psicólogo Agustín Nieto a estropear la narrativa con datos. Dijo que sí, que el calor puede elevar la irritabilidad, pero que los delitos responden a una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Es decir: el clima no agarra a nadie. El clima no acosa. El clima no golpea. Lo que hace el calor, en todo caso, es ponerte de mal humor en el tráfico de Constitución; de ahí a lo otro hay un salto que ningún grado centígrado explica.
Pero entiéndase el atractivo de la hipótesis meteorológica. Si el problema es el sol, la solución es esperar octubre. Si el problema es la irritabilidad ambiental, no hay que revisar ministerios públicos, ni tiempos de respuesta, ni carpetas archivadas, ni la ruta completa que recorre una mujer para que le tomen la denuncia en serio. Basta con emitir un boletín cuando refresque y declarar la victoria. La primera estrategia de seguridad del mundo que se implementa sola, gratis, cada noviembre.
Mientras la teoría se investiga, el calor sí acumuló su propio expediente, ése sí incontestable: 41 personas afectadas en la temporada, 37 por golpe de calor y cuatro por deshidratación. Ahí no hay debate de factores biopsicosociales. Ahí hay gente trabajando bajo el sol en una ciudad que decidió pavimentar cada centímetro disponible y dejar los árboles como elemento decorativo opcional de fraccionamiento privado.
Lo elegante del asunto es la selectividad del argumento. Cuando las cifras son buenas, el mérito es institucional: estrategia, coordinación, operativos, inversión. Cuando las cifras son malas, el mérito es climatológico. Nadie ha visto todavía un comunicado que diga "bajaron los homicidios gracias a un frente frío", y sin embargo aceptamos con naturalidad la versión inversa.
Que investiguen, pues. Que crucen las bases de datos con los registros de temperatura, que hagan sus gráficas, que publiquen su estudio. Nadie está en contra del conocimiento. Pero que nadie confunda la correlación con la coartada, porque en este estado hay una tradición muy sólida de encontrar explicaciones estructurales para todo lo que no queremos arreglar y, cuando se acaban las explicaciones, apuntar hacia arriba. Al cielo. Que es, dicho sea de paso, la única instancia de este estado que nunca ha rendido cuentas ante el Congreso.
La Fiscalía de Justicia del estado consideró que los delitos de género y sexuales aumentan en las épocas de mayor calor, y por eso está realizando una investigación sobre el tema. Uno imagina la carpeta: fotos del termómetro, entrevistas a las nubes, un peritaje del asfalto. Todo muy científico.
Y entonces llegó el psicólogo Agustín Nieto a estropear la narrativa con datos. Dijo que sí, que el calor puede elevar la irritabilidad, pero que los delitos responden a una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Es decir: el clima no agarra a nadie. El clima no acosa. El clima no golpea. Lo que hace el calor, en todo caso, es ponerte de mal humor en el tráfico de Constitución; de ahí a lo otro hay un salto que ningún grado centígrado explica.
Pero entiéndase el atractivo de la hipótesis meteorológica. Si el problema es el sol, la solución es esperar octubre. Si el problema es la irritabilidad ambiental, no hay que revisar ministerios públicos, ni tiempos de respuesta, ni carpetas archivadas, ni la ruta completa que recorre una mujer para que le tomen la denuncia en serio. Basta con emitir un boletín cuando refresque y declarar la victoria. La primera estrategia de seguridad del mundo que se implementa sola, gratis, cada noviembre.
Mientras la teoría se investiga, el calor sí acumuló su propio expediente, ése sí incontestable: 41 personas afectadas en la temporada, 37 por golpe de calor y cuatro por deshidratación. Ahí no hay debate de factores biopsicosociales. Ahí hay gente trabajando bajo el sol en una ciudad que decidió pavimentar cada centímetro disponible y dejar los árboles como elemento decorativo opcional de fraccionamiento privado.
Lo elegante del asunto es la selectividad del argumento. Cuando las cifras son buenas, el mérito es institucional: estrategia, coordinación, operativos, inversión. Cuando las cifras son malas, el mérito es climatológico. Nadie ha visto todavía un comunicado que diga "bajaron los homicidios gracias a un frente frío", y sin embargo aceptamos con naturalidad la versión inversa.
Que investiguen, pues. Que crucen las bases de datos con los registros de temperatura, que hagan sus gráficas, que publiquen su estudio. Nadie está en contra del conocimiento. Pero que nadie confunda la correlación con la coartada, porque en este estado hay una tradición muy sólida de encontrar explicaciones estructurales para todo lo que no queremos arreglar y, cuando se acaban las explicaciones, apuntar hacia arriba. Al cielo. Que es, dicho sea de paso, la única instancia de este estado que nunca ha rendido cuentas ante el Congreso.