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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 25 de julio de 2026

La lechuga guanajuatense pide que se respete su presunción de inocencia

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La lechuga guanajuatense pide que se respete su presunción de inocencia
Todo estado tiene un producto que lo enorgullece. Guanajuato tiene fresa, zapato, cajeta y, desde esta semana, una lechuga con expediente abierto. Estados Unidos señaló a una empacadora del estado como posible origen de un brote intestinal, y aquí se activó un operativo de defensa que ya quisieran muchos ciudadanos de carne y hueso.

La gobernadora salió a aclarar que las revisiones técnicas no encontraron contaminación en la planta, que no hay despidos ni contratos rescindidos, aunque reconoció afectaciones económicas. El Laboratorio Estatal de Salud Pública participó en el estudio del dichoso parásito y entregó resultados negativos. El SENASICA, por si quedaban dudas, ofreció certificar los cultivos. Y por si faltaba un peritaje moral, un epidemiólogo con curul sugirió que la acusación pudo obedecer a "intereses ajenos a la evidencia sanitaria".

En otras palabras: la lechuga no hizo nada, la lechuga es víctima, la lechuga fue incriminada por la geopolítica. En el Bajío, donde la presunción de inocencia a veces se le regatea a las personas, la hortaliza consiguió lo que pocos: defensa técnica, respaldo de laboratorio, aval de la máxima autoridad estatal y la teoría del complot internacional, todo en la misma semana. Si esta lechuga tuviera abogado, ya habría dado rueda de prensa exigiendo una disculpa pública y daños morales.

Lo sabroso —perdón— del asunto es el contraste. México no encontró el parásito; Estados Unidos mantiene la investigación abierta. Es decir, tenemos dos versiones y una ensalada en medio. De este lado de la frontera, la verdura ya fue exonerada por aclamación; del otro, sigue en calidad de sospechosa. Nuestra lechuga vive así el drama del migrante honesto: aquí la reciben como heroína, allá le piden papeles y una segunda opinión.

Mientras el diferendo se resuelve entre oficios y laboratorios, los productores guanajuatenses cargan con lo único que sí es tangible: las afectaciones económicas de una acusación que, contaminada o no, ya les costó. Porque en el comercio internacional la sospecha se paga aunque después salgas negativo en todos los estudios.

Queda, eso sí, una lección de mercadotecnia estatal. Guanajuato ha aprendido a defender su lechuga con más ímpetu que a muchos de sus semáforos, banquetas y baches. Si algún día los peatones consiguen la mitad del respaldo institucional que hoy tiene esta hortaliza, seremos el estado más seguro del país. Por lo pronto, coman ensalada con orgullo cívico: la evidencia local está de su lado.