Morelia bajo el agua (menos donde hace falta)
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Llegó la temporada de lluvias a Michoacán y con ella, esa costumbre tan nuestra de que el agua caiga generosamente del cielo justo sobre lo que no debe, y desaparezca por completo de donde sí se necesita. Bienvenidos al reparto más injusto de líquido desde que se inventó la pipa.
Empecemos por la joya de la corona. La Obra Pública municipal de Morelia, en un arranque de sinceridad que merece estatua, reconoció que las lluvias se llevan buena parte del material con el que tapan los baches. Traducción para el que va manejando: sí, ese hoyo que ayer estaba tapado y hoy amaneció abierto no es cosa suya, es el ciclo de la vida. La dependencia aclara, eso sí, que al día siguiente lo vuelven a tapar. Y al siguiente lo vuelve a destapar la lluvia. Y así, en un bucle poético digno de Sísifo con chaleco reflejante, Morelia ha inventado el bache reutilizable, sustentable y de bajo mantenimiento: se recarga solo con cada chubasco. Otros municipios pavimentan; nosotros suscribimos un plan de renta.
Mientras el agua sobra en las calles, en la colonia Santiaguito llevaba ocho días sin caer ni una gota de la llave. Ocho días. Las familias, cansadas de esperar a que el milagro llegara por tubería, tuvieron que comprar pipas de entre 400 y hasta más de mil pesos para poder cocinar, bañarse y lavar la ropa. O sea que en la misma ciudad, a unos kilómetros de distancia, hay quien reza para que deje de llover y quien reza para que empiece a salir agua de algún lado. El agua en Morelia es como los buenos servicios públicos: existe, pero anda de gira y no avisa por dónde va a pasar.
En el terreno de la política, la aspirante a coordinar la 4T en el estado, Gladyz Butanda, anda haciendo lo que mejor sabe hacer todo aspirante en precampaña que legalmente no es campaña: recorrer tenencias, abrazar causas y, literalmente, tejer comunidad. En San Francisco Uricho se sentó con artesanas de punto de cruz, porque si algo une al michoacano es una buena metáfora manual. Bordar punto por punto es, sin duda, la mejor descripción del proceso interno de la 4T: paciente, colorido y con el riesgo permanente de que un hilo mal jalado deshaga todo el mantel. En Tiripetío proclamó que "la transformación se defiende desde las tenencias y comunidades", frase que suena preciosa mientras Morena, por su lado, le pide al PT que no "enrarezca" el proceso. Nada dice armonía en la casa como pedir públicamente que dejen de aventarse los platos.
En Uruapan, mientras tanto, la Encuesta Nacional de Seguridad reveló que el 83.1 por ciento de sus habitantes considera que vivir ahí es inseguro, lo que la coloca entre las cinco ciudades más temerosas del país. Un dato durísimo que ninguna caricatura mejora, así que ahí lo dejamos con el respeto que merece: ocho de cada diez uruapenses viven con miedo, y eso no es un chiste, es una asignatura pendiente del tamaño del Pico de Tancítaro.
Hay más señales de los tiempos. En Morelia identificaron cuatro puntos donde se organizan arrancones clandestinos, convocados —para sorpresa de nadie— por redes sociales. Resulta que los mismos jóvenes que no encuentran señal para pagar el estacionamiento sí encuentran cobertura perfecta para coordinar una carrera ilegal a las tres de la mañana. La tecnología al servicio del pueblo.
Y para cerrar con el capítulo tierno-trágico de la jornada, el mono araña rescatado de una situación de maltrato en Pajacuarán sigue delicado en el Zoológico de Morelia, con bajas expectativas de sobrevivir y, según los especialistas, muy mal psicológicamente. Un mono deprimido en Michoacán. Con esos titulares del día, francamente, ¿quién no lo estaría? El pobre primate llegó buscando refugio y se encontró un estado donde hasta el agua anda desaparecida y los baches tienen mejor plan de renovación que las banquetas.
Allá afuera siguen las madres buscadoras marchando por sus desaparecidos, los repartidores pidiendo cultura vial que nadie les contesta desde hace tres años, y la Secum inaugurando una exposición sobre revoluciones —cuatro, según el título— en el Clavijero. Cuatro revoluciones en la sala y nosotros sin poder ganar la batalla contra un bache. Que conste que el arte imita a la vida, pero la vida, en Michoacán, prefiere imitar al charco.
Empecemos por la joya de la corona. La Obra Pública municipal de Morelia, en un arranque de sinceridad que merece estatua, reconoció que las lluvias se llevan buena parte del material con el que tapan los baches. Traducción para el que va manejando: sí, ese hoyo que ayer estaba tapado y hoy amaneció abierto no es cosa suya, es el ciclo de la vida. La dependencia aclara, eso sí, que al día siguiente lo vuelven a tapar. Y al siguiente lo vuelve a destapar la lluvia. Y así, en un bucle poético digno de Sísifo con chaleco reflejante, Morelia ha inventado el bache reutilizable, sustentable y de bajo mantenimiento: se recarga solo con cada chubasco. Otros municipios pavimentan; nosotros suscribimos un plan de renta.
Mientras el agua sobra en las calles, en la colonia Santiaguito llevaba ocho días sin caer ni una gota de la llave. Ocho días. Las familias, cansadas de esperar a que el milagro llegara por tubería, tuvieron que comprar pipas de entre 400 y hasta más de mil pesos para poder cocinar, bañarse y lavar la ropa. O sea que en la misma ciudad, a unos kilómetros de distancia, hay quien reza para que deje de llover y quien reza para que empiece a salir agua de algún lado. El agua en Morelia es como los buenos servicios públicos: existe, pero anda de gira y no avisa por dónde va a pasar.
En el terreno de la política, la aspirante a coordinar la 4T en el estado, Gladyz Butanda, anda haciendo lo que mejor sabe hacer todo aspirante en precampaña que legalmente no es campaña: recorrer tenencias, abrazar causas y, literalmente, tejer comunidad. En San Francisco Uricho se sentó con artesanas de punto de cruz, porque si algo une al michoacano es una buena metáfora manual. Bordar punto por punto es, sin duda, la mejor descripción del proceso interno de la 4T: paciente, colorido y con el riesgo permanente de que un hilo mal jalado deshaga todo el mantel. En Tiripetío proclamó que "la transformación se defiende desde las tenencias y comunidades", frase que suena preciosa mientras Morena, por su lado, le pide al PT que no "enrarezca" el proceso. Nada dice armonía en la casa como pedir públicamente que dejen de aventarse los platos.
En Uruapan, mientras tanto, la Encuesta Nacional de Seguridad reveló que el 83.1 por ciento de sus habitantes considera que vivir ahí es inseguro, lo que la coloca entre las cinco ciudades más temerosas del país. Un dato durísimo que ninguna caricatura mejora, así que ahí lo dejamos con el respeto que merece: ocho de cada diez uruapenses viven con miedo, y eso no es un chiste, es una asignatura pendiente del tamaño del Pico de Tancítaro.
Hay más señales de los tiempos. En Morelia identificaron cuatro puntos donde se organizan arrancones clandestinos, convocados —para sorpresa de nadie— por redes sociales. Resulta que los mismos jóvenes que no encuentran señal para pagar el estacionamiento sí encuentran cobertura perfecta para coordinar una carrera ilegal a las tres de la mañana. La tecnología al servicio del pueblo.
Y para cerrar con el capítulo tierno-trágico de la jornada, el mono araña rescatado de una situación de maltrato en Pajacuarán sigue delicado en el Zoológico de Morelia, con bajas expectativas de sobrevivir y, según los especialistas, muy mal psicológicamente. Un mono deprimido en Michoacán. Con esos titulares del día, francamente, ¿quién no lo estaría? El pobre primate llegó buscando refugio y se encontró un estado donde hasta el agua anda desaparecida y los baches tienen mejor plan de renovación que las banquetas.
Allá afuera siguen las madres buscadoras marchando por sus desaparecidos, los repartidores pidiendo cultura vial que nadie les contesta desde hace tres años, y la Secum inaugurando una exposición sobre revoluciones —cuatro, según el título— en el Clavijero. Cuatro revoluciones en la sala y nosotros sin poder ganar la batalla contra un bache. Que conste que el arte imita a la vida, pero la vida, en Michoacán, prefiere imitar al charco.