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El Destiempo

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Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Digest 25 de julio de 2026

La revolución llegará en cuanto salga del trámite

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La revolución llegará en cuanto salga del trámite
Amanece la Ciudad de México y, como toda buena capital, amanece pidiendo dos cosas a gritos: una vivienda que no cueste un riñón y un pedazo de banqueta sin bache. Ninguna de las dos parece estar cerca, pero al menos la jefa de Gobierno ya tiene la palabra correcta para el problema: revolución. Clara Brugada anunció que hará una "revolución" en la Secretaría de Vivienda porque, lamentó, un desarrollador privado levanta un edificio en meses mientras al gobierno le lleva años "por trámites y más trámites". Uno agradece la honestidad. Es la primera vez que un gobierno reconoce que su principal enemigo es su propia ventanilla. La revolución, imaginamos, empezará en cuanto pase por la mesa de firmas, se le asigne folio y regrese sellada de conformidad.

Mientras la revolución hace fila, el mercado ya hizo la suya. Resulta que la vivienda "asequible" en la capital ya rebasó los dos millones de pesos, con hipotecas de unos veinte mil pesos al mes. Es decir: la vivienda económica ahora requiere que usted sea económicamente sólido para poder pagarla. Un chiste redondo, de esos que solo entiende quien renta. La palabra "asequible" quedó tan estirada que ya cabe en ella todo, menos el que la necesita.

Y como la casa propia se volvió leyenda urbana, la gente salió a defender la que ya tiene. En Santa María la Ribera y San Rafael los vecinos se apoderaron del cruce de Insurgentes y San Cosme al grito de "estamos en la calle porque el gobierno no atiende", exigiendo que paren las megaobras que, aseguran, se autorizan en zonas sin agua, con drenajes colapsados y luz que parpadea como veladora. Cuentan más de 18 obras que consideran irregulares y de las que, dicen, la autoridad ya sabe. Aquí el problema no es la falta de trámite: es que el trámite del desarrollador vuela y el del vecino se sienta a esperar en la misma silla donde envejeció la revolución de la vivienda.

A esta sinfonía inmobiliaria hay que sumarle el género de terror capitalino de moda: el despojo. El Tribunal Superior de Justicia informó que por cada diez investigaciones por despojo apenas hay tres detenidos, entre otras cosas porque el 60% de los capitalinos no tiene título de propiedad. Traducción: seis de cada diez vivimos en una casa que legalmente es más un rumor que un patrimonio. En la Benito Juárez ya detectaron el catálogo del despojador moderno: buscan casas de adultos mayores, con problemas de herencia o con adeudos en el predial. Un plan de negocios impecable, salvo por el detalle de que se trata de la casa de alguien.

Hablando de la Benito Juárez, la alcaldía tuvo un viernes de contrastes dignos de teleserie. Por la mañana presumió, con encuesta del Inegi en mano, ser la demarcación más segura de la megalópolis. Por la tarde, vecinos de Santa Cruz Atoyac la acusaron de revanchismo por desplegar patrullas y camionetas para impedir su fiesta tradicional del Señor Santiago, justo un día después de que exhibieran a la autoridad por no frenar una obra. Ser la más segura y mandar el operativo más aparatoso a dos puestos de pan es una hazaña de coreografía. Seguridad hay, lo que falta es que llegue cuando uno la llama y no cuando uno quiere vender concha y oreja.

De la fiesta impedida a la fiesta que sí se hizo pero salió cara: el Mundial. La CDMX generó 548 millones de dólares de derrama, muy por debajo de los 847 millones proyectados; un ajuste a la baja del 35% que, según Deloitte, fue el mayor entre las ciudades sede. Los precios inflados espantaron al turista, el empleo cayó en junio a pesar del torneo, y para colmo el gobierno tuvo que usar el 37% de los camiones activos de RTP para llevar aficionados al estadio. O sea: mientras usted esperaba su ruta en Iztapalapa, su camión andaba de anfitrión mundialista. La fiesta global se pagó, en parte, con la paciencia del que va a trabajar.

Y por si la nostalgia futbolera necesitaba un misterio, la FGR está investigando la cena de la FIFA en el Castillo de Chapultepec y el INAH reservó el monto del pago con el argumento de que revelarlo afectaría la secrecía de la indagatoria. Un banquete tan elegante que hasta la cuenta se declaró información clasificada. Nunca sabremos qué se sirvió, pero al menos ya sabemos que fue caro: cuando algo se guarda con tanto celo, rara vez es el menú de la fonda.

Al final, la queja que el Inegi confirmó como la número uno de la ciudadanía no fue la extorsión ni el agua: fue el bache. Muy simbólico. Podemos discutir megaobras, mundiales y revoluciones de la vivienda, pero el capitalino de a pie sigue midiendo al gobierno por el hoyo que esquiva cada mañana. La revolución vendrá, seguro. En cuanto pavimenten el camino por el que ha de llegar.