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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 25 de julio de 2026

Anuncian revolución en la vivienda; primero hay que ganarle la guerra a la ventanilla

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Anuncian revolución en la vivienda; primero hay que ganarle la guerra a la ventanilla
Hay frases que retratan a un gobierno entero, y la jefa de Gobierno acaba de regalarnos una para el bronce: un desarrollador privado construye un edificio en meses, mientras al gobierno le lleva años "por trámites y más trámites". La solución anunciada es tan ambiciosa como su nombre: una "revolución" en la Secretaría de Vivienda para edificar en menos tiempo y que la gente no envejezca esperando un techo.

Uno aplaude la sinceridad. Es refrescante que la autoridad admita que su enemigo público número uno no es el mercado, ni el terreno, ni el cemento: es su propio archivero. Rara vez un aparato de Estado señala con el dedo su verdadero cuello de botella, y menos cuando ese cuello de botella tiene escritorio, silla giratoria y horario de comida sagrado. Faltaría, para redondear la epopeya, saber quién le va a autorizar la revolución a la revolución, porque toda cruzada gubernamental en esta ciudad empieza igual: con un oficio, un folio y la promesa de que 'ya casi'.

El contexto en el que se lanzó la arenga no es menor. Fue durante la entrega de un condominio vertical de ocho pisos y 41 departamentos en la colonia Ajusco, en Coyoacán, con una inversión de 37 millones de pesos, y con la meta refrendada de entregar diez mil viviendas nuevas este año. La cifra suena bien en el templete. El problema es que la ciudad ya vive la otra cara de la ecuación: la vivienda llamada 'asequible' rebasó los dos millones de pesos y las hipotecas rondan los veinte mil pesos mensuales. Es decir, la carrera es contra el reloj, pero también contra la calculadora.

Así que sí, celebremos la revolución. Pero permítasenos una módica sospecha de vecino escaldado: en esta ciudad, las revoluciones más veloces suelen ser las de los desarrolladores privados, que efectivamente construyen en meses, mientras el ciudadano de a pie sigue haciendo cola en la misma ventanilla donde el gobierno acaba de declarar que se le van los años. Ojalá la revolución llegue pronto. Ojalá no la manden a formarse.