Cuatro meses de semáforo en silencio: Vallarta descubre que la cortesía también es infraestructura
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Hay obras públicas que se inauguran con banda, listón y político sonriente. Y hay otras que se inauguran solas, sin que nadie lo pida, como el nuevo sistema de vialidad de la avenida Los Tules en Puerto Vallarta: cero semáforos, cero luces, cero certezas. Según denuncian los automovilistas, el cruce con la avenida Jesús Rodríguez Barba lleva más de cuatro meses con los aparatos apagados, generando congestión y esa emoción tan sana de no saber si el de enfrente va a frenar o a encomendarse a la Virgen.
Cuatro meses. Un trimestre completo en el que el orden vial de esa intersección depende exclusivamente de la buena voluntad, esa institución no reconocida por ninguna ley de tránsito. Los conductores lo cuentan como si narraran una travesía épica: cada mañana cruzan por turnos, por miradas, por señas y por pura fe. En horas pico, la fe alcanza para poco.
Y como el destino tiene sentido del humor, el mismo fin de semana la lluvia dejó encharcamientos en media ciudad y varios choques de bienvenida: tres vehículos amontonados en el libramiento Colosio y dos más atravesados en Amapas, bloqueando ambos sentidos rumbo a Mismaloya. Nada como sumar semáforos muertos, agua acumulada y prisa vacacional para armar el combo perfecto del caos.
Los afectados hicieron el clásico llamado a la Dirección de Tránsito Municipal para que repare la infraestructura dañada. Hasta el momento, las autoridades no han explicado por qué la avería lleva un tercio de año sin resolverse ni cuándo volverá la luz. Quizá esperan a que los vecinos se acostumbren tanto a la cortesía que reparar el semáforo resulte, ya, hasta ofensivo. Mientras tanto, Los Tules sigue funcionando con el único sistema que en México nunca falla del todo: el de rezar y acelerar.
Cuatro meses. Un trimestre completo en el que el orden vial de esa intersección depende exclusivamente de la buena voluntad, esa institución no reconocida por ninguna ley de tránsito. Los conductores lo cuentan como si narraran una travesía épica: cada mañana cruzan por turnos, por miradas, por señas y por pura fe. En horas pico, la fe alcanza para poco.
Y como el destino tiene sentido del humor, el mismo fin de semana la lluvia dejó encharcamientos en media ciudad y varios choques de bienvenida: tres vehículos amontonados en el libramiento Colosio y dos más atravesados en Amapas, bloqueando ambos sentidos rumbo a Mismaloya. Nada como sumar semáforos muertos, agua acumulada y prisa vacacional para armar el combo perfecto del caos.
Los afectados hicieron el clásico llamado a la Dirección de Tránsito Municipal para que repare la infraestructura dañada. Hasta el momento, las autoridades no han explicado por qué la avería lleva un tercio de año sin resolverse ni cuándo volverá la luz. Quizá esperan a que los vecinos se acostumbren tanto a la cortesía que reparar el semáforo resulte, ya, hasta ofensivo. Mientras tanto, Los Tules sigue funcionando con el único sistema que en México nunca falla del todo: el de rezar y acelerar.