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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Jalisco Nota 26 de julio de 2026

Transparencia con reservación: la cena de la FIFA que ya se transparentó, pero poquito

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Transparencia con reservación: la cena de la FIFA que ya se transparentó, pero poquito
Terminó el Mundial y, como toda buena fiesta, dejó dos cosas: recuerdos imborrables y la duda de quién pagó los canapés. La Presidenta Claudia Sheinbaum salió a asegurar que el uso del Castillo de Chapultepec para una cena organizada por la FIFA ya fue transparentado, y que si hace falta dar más detalles, su gobierno lo hará. Es decir, la transparencia total existe, confirmada, garantizada... aunque disponible por entregas y previa solicitud, como los clásicos de colección que venían con el periódico.

Uno entiende la lógica. Para qué soltar toda la información de golpe si se puede administrar en dosis, manteniendo el suspenso. Hoy un dato, mañana otro, y así la ciudadanía se mantiene atenta, participativa, revisando cada mañana a ver si le toca enterarse de cuánto costó, quién lo cubrió y por qué el patrimonio nacional terminó fungiendo como salón de eventos de la organización que se llevó del Mundial ganancias por encima de los trece mil millones de dólares.

Porque ese es el detalle fino: la FIFA cerró su torneo con las bolsas repletas, anunció que quiere pasar de 48 a 64 selecciones para exprimir todavía más el negocio, y a México le quedó la foto del Castillo iluminado y la satisfacción del anfitrión generoso. Como convidar la casa para la posada de los ricos y quedarse lavando los platos.

Que conste: nadie está acusando de nada. La mandataria dijo que habrá transparencia total, y hay que creerle, porque la palabra "total" es muy seria. Solo que en este país "total" a veces significa "completa" y a veces significa "total, ya para qué". El tiempo, y quizá una solicitud de información bien redactada, dirá cuál de las dos aplica esta vez. Mientras tanto, la cena ya se sirvió, la cuenta anda por ahí y el Castillo, mudo testigo, sigue esperando que alguien le explique en qué momento pasó de fortaleza histórica a salón de fiestas con vista.