Carne asada en Badiraguato: el gobernador con licencia baila banda y el Gabinete aclara que nadie lo cuida
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Hay licencias laborales para descansar, para estudiar, para atender asuntos personales. Y luego está la licencia del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, que a finales de abril pidió permiso a su cargo y desde entonces parece dedicado a lo que todo mexicano hace en su tiempo libre: una carne asada con banda. Un video difundido esta semana lo muestra bailando música de banda con una mujer en un convivio celebrado, según reportes de pobladores, en la zona limítrofe entre Badiraguato y Mocorito.
El detalle geográfico no es menor. Badiraguato es ese municipio serrano que la prensa nacional presenta siempre con la misma coletilla histórica, la de ser cuna de figuras célebres del narcotráfico. Vamos, que no es exactamente el lugar donde uno sugeriría festejar discretamente si lo que se busca es bajar el perfil. Y bajar el perfil es justo lo que le convendría a Rocha Moya, quien pidió licencia luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo señalara por presuntos vínculos con el crimen organizado, señalamientos que él está en todo su derecho de enfrentar y aclarar.
Por si el baile no bastara para el debate, el Gabinete de Seguridad tuvo que salir a desmentir que el político cuente con resguardo del Ejército. O sea, un domingo cualquiera de trabajo institucional dedicado a aclarar que nadie lo está cuidando, mientras el video de la banda ya daba la vuelta en redes. Todo un ejercicio de comunicación gubernamental: menos ruedas de prensa sobre seguridad y más desmentidos sobre coreografías.
Que quede claro: bailar no es delito, ir a una carne asada tampoco, y la presunción de inocencia aplica para todos, incluido quien pide licencia. Pero uno esperaría que alguien tan observado por autoridades de dos países midiera un poco el escenario. Porque en el arte de la política, como en el del baile, todo es cuestión de timing, y este pasito, francamente, salió a destiempo.
El detalle geográfico no es menor. Badiraguato es ese municipio serrano que la prensa nacional presenta siempre con la misma coletilla histórica, la de ser cuna de figuras célebres del narcotráfico. Vamos, que no es exactamente el lugar donde uno sugeriría festejar discretamente si lo que se busca es bajar el perfil. Y bajar el perfil es justo lo que le convendría a Rocha Moya, quien pidió licencia luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo señalara por presuntos vínculos con el crimen organizado, señalamientos que él está en todo su derecho de enfrentar y aclarar.
Por si el baile no bastara para el debate, el Gabinete de Seguridad tuvo que salir a desmentir que el político cuente con resguardo del Ejército. O sea, un domingo cualquiera de trabajo institucional dedicado a aclarar que nadie lo está cuidando, mientras el video de la banda ya daba la vuelta en redes. Todo un ejercicio de comunicación gubernamental: menos ruedas de prensa sobre seguridad y más desmentidos sobre coreografías.
Que quede claro: bailar no es delito, ir a una carne asada tampoco, y la presunción de inocencia aplica para todos, incluido quien pide licencia. Pero uno esperaría que alguien tan observado por autoridades de dos países midiera un poco el escenario. Porque en el arte de la política, como en el del baile, todo es cuestión de timing, y este pasito, francamente, salió a destiempo.