La 4T michoacana descubre el agua tibia: hay que 'recorrer los municipios'
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En la carrera interna de Morena por la Coordinación de la Defensa de la Transformación en Michoacán, los aspirantes andan compitiendo por ver quién demuestra más amor al territorio, en una contienda tan armoniosa como partido de vecinos por quién no barrió la banqueta. Por un lado, Gaby Molina reunió a más de dos mil personas en la Calzada San Diego para 'refrendar la unidad', esa palabra que, como el paraguas, solo se saca cuando ya está lloviendo. Por el otro, Carlos Torres Piña propone —agárrense— 'contacto directo con la ciudadanía' y 'recorridos por los municipios de Michoacán'.
Detengámonos en la genialidad de la propuesta. Un político descubriendo que hay que hablar con la gente y visitar los pueblos es como un panadero anunciando su revolucionario plan de usar harina. Es el ABC del oficio presentado como hallazgo copernicano. Pero así funciona la cosa: estas revelaciones tan elementales solo iluminan a los aspirantes justo en los meses en que hay una coordinación estatal en disputa. El resto del sexenio, los municipios existen únicamente en el mapa y en el corte de caja.
Para ponerle manto de paz al asunto, Montiel salió a respaldar la 'conducta' de los aspirantes 'mientras transcurre la contienda interna y entre señalamientos entre unos equipos y otros'. Es decir: se portan de maravilla, salvo por los señalamientos que se lanzan entre ellos. La unidad morenista tiene esa cualidad cuántica de existir y no existir al mismo tiempo, dependiendo de quién sostenga el micrófono y de si las cámaras están prendidas.
Dos mil asistentes, disciplina, organización, cercanía permanente con la gente: el guion está impecable, tan impecable que se repite calcadito en cada asamblea, con distinto protagonista y el mismo aplauso programado. Y uno, ciudadano de a pie, escucha lo de 'la fortaleza territorial de un movimiento que se consolida cuando el pueblo participa' y piensa: qué bueno, ojalá esa fortaleza territorial también consolide los baches que la lluvia barre, las calles de Uruapan de donde desalojaron familias, o los ríos de Morelia que ya sabemos en qué se han convertido.
Porque la ciudadanía, esa a la que ahora prometen recorrer con tanto entusiasmo, lleva rato esperando en la esquina del municipio a ver quién se acuerda de ella cuando NO haya cargo en juego. Ese día sí que sería noticia. Mientras tanto, disfrutemos el espectáculo de la unidad que se refrenda a gritos, que como toda cosa que se repite mucho en voz alta, delata justo lo que le falta. Nos leemos, con o sin recorrido.
Detengámonos en la genialidad de la propuesta. Un político descubriendo que hay que hablar con la gente y visitar los pueblos es como un panadero anunciando su revolucionario plan de usar harina. Es el ABC del oficio presentado como hallazgo copernicano. Pero así funciona la cosa: estas revelaciones tan elementales solo iluminan a los aspirantes justo en los meses en que hay una coordinación estatal en disputa. El resto del sexenio, los municipios existen únicamente en el mapa y en el corte de caja.
Para ponerle manto de paz al asunto, Montiel salió a respaldar la 'conducta' de los aspirantes 'mientras transcurre la contienda interna y entre señalamientos entre unos equipos y otros'. Es decir: se portan de maravilla, salvo por los señalamientos que se lanzan entre ellos. La unidad morenista tiene esa cualidad cuántica de existir y no existir al mismo tiempo, dependiendo de quién sostenga el micrófono y de si las cámaras están prendidas.
Dos mil asistentes, disciplina, organización, cercanía permanente con la gente: el guion está impecable, tan impecable que se repite calcadito en cada asamblea, con distinto protagonista y el mismo aplauso programado. Y uno, ciudadano de a pie, escucha lo de 'la fortaleza territorial de un movimiento que se consolida cuando el pueblo participa' y piensa: qué bueno, ojalá esa fortaleza territorial también consolide los baches que la lluvia barre, las calles de Uruapan de donde desalojaron familias, o los ríos de Morelia que ya sabemos en qué se han convertido.
Porque la ciudadanía, esa a la que ahora prometen recorrer con tanto entusiasmo, lleva rato esperando en la esquina del municipio a ver quién se acuerda de ella cuando NO haya cargo en juego. Ese día sí que sería noticia. Mientras tanto, disfrutemos el espectáculo de la unidad que se refrenda a gritos, que como toda cosa que se repite mucho en voz alta, delata justo lo que le falta. Nos leemos, con o sin recorrido.