Lucas, el perrito con pensión: la justicia mexicana por fin muerde donde debe
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Guarde usted el pañuelo del drama económico nacional, porque hoy tenemos una historia de éxito: un perrito llamado Lucas obtuvo pensión alimentaria. Sí, como lo lee. Sus dueños se separaron y, en lugar de dejarlo en la tradicional custodia del 'quédatelo tú que a mí no me caben las croquetas', un juez resolvió que Lucas recibirá 700 pesos mensuales, además del pago de servicios veterinarios. El caso, dicen, abre la puerta para que las mascotas no sufran cuando sus dueños se separan.
Hay que reconocer el logro. En un país donde madres de familia peregrinan de juzgado en juzgado años enteros para que el papá aparezca con la manutención, donde el 'ya te deposito el lunes' es un género literario nacional, Lucas cobra puntual y sin ir a firmar. Tiene sentencia, tiene número de expediente y tiene flujo garantizado. Que levante la pata quien pueda decir lo mismo.
Uno imagina la audiencia: Lucas entrando al estrado con las orejas alertas, sin necesidad de abogado carísimo, sin conciliaciones eternas, sin que nadie le pida comprobante de domicilio. Doce meses de espera para un bípedo se resuelven en un movimiento de cola. La fiscalía canina, eficaz como ninguna otra.
Y es que 700 pesos al mes no está nada mal para el mercado actual. Da para croquetas de las decentes, para su vacuna y hasta para un premio de vez en cuando. Muchos humanos con dos empleos formales y afiliación al IMSS quisieran esa certeza de ingreso. Lucas no cotiza, no paga renta, no lo persigue el buró de crédito, y aun así el sistema le garantiza lo suyo. El sueño del mexicano promedio, encarnado en un perro.
Que quede claro: la nota es genuinamente buena. Reconocer que los animales de compañía son parte de la familia y que su bienestar merece protección legal es un avance civilizatorio de aplaudir. El problema no es Lucas; el problema somos nosotros, que vemos a un perro cobrar pensión con más eficiencia que media población humana y nos dan ganas de pedirle consejos. Si algún lector anda batallando con su propio caso de manutención atorado, la moraleja del día es sencilla y peluda: pórtese como Lucas, mueva la cola en el momento correcto y, sobre todo, tenga muy buen abogado. La justicia, cuando quiere, sí llega a tiempo. Nomás hay que averiguar por qué a veces solo llega a cuatro patas.
Hay que reconocer el logro. En un país donde madres de familia peregrinan de juzgado en juzgado años enteros para que el papá aparezca con la manutención, donde el 'ya te deposito el lunes' es un género literario nacional, Lucas cobra puntual y sin ir a firmar. Tiene sentencia, tiene número de expediente y tiene flujo garantizado. Que levante la pata quien pueda decir lo mismo.
Uno imagina la audiencia: Lucas entrando al estrado con las orejas alertas, sin necesidad de abogado carísimo, sin conciliaciones eternas, sin que nadie le pida comprobante de domicilio. Doce meses de espera para un bípedo se resuelven en un movimiento de cola. La fiscalía canina, eficaz como ninguna otra.
Y es que 700 pesos al mes no está nada mal para el mercado actual. Da para croquetas de las decentes, para su vacuna y hasta para un premio de vez en cuando. Muchos humanos con dos empleos formales y afiliación al IMSS quisieran esa certeza de ingreso. Lucas no cotiza, no paga renta, no lo persigue el buró de crédito, y aun así el sistema le garantiza lo suyo. El sueño del mexicano promedio, encarnado en un perro.
Que quede claro: la nota es genuinamente buena. Reconocer que los animales de compañía son parte de la familia y que su bienestar merece protección legal es un avance civilizatorio de aplaudir. El problema no es Lucas; el problema somos nosotros, que vemos a un perro cobrar pensión con más eficiencia que media población humana y nos dan ganas de pedirle consejos. Si algún lector anda batallando con su propio caso de manutención atorado, la moraleja del día es sencilla y peluda: pórtese como Lucas, mueva la cola en el momento correcto y, sobre todo, tenga muy buen abogado. La justicia, cuando quiere, sí llega a tiempo. Nomás hay que averiguar por qué a veces solo llega a cuatro patas.