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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 26 de julio de 2026

El Tren Interoceánico: un accidente cada 45 días y locomotoras de segunda mano con garantía de nostalgia

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El Tren Interoceánico: un accidente cada 45 días y locomotoras de segunda mano con garantía de nostalgia
Todo proyecto emblemático necesita un ritmo, y el Tren Interoceánico ya encontró el suyo: un accidente cada 45 días. Así lo consigna un informe interno sobre la Línea Z, que desde su inauguración ha acumulado deslaves, descarrilamientos y arrollamientos con una puntualidad que ya quisiera para sí el propio servicio de pasajeros. Si algo en México cumple calendario, es la mala racha.

La mayoría de los percances, dice el reporte, se deben a deslaves, descarrilamientos y vehículos que invadieron las vías. Es decir, una combinación de naturaleza, infraestructura y esa costumbre nacional de cruzar por donde no se debe. El tren que iba a reconectar al sureste, a competir con el Canal de Panamá, a redibujar el mapa logístico del continente, avanza entre reto y reto como quien maneja en Periférico un lunes de quincena: con fe, con reflejos y encomendándose a todos los santos.

Pero la joya de la corona viene aparte. El Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec avaló y consideró 'factible' la compra de locomotoras usadas para pasajeros y carga. Léase con calma: locomotoras usadas. El mismo país que presume el proyecto como orgullo de la Cuarta Transformación va a estrenar máquinas que ya fueron de alguien más. Es el equivalente ferroviario de llegar a la fiesta con la camisa nueva pero los zapatos heredados del cuñado.

Seguro los números cierran y la decisión tiene su lógica presupuestal —lo usado sale más barato, nadie lo discute—. El problema es la poesía del asunto: un tren insignia, símbolo de modernidad y soberanía, rodando sobre vías que se deslavan cada mes y medio, jalado por locomotoras con kilometraje previo y, presumiblemente, con su propio historial de suspiros mecánicos. La épica de nación, servida en versión seminueva.

Uno entiende la austeridad, de verdad. Lo que cuesta digerir es la combinación: infraestructura joven con achaques de viejo y maquinaria vieja vendida como solución razonable. Los usuarios, mientras tanto, viajan con esa mezcla tan mexicana de esperanza y resignación, calculando si el trayecto de hoy caerá dentro de la ventana de los 45 días o si les tocará ser la anécdota del próximo informe interno.

Que conste: ojalá el tren funcione, prospere y le cambie la vida al Istmo, que buena falta le hace. Pero por lo pronto, el Interoceánico ya nos enseñó algo sobre la administración pública: aquí lo único que llega puntual es el percance, y lo único garantizado de segunda mano es el optimismo con que se anuncia todo.