El Estado tiene tan abandonada La Huasteca que solo pudieron subir con arnés, cuerda y equipo profesional
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Hay denuncias que se sostienen solas y otras que se sostienen de una cuerda. La de esta semana pertenece a la segunda categoría.
El aspirante a la Coordinación estatal de Morena en Nuevo León, Waldo Fernández, subió a la zona conocida como Guitarritas, en La Huasteca, acompañado por integrantes de la asociación civil Escalada Libre, para señalar que el paraje natural está descuidado y desaprovechado por el Estado. Y hasta ahí, ninguna objeción: La Huasteca es una joya que muchos regiomontanos conocen solo de foto o de anuncio de refresco.
El detalle poético es que la denuncia del abandono se hizo desde la cima. Es decir: el lugar está tan olvidado, tan intransitable, tan fuera del radar de las autoridades, que para llegar hasta arriba hizo falta un senador con licencia, una asociación de escalada, arnés, cuerdas y una jornada de ascenso. El abandono, cuando se hace bien, requiere logística de expedición.
Fernández tuvo además el momento de sinceridad geográfica del fin de semana: recordó que en otras partes del mundo hay que manejar al menos dos horas por carretera para llegar a una montaña donde escalar, mientras que en Nuevo León La Huasteca está a 25 minutos del centro. Es rigurosamente cierto. Y es justo esa cercanía la que vuelve el asunto tan regiomontano: tenemos el patrimonio natural pegadito a la ciudad y lo redescubrimos en oleadas, casualmente sincronizadas con los calendarios electorales.
El paraje, subrayó, tiene un gran potencial turístico sin perder su vocación de reserva ambiental. Nadie lo discute. Solo queda una duda existencial flotando entre las paredes de roca: si el lugar de verdad estuviera tan abandonado, ¿quién puso el sendero por el que subieron? La montaña, sabia, guarda silencio y sigue ahí, a 25 minutos, esperando la próxima comitiva que venga a descubrir que existe.
El aspirante a la Coordinación estatal de Morena en Nuevo León, Waldo Fernández, subió a la zona conocida como Guitarritas, en La Huasteca, acompañado por integrantes de la asociación civil Escalada Libre, para señalar que el paraje natural está descuidado y desaprovechado por el Estado. Y hasta ahí, ninguna objeción: La Huasteca es una joya que muchos regiomontanos conocen solo de foto o de anuncio de refresco.
El detalle poético es que la denuncia del abandono se hizo desde la cima. Es decir: el lugar está tan olvidado, tan intransitable, tan fuera del radar de las autoridades, que para llegar hasta arriba hizo falta un senador con licencia, una asociación de escalada, arnés, cuerdas y una jornada de ascenso. El abandono, cuando se hace bien, requiere logística de expedición.
Fernández tuvo además el momento de sinceridad geográfica del fin de semana: recordó que en otras partes del mundo hay que manejar al menos dos horas por carretera para llegar a una montaña donde escalar, mientras que en Nuevo León La Huasteca está a 25 minutos del centro. Es rigurosamente cierto. Y es justo esa cercanía la que vuelve el asunto tan regiomontano: tenemos el patrimonio natural pegadito a la ciudad y lo redescubrimos en oleadas, casualmente sincronizadas con los calendarios electorales.
El paraje, subrayó, tiene un gran potencial turístico sin perder su vocación de reserva ambiental. Nadie lo discute. Solo queda una duda existencial flotando entre las paredes de roca: si el lugar de verdad estuviera tan abandonado, ¿quién puso el sendero por el que subieron? La montaña, sabia, guarda silencio y sigue ahí, a 25 minutos, esperando la próxima comitiva que venga a descubrir que existe.