Un señor salió a vender pan de madrugada; la justicia se quedó dormida
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Hay historias que empiezan a las cuatro de la mañana con olor a café recién hecho y terminan siendo una clase de derecho procesal. Esta es una de ellas.
El pasado miércoles, sobre la avenida Miguel Alemán, en Apodaca, un vendedor ambulante que se preparaba para iniciar su jornada de venta de pan y café perdió la vida al ser atropellado. La conductora señalada, María Dolores "N", de 53 años, fue detenida. Parecía el orden natural de las cosas: hay una víctima, hay una responsable presunta, hay una detención.
Pero el orden natural en Nuevo León dura lo que un hielo en julio. Durante la audiencia de control, el juez determinó que la detención se realizó de manera ilegal y ordenó su liberación. Traducción para quienes no hablan tribunal: no importa tanto qué pasó, sino cómo se llenaron los papeles después. Y los papeles, otra vez, no aguantaron la prueba.
Es el gran arte marcial de nuestra procuración de justicia: no la cachiporra, sino el tecnicismo. Podemos construir la Línea 6 del Metro, ampliar subestaciones eléctricas, firmar convenios ferroviarios de casi 400 kilómetros, pero seguimos sin dominar el trámite básico de detener a alguien de forma que resista la primera audiencia. La Fiscalía dice que continuará investigando el accidente, frase que en el género de la nota roja significa "volvemos a empezar".
Mientras tanto, la aritmética humana es implacable: un hombre madrugó para vender pan y café, no volvió a casa, y la persona señalada regresó a la suya por la puerta grande de un vicio de forma. No se trata de pedir cadenas ni de aplaudir detenciones a lo bruto; se trata de notar que, entre la víctima y la impunidad, el único que hizo bien su trabajo esa madrugada fue el panadero.
El pasado miércoles, sobre la avenida Miguel Alemán, en Apodaca, un vendedor ambulante que se preparaba para iniciar su jornada de venta de pan y café perdió la vida al ser atropellado. La conductora señalada, María Dolores "N", de 53 años, fue detenida. Parecía el orden natural de las cosas: hay una víctima, hay una responsable presunta, hay una detención.
Pero el orden natural en Nuevo León dura lo que un hielo en julio. Durante la audiencia de control, el juez determinó que la detención se realizó de manera ilegal y ordenó su liberación. Traducción para quienes no hablan tribunal: no importa tanto qué pasó, sino cómo se llenaron los papeles después. Y los papeles, otra vez, no aguantaron la prueba.
Es el gran arte marcial de nuestra procuración de justicia: no la cachiporra, sino el tecnicismo. Podemos construir la Línea 6 del Metro, ampliar subestaciones eléctricas, firmar convenios ferroviarios de casi 400 kilómetros, pero seguimos sin dominar el trámite básico de detener a alguien de forma que resista la primera audiencia. La Fiscalía dice que continuará investigando el accidente, frase que en el género de la nota roja significa "volvemos a empezar".
Mientras tanto, la aritmética humana es implacable: un hombre madrugó para vender pan y café, no volvió a casa, y la persona señalada regresó a la suya por la puerta grande de un vicio de forma. No se trata de pedir cadenas ni de aplaudir detenciones a lo bruto; se trata de notar que, entre la víctima y la impunidad, el único que hizo bien su trabajo esa madrugada fue el panadero.