Guadalajara amaneció nadando y el SIAPA salió a cobrarnos la remojada
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Lunes de lluvia, y Guadalajara volvió a hacer lo que mejor le sale: convertir sus avenidas en canales dignos de Xochimilco, pero sin trajinera ni mariachi. La tormenta de la madrugada dejó a Balcones de Oblatos con 82 casas, cerca de 40 negocios y 50 vehículos bajo el agua, en 16 manzanas que amanecieron con niveles de hasta 80 centímetros. La causa oficial, según se detalló, fue una combinación digna de antología tapatía: juegos mecánicos y basura que taponaron la zona. O sea que la feria del barrio también hace de tapón hidráulico. Nadie lo planeó, pero el drenaje encontró en las sillas voladoras a su peor enemigo.
Y mientras los vecinos sacaban el lodo con jerga y cubeta, el SIAPA apareció por la puerta grande, no a bombear agua, sino a ofrecer descuentos. El Congreso y el Gobierno del Estado publicaron un decreto que perdona hasta el 100% de recargos, intereses moratorios y gastos de ejecución a quien liquide sus adeudos entre el 24 de julio y el 31 de octubre. Después baja al 80%. Le llamaron, con toda seriedad, una versión del Buen Fin. Porque no hay nada más festivo que celebrar con promoción el pago de un servicio que esta misma madrugada te metió el agua hasta la sala. Eso sí, con letra chica de rencor: quien ya hizo convenio y lo dejó botado, no entra a la fiesta del perdón. Una cosa es tender la mano y otra premiar a los campeones del 'ahorita pago'.
El mismo organismo, por si faltara épica, anunció que invertirá 160 millones de pesos al año para rescatar pozos, esos que con el tiempo acumularon sedimentos, incrustaciones y, presumimos, el peso moral de décadas de recibos impugnados. La red, admiten los especialistas de la UdeG, tiene más de siete décadas y le aporta al agua tapatía sedimentos y mal olor, como bono adicional a lo que ya arrastra desde Chapala. Traducción: le pagamos a un tubo que es más viejo que la abuelita y encima huele a eso.
En el capítulo espiritual, hasta la Arquidiócesis anda en apuros con el medidor. El Cardenal reconoció que alrededor de 30 templos deben al SIAPA, aunque aclaró que son de unos 600 en total, no vaya a pensarse que Dios anda moroso en masa. Hay intención de pagar, dijo, pero muchos templos no tienen recursos. Y uno entiende: es difícil cobrarle el agua bendita a quien reparte el agua bendita gratis. Que negocien un convenio, aunque ya sabemos qué pasa con los convenios botados en esta ciudad.
En El Salto y Juanacatlán, mientras tanto, el Río Santiago sigue enfermo y lo presume: la espuma se acumula en sus orillas como prueba flotante de que la contaminación no ha bajado ni un dedo. Es el único río del estado que exfolia. Y en el norte de Zapopan los vecinos denuncian agua con olor fétido que empeoró, dicen, tras obras públicas recientes. Porque aquí las obras públicas tienen ese don: llegan a arreglar y salen habiendo descubierto un nuevo aroma.
Pero la imagen del día, la que resume el humor jalisciense frente a su propio drenaje, la dio un hombre que fue rescatado por bomberos tras meterse a una alcantarilla en San Miguel de Huentitán. Salió con lesiones en el cráneo, la mano y hasta con amputación parcial del lóbulo de la oreja. Protección Civil tuvo que emitir un llamado que jamás pensó redactar: por favor, no se metan a las alcantarillas. Estamos en el punto cívico en que las autoridades deben pedirlo explícitamente. Falta el letrero.
Y como el agua todo lo conecta, a nivel federal el Ejército incautó una refinería completa —18 tanques horizontales, tres verticales, pipas, tractocamiones— sin un solo detenido. Una fábrica de hidrocarburos que se montó, según se describió, con todas las de la ley aunque legalmente chueca, y nadie estaba en la nómina el día del cateo. Aparentemente se construye sola, como los baches. En Jalisco lo entendemos: aquí también aparecen camionetas con tres mil litros de combustible abandonadas en una brecha de Cihuatlán, sin dueño ni testigo, como por generación espontánea.
Cierra la jornada el Gobernador, que regresó al ruedo tras unos días fuera y este lunes se sentará con las madres buscadoras antes de volar al AIFA. La agenda del agua, el huachicol y las búsquedas, toda en un solo día lluvioso. Saquen el paraguas y el recibo del SIAPA: hoy los dos pesan igual.
Y mientras los vecinos sacaban el lodo con jerga y cubeta, el SIAPA apareció por la puerta grande, no a bombear agua, sino a ofrecer descuentos. El Congreso y el Gobierno del Estado publicaron un decreto que perdona hasta el 100% de recargos, intereses moratorios y gastos de ejecución a quien liquide sus adeudos entre el 24 de julio y el 31 de octubre. Después baja al 80%. Le llamaron, con toda seriedad, una versión del Buen Fin. Porque no hay nada más festivo que celebrar con promoción el pago de un servicio que esta misma madrugada te metió el agua hasta la sala. Eso sí, con letra chica de rencor: quien ya hizo convenio y lo dejó botado, no entra a la fiesta del perdón. Una cosa es tender la mano y otra premiar a los campeones del 'ahorita pago'.
El mismo organismo, por si faltara épica, anunció que invertirá 160 millones de pesos al año para rescatar pozos, esos que con el tiempo acumularon sedimentos, incrustaciones y, presumimos, el peso moral de décadas de recibos impugnados. La red, admiten los especialistas de la UdeG, tiene más de siete décadas y le aporta al agua tapatía sedimentos y mal olor, como bono adicional a lo que ya arrastra desde Chapala. Traducción: le pagamos a un tubo que es más viejo que la abuelita y encima huele a eso.
En el capítulo espiritual, hasta la Arquidiócesis anda en apuros con el medidor. El Cardenal reconoció que alrededor de 30 templos deben al SIAPA, aunque aclaró que son de unos 600 en total, no vaya a pensarse que Dios anda moroso en masa. Hay intención de pagar, dijo, pero muchos templos no tienen recursos. Y uno entiende: es difícil cobrarle el agua bendita a quien reparte el agua bendita gratis. Que negocien un convenio, aunque ya sabemos qué pasa con los convenios botados en esta ciudad.
En El Salto y Juanacatlán, mientras tanto, el Río Santiago sigue enfermo y lo presume: la espuma se acumula en sus orillas como prueba flotante de que la contaminación no ha bajado ni un dedo. Es el único río del estado que exfolia. Y en el norte de Zapopan los vecinos denuncian agua con olor fétido que empeoró, dicen, tras obras públicas recientes. Porque aquí las obras públicas tienen ese don: llegan a arreglar y salen habiendo descubierto un nuevo aroma.
Pero la imagen del día, la que resume el humor jalisciense frente a su propio drenaje, la dio un hombre que fue rescatado por bomberos tras meterse a una alcantarilla en San Miguel de Huentitán. Salió con lesiones en el cráneo, la mano y hasta con amputación parcial del lóbulo de la oreja. Protección Civil tuvo que emitir un llamado que jamás pensó redactar: por favor, no se metan a las alcantarillas. Estamos en el punto cívico en que las autoridades deben pedirlo explícitamente. Falta el letrero.
Y como el agua todo lo conecta, a nivel federal el Ejército incautó una refinería completa —18 tanques horizontales, tres verticales, pipas, tractocamiones— sin un solo detenido. Una fábrica de hidrocarburos que se montó, según se describió, con todas las de la ley aunque legalmente chueca, y nadie estaba en la nómina el día del cateo. Aparentemente se construye sola, como los baches. En Jalisco lo entendemos: aquí también aparecen camionetas con tres mil litros de combustible abandonadas en una brecha de Cihuatlán, sin dueño ni testigo, como por generación espontánea.
Cierra la jornada el Gobernador, que regresó al ruedo tras unos días fuera y este lunes se sentará con las madres buscadoras antes de volar al AIFA. La agenda del agua, el huachicol y las búsquedas, toda en un solo día lluvioso. Saquen el paraguas y el recibo del SIAPA: hoy los dos pesan igual.