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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Jalisco Nota 27 de julio de 2026

Protección Civil tuvo que pedirlo por escrito: no se metan a las alcantarillas

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Protección Civil tuvo que pedirlo por escrito: no se metan a las alcantarillas
Hay frases que uno jamás imaginó leer en un comunicado oficial, y este lunes Guadalajara sumó una a la colección. Tras un rescate en los cruces de Abundancia y Artesanos, en San Miguel de Huentitán, la Unidad Municipal de Protección Civil y Bomberos hizo un llamado a la población para que evite meterse a las alcantarillas. Textual. Escrito. Firmado. Porque llegamos al punto cívico donde eso ya no se da por entendido.

El protagonista fue un hombre que, por razones que el parte no aclara y que la imaginación tapatía completa sola, decidió introducirse a una alcantarilla. Los bomberos lo sacaron con un saldo que estremece: lesiones en el cráneo, una lesión en la mano izquierda con probable fractura y amputación parcial del lóbulo de la oreja izquierda. Es decir, entró entero y salió por partes.

Uno entiende que en esta ciudad la relación con el subsuelo es intensa. Aquí las alcantarillas se tragan coches, se tragan tapas —que luego nadie repone— y en temporada de lluvias hasta compiten con los ríos por protagonismo. Pero de ahí a que un ciudadano baje voluntariamente al inframundo del drenaje metropolitano hay un salto que Protección Civil, con toda la paciencia del mundo, tuvo que salir a desalentar.

Lo notable es el género literario del comunicado: la advertencia obvia. Ese subgénero donde la autoridad, resignada, escribe lo que debería ser sentido común. 'No se metan a las alcantarillas' se une al panteón de instrucciones que uno creía innecesarias hasta que alguien demostró lo contrario. Falta nomás el letrero permanente, con pictograma incluido, junto a cada coladera de la ciudad.

Que conste: aquí no nos burlamos del hombre, que salió lastimado y le deseamos pronta recuperación de cráneo, mano y oreja. Nos asombra el país donde vivimos, ese en el que las coladeras sin tapa son tantas y la tentación de asomarse tan real, que el municipio ya tuvo que ponerlo por escrito. Cuídense allá arriba. Y sobre todo, allá abajo.