Michoacán se diversifica: menos peras y más promesas de campaña
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Buenos días, Michoacán, tierra donde la fruta se cotiza según la temporada y la política según el berrinche. Hoy amanecimos con una noticia que rompe corazones fruteros: la producción de pera cayó cerca del 30% en la última década, y en Ucareo, comunidad de Zinapécuaro que concentra hasta el 95% de la pera del estado, los productores decidieron cambiar sus huertas por ciruela y durazno porque, palabras textuales, son más rentables. Ahí está la lección de economía que ninguna universidad cobra: cuando algo deja de dar, se arranca de raíz. Los partidos políticos michoacanos tomaron nota, aunque ellos siguen sembrando lo mismo cada tres años.
Hablando de siembras improductivas, en el jardín de la oposición hubo cosecha de indirectas. El dirigente estatal del PRI aclaró, con la dignidad de quien perdió el mercado pero no el discurso, que 'el PRI no le va a rogar a nadie' y que si no hay alianza opositora es culpa del PAN. Traducción para el pueblo: dos señores parados afuera del kiosco, cada uno esperando que el otro saque primero a bailar, mientras la música se acaba. Es el mismo romance que llevan proponiendo desde hace elecciones, esa relación de novios que ni se casan ni se dejan, pero eso sí, cada quien paga su propia consulta de pareja.
En el mismo huerto, el PRDM —que hoy gobierna 19 municipios y a quien varios le auguran una poda para 2027— confía en recuperar sus 'municipios emblemáticos'. Emblemáticos es una palabra hermosa que significa 'los que ya tuvimos y extrañamos'. Es la nostalgia convertida en estrategia electoral: como quien jura que va a volver a caber en los pantalones de la prepa. Ánimo, muchachos, la fe mueve montañas, aunque no mueve casillas.
Y para que no digan que solo hablamos de peras y partidos, el diputado federal Leonel Godoy nos regaló una perla filosófica digna del Ágora de Zinapécuaro: los adolescentes no serían imputables si no se les reconoce el derecho a votar. La lógica es tan elegante que uno se marea: primero la boleta, luego la responsabilidad, todo por estricto orden de aparición. Habrá que avisarle al de la papelería que ahora los mayores de edad se definen por combo, como las tortas. Aclaró, eso sí, que hay crímenes 'horrendos' y que el tema requiere estudiarse a fondo, que es la manera parlamentaria de decir 'lo dejamos para la otra legislatura'.
No faltó tampoco el clásico pronóstico del clima político: un diputado advirtió que al gobernador Ramírez Bedolla 'le irá peor que a Silvano' al terminar el sexenio. En Michoacán tenemos meteorólogos para el temporal y meteorólogos para los exgobernadores, y ambos aciertan más o menos lo mismo. Lo bonito es que la profecía llegó justo cuando en Morelia se manifestaban por Cuba, Palestina y las 'causas populares' a 73 años del Asalto al Cuartel Moncada. Nada como conmemorar una revolución caribeña bajo el sol de la Calzada mientras aquí no logramos revolucionar ni las alcantarillas.
Porque hablando de alcantarillas: en Zamora, el organismo de agua explicó que los encharcamientos se deben a las lluvias intensas y a la basura en las coladeras, aunque solo se han recaudado 400 milímetros de lluvia, insuficientes para el próximo ciclo. Es decir, nos falta agua y nos sobra agua, todo al mismo tiempo y en la misma calle. En esa misma ciudad, los restauranteros no encuentran trabajadores y piden 'destrabar la inversión', mientras el dengue obliga a intensificar fumigaciones en el poniente. Resumen zamorano: el mosco sí tiene chamba, el mesero no.
Del lado institucional, tuvimos jornada de recomendaciones. El IMSS pidió cuidar el cerebro desde jóvenes controlando diabetes, hipertensión y manteniendo la mente activa; sugerencia que llega justo a tiempo para quienes seguimos las campañas locales sin perder la cordura. Y la Secretaría de Salud emitió consejos para no ahogarse en las playas michoacanas: respetar los banderines de señalización. Ojalá algún día emitan también banderines para la política estatal, porque ahí sí que uno no sabe cuándo hay corriente de resaca.
Mención de honor para Janitzio, que 'invita a vivir la esencia de Michoacán este verano', esa esencia purépecha que resiste lagunas, sexenios y ferias de la pera. Porque al final, entre balaceras que lamentamos, accidentes que dolieron y promesas que ya conocemos, la isla sigue ahí, flotando, tan michoacana como la costumbre de prometer mucho y cosechar poco. Nos leemos mañana, si el temporal —y la clase política— lo permiten.
Hablando de siembras improductivas, en el jardín de la oposición hubo cosecha de indirectas. El dirigente estatal del PRI aclaró, con la dignidad de quien perdió el mercado pero no el discurso, que 'el PRI no le va a rogar a nadie' y que si no hay alianza opositora es culpa del PAN. Traducción para el pueblo: dos señores parados afuera del kiosco, cada uno esperando que el otro saque primero a bailar, mientras la música se acaba. Es el mismo romance que llevan proponiendo desde hace elecciones, esa relación de novios que ni se casan ni se dejan, pero eso sí, cada quien paga su propia consulta de pareja.
En el mismo huerto, el PRDM —que hoy gobierna 19 municipios y a quien varios le auguran una poda para 2027— confía en recuperar sus 'municipios emblemáticos'. Emblemáticos es una palabra hermosa que significa 'los que ya tuvimos y extrañamos'. Es la nostalgia convertida en estrategia electoral: como quien jura que va a volver a caber en los pantalones de la prepa. Ánimo, muchachos, la fe mueve montañas, aunque no mueve casillas.
Y para que no digan que solo hablamos de peras y partidos, el diputado federal Leonel Godoy nos regaló una perla filosófica digna del Ágora de Zinapécuaro: los adolescentes no serían imputables si no se les reconoce el derecho a votar. La lógica es tan elegante que uno se marea: primero la boleta, luego la responsabilidad, todo por estricto orden de aparición. Habrá que avisarle al de la papelería que ahora los mayores de edad se definen por combo, como las tortas. Aclaró, eso sí, que hay crímenes 'horrendos' y que el tema requiere estudiarse a fondo, que es la manera parlamentaria de decir 'lo dejamos para la otra legislatura'.
No faltó tampoco el clásico pronóstico del clima político: un diputado advirtió que al gobernador Ramírez Bedolla 'le irá peor que a Silvano' al terminar el sexenio. En Michoacán tenemos meteorólogos para el temporal y meteorólogos para los exgobernadores, y ambos aciertan más o menos lo mismo. Lo bonito es que la profecía llegó justo cuando en Morelia se manifestaban por Cuba, Palestina y las 'causas populares' a 73 años del Asalto al Cuartel Moncada. Nada como conmemorar una revolución caribeña bajo el sol de la Calzada mientras aquí no logramos revolucionar ni las alcantarillas.
Porque hablando de alcantarillas: en Zamora, el organismo de agua explicó que los encharcamientos se deben a las lluvias intensas y a la basura en las coladeras, aunque solo se han recaudado 400 milímetros de lluvia, insuficientes para el próximo ciclo. Es decir, nos falta agua y nos sobra agua, todo al mismo tiempo y en la misma calle. En esa misma ciudad, los restauranteros no encuentran trabajadores y piden 'destrabar la inversión', mientras el dengue obliga a intensificar fumigaciones en el poniente. Resumen zamorano: el mosco sí tiene chamba, el mesero no.
Del lado institucional, tuvimos jornada de recomendaciones. El IMSS pidió cuidar el cerebro desde jóvenes controlando diabetes, hipertensión y manteniendo la mente activa; sugerencia que llega justo a tiempo para quienes seguimos las campañas locales sin perder la cordura. Y la Secretaría de Salud emitió consejos para no ahogarse en las playas michoacanas: respetar los banderines de señalización. Ojalá algún día emitan también banderines para la política estatal, porque ahí sí que uno no sabe cuándo hay corriente de resaca.
Mención de honor para Janitzio, que 'invita a vivir la esencia de Michoacán este verano', esa esencia purépecha que resiste lagunas, sexenios y ferias de la pera. Porque al final, entre balaceras que lamentamos, accidentes que dolieron y promesas que ya conocemos, la isla sigue ahí, flotando, tan michoacana como la costumbre de prometer mucho y cosechar poco. Nos leemos mañana, si el temporal —y la clase política— lo permiten.