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El Destiempo

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Ciudad de México Digest 27 de julio de 2026

Utopía con animatronics arriba, distopía en doble fila abajo

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Utopía con animatronics arriba, distopía en doble fila abajo
Ciudad de México amaneció otra vez partida en dos, como un pan que se rebana solito: por arriba, la utopía; por abajo, la fila para entrar y salir del pueblo. La jefa de Gobierno inauguró en San Miguel Topilejo, allá en lo más profundo de Tlalpan, la Utopía Centli, un templo al maíz nativo de cincuenta mil metros cuadrados, doscientos cincuenta y tres millones de pesos, un rodeo incluido y —el detalle que nos tenía a todos en vilo— animatronics. Sí: mientras usted todavía espera la ruta que lo saque de su colonia antes de que anochezca, en Topilejo ya hay elotes robóticos que se mueven solos. El progreso llegó, aunque llegó en forma de mazorca electrónica.

Lo verdaderamente conmovedor fue la promesa. Ante un pueblo que, en palabras de la propia autoridad, "sufre entrar y salir", se ofreció resolver el problema del transporte "de una vez por todas" y se puso fecha: dos meses. Dos meses. En esta ciudad, donde un socavón tarda semanas y una obra hidráulica tarda sexenios, alguien se atrevió a dar una fecha concreta. Uno admira la valentía. Anotamos el compromiso en el calendario, junto al recordatorio de que las promesas de movilidad en Topilejo tienen la costumbre de subir al mismo microbús que nunca pasa.

Y hablando de subir y bajar: el Cablebús vivió su domingo de resurrección. La Línea 3 reanudó servicio habitual este lunes tras desmontar seis torres y examinar rodillos, poleas y balancines con pruebas no destructivas —qué tranquilidad saber que son no destructivas—, mientras la Línea 2 arrancó su revisión anual justo cuando la 3 regresaba, en una coreografía de teleféricos por turnos digna de aplausos. Los usuarios, entre tanto, redescubrieron el arte ancestral de la RTP, que presumió haber recortado sus traslados de cuarenta a veinte minutos. Progreso es que ahora tardas la mitad de lo que tardabas cuando todo estaba peor.

Bajemos al llano, donde la vida real ocurre en doble fila. Afuera de los centros médicos nacionales Siglo XXI y La Raza, pacientes, familiares y personal médico hacen slalom entre coches mal estacionados y puestos de ambulantaje para poder entrar a un hospital. En La Raza, la circulación se reduce a un solo carril y hasta las ambulancias tienen que pedir permiso. Uno llega en urgencia y lo primero que enfrenta no es un doctor: es un quesito y un tamalero. La Alameda Central, por su parte, mantiene su clásico: puestos de comida con mobiliario en pasillos y alrededores, porque en esta ciudad el espacio público es de quien lo instala primero.

En el terreno del pleito político, el agua volvió a mojar a todos. Diputados de Morena acusaron al emecista Salomón Chertorivski de desinformar sobre el gasto en obras hidráulicas sin presentar prueba, y le exigieron disculparse; el titular de Segiagua explicó a detalle que ahí están todos los datos y que existe, textual, "honestidad intelectual". Hermosa categoría. En una ciudad donde el agua a veces no llega, saber que sí llega la honestidad intelectual nos deja con la garganta seca pero el alma tranquila.

Mientras tanto, la alcaldía Cuauhtémoc y la SSC protagonizaron su propio duelo de comunicados. La alcaldía pidió remitir al Ministerio Público a quienes vandalizaron su sede durante una protesta; la policía capitalina respondió que se valoró el contexto de expresión y no los presentó, y los detenidos fueron liberados. La alcaldesa reclamó. Es el eterno debate chilango: ¿dónde termina la libre expresión y dónde empieza la pinta? Spoiler: en el edificio que a cada quien le toca repintar.

Y porque en año preelectoral el reloj corre distinto, el IECM ya suma noventa y nueve quejas por actos anticipados de campaña, casi la mitad contra funcionarios públicos. La consejería dice que la tendencia es "normal". Claro que es normal: en esta ciudad la campaña no empieza ni termina, solo cambia de outfit. Posicionar la imagen antes de tiempo es tan capitalino como el segundo piso y el aguacate a precio de reliquia.

Cerramos con metáfora involuntaria: el socavón de Álvaro Obregón entró en su etapa final de reparación, con cuatro descargas sanitarias ya conectadas a los pozos. Un hoyo que se cierra siempre da esperanza. Ojalá algún día podamos decir lo mismo de la doble fila, del ambulantaje en urgencias y de la ruta que le prometieron a Topilejo. Mientras tanto, arriba los animatronics del maíz siguen saludando, incansables, a un pueblo que todavía espera el camión.