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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 27 de julio de 2026

Bienvenido a urgencias: primero el tamal, luego el doctor

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Bienvenido a urgencias: primero el tamal, luego el doctor
Imagine la escena. Va usted en una emergencia médica, el corazón en la garganta, rumbo al Centro Médico Nacional Siglo XXI o al de La Raza. Llega. Y lo primero que lo recibe no es una camilla ni una enfermera: es un coche estacionado en doble fila, un puesto de quesadillas con su comal humeante y un carril reducido a la mínima expresión. La antesala del hospital, en la Ciudad de México, es un tianguis con ambulancia.

Según el recorrido documentado, afuera de ambos complejos hospitalarios la vía pública se convirtió en estacionamiento salvaje y corredor comercial. En La Raza, en Azcapotzalco, decenas de vehículos permanecen sobre la calle y en algunos tramos la circulación queda en un solo carril, dificultando el tránsito incluso —y aquí es donde deja de ser chistoso— para el paso de las ambulancias. La urgencia esperando a que el señor mueva su nave. Nada más chilango que morirse de la desesperación en fila india.

Uno entiende la lógica del comercio: donde hay gente, hay hambre; donde hay angustia, hay antojo. El ambulantaje tiene un olfato de mercadólogo que ya quisieran las consultoras. Detectó que afuera de un hospital pasan miles de personas nerviosas, cansadas, sin haber comido, y montó su sucursal. Es capitalismo puro aplicado al dolor ajeno. Aplausos para la iniciativa, abucheos para el urbanismo.

Y el coche en doble fila, ese clásico nacional, tampoco perdona. En esta ciudad estacionarse mal no es una infracción, es una declaración de principios: "aquí quepo yo y mi prisa, lo demás se acomoda". Que sea afuera de un hospital, bloqueando a quien lleva a un familiar en camilla, es apenas un daño colateral en la gloriosa cruzada de no caminar dos cuadras.

Lo grave es que no es novedad: es paisaje. Lo vemos, lo esquivamos, lo normalizamos. La Alameda Central mantiene su versión turística del mismo fenómeno, con puestos y mobiliario en pasillos, y nadie se sorprende ya. La banqueta, en esta ciudad, es propiedad de quien la ocupa primero. Ojalá la próxima urgencia sea la de liberar el acceso a las urgencias. Mientras tanto, pásele, pásele: hay lugar en doble fila.