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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Nuevo León Nota 27 de julio de 2026

Cobrapisos con servicio a domicilio: amarrado, con moño de cinta y carta de despido

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Cobrapisos con servicio a domicilio: amarrado, con moño de cinta y carta de despido
En el centro de Monterrey, esa zona donde uno va por unos tacos y termina siendo testigo de la crónica policiaca, apareció un hombre amarrado a un poste con cinta adhesiva. No fue arte urbano ni una nueva campaña de reciclaje: el individuo fue señalado como presunto ladrón y cobrador de piso, y como acompañante llevaba una cartulina con un mensaje anunciando 'tolerancia cero' contra quienes roben o cobren piso en la zona.

Hay que reconocer una cosa: la eficiencia. Mientras cualquier trámite normal en esta ciudad requiere comprobante de domicilio, cita en línea, fila bajo el sol de 39 grados y regresar mañana porque falta un sello, el hampa entregó su comunicado con acuse de recibo pegado al pecho del interesado. Recursos humanos del crimen organizado: contratan, evalúan y finiquitan el mismo día, sin liquidación pero con exhibición.

Desde El Destiempo lo decimos claro y sin ambigüedades: la justicia por propia mano no es justicia, es otro delito con mejor iluminación. Que un poste haga las veces de juzgado no es motivo de aplauso, es síntoma de un tejido donde los grupos que 'limpian' calles suelen ser los mismos que las ensuciaron. La cartulina con moralina no convierte a nadie en héroe; convierte una banqueta en escenario.

Pero el mensaje de fondo, involuntariamente, retrata al centro regio: un lugar donde el cobro de piso es tan cotidiano que hasta tiene facciones rivales dándose recomendaciones de conducta. La pregunta que queda flotando sobre el poste no es quién amarró a quién, sino por qué el primer cuadro de la sexta ciudad más grande del país sigue siendo un mercado donde alguien cobra por dejarte trabajar. Mientras eso no cambie, seguiremos coleccionando postales de cinta adhesiva y cartulinas con faltas de ortografía. La tolerancia cero, por lo visto, la aplica todo mundo menos quien debería.