Antidoping a los agentes viales de Juárez: 41 pruebas, un positivo y una baja
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La Secretaría de Seguridad Pública Municipal de Ciudad Juárez decidió aplicar exámenes antidoping a sus agentes de Seguridad Vial, en una revisión aleatoria de 41 pruebas. El resultado: uno salió positivo y será dado de baja. La noticia se agradece, se aplaude y se archiva bajo el rubro de "cosas que uno prefería no tener que celebrar, pero celebra".
Porque hay algo profundamente instructivo en el orden de los factores. El agente de Seguridad Vial es, por definición, la autoridad que te detiene cuando cometes una imprudencia al volante, que te sermonea sobre la responsabilidad, que te recuerda que un vehículo no es un juguete. Enterarse de que a esa misma figura hubo que hacerle su propio examen para verificar que llegara en condiciones a repartir infracciones, tiene un sabor entre tranquilizador e inquietante que no todos los días se saborea.
El secretario del ramo informó las cifras con la naturalidad del que hace la tarea: 41 pruebas, una positiva, un elemento fuera. Y ese profesionalismo, hay que decirlo, es exactamente lo correcto. Depurar una corporación es señal de salud, no de enfermedad; una institución que se anima a revisarse en el espejo vale mil veces más que una que prefiere no preguntar para no encontrar. Nadie debería aplaudir menos por eso.
Lo que sí invita a la reflexión es la estadística fría. Cuarenta y uno menos uno da cuarenta agentes que salieron limpios, un panorama mayoritariamente decente. Pero también recuerda que la vigilancia del que vigila no es un lujo burocrático: es la única forma de que la ciudadanía crea, con algo de fundamento, que la mano que levanta la infracción está firme por las razones correctas.
Así que bien por Juárez, que se atrevió a hacerse la prueba y a publicar el resultado con nombre y número. Ojalá cunda el ejemplo y el examen se vuelva costumbre, no evento. Porque en una ciudad donde la imprudencia al volante sigue cobrando vidas, lo mínimo que uno espera del que porta el silbato es que haya pasado, él primero, el mismo filtro que quiere imponernos a los demás.
Porque hay algo profundamente instructivo en el orden de los factores. El agente de Seguridad Vial es, por definición, la autoridad que te detiene cuando cometes una imprudencia al volante, que te sermonea sobre la responsabilidad, que te recuerda que un vehículo no es un juguete. Enterarse de que a esa misma figura hubo que hacerle su propio examen para verificar que llegara en condiciones a repartir infracciones, tiene un sabor entre tranquilizador e inquietante que no todos los días se saborea.
El secretario del ramo informó las cifras con la naturalidad del que hace la tarea: 41 pruebas, una positiva, un elemento fuera. Y ese profesionalismo, hay que decirlo, es exactamente lo correcto. Depurar una corporación es señal de salud, no de enfermedad; una institución que se anima a revisarse en el espejo vale mil veces más que una que prefiere no preguntar para no encontrar. Nadie debería aplaudir menos por eso.
Lo que sí invita a la reflexión es la estadística fría. Cuarenta y uno menos uno da cuarenta agentes que salieron limpios, un panorama mayoritariamente decente. Pero también recuerda que la vigilancia del que vigila no es un lujo burocrático: es la única forma de que la ciudadanía crea, con algo de fundamento, que la mano que levanta la infracción está firme por las razones correctas.
Así que bien por Juárez, que se atrevió a hacerse la prueba y a publicar el resultado con nombre y número. Ojalá cunda el ejemplo y el examen se vuelva costumbre, no evento. Porque en una ciudad donde la imprudencia al volante sigue cobrando vidas, lo mínimo que uno espera del que porta el silbato es que haya pasado, él primero, el mismo filtro que quiere imponernos a los demás.