Cien de transparencia, cero de semáforos y una jirafa con dos versiones oficiales
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Hay días en que Guanajuato amanece contradiciéndose a sí mismo con una elegancia que ya quisiera un debate presidencial. Hoy es uno de esos. Mientras un municipio presume calificación perfecta, otro no puede mantener sus semáforos en pie; mientras el estado promete carreteras de lujo, la colonia El Rocío junta baches como quien colecciona timbres. Bienvenidos al Bajío, donde todo funciona a la perfección, siempre y cuando no lo revise usted personalmente.
Empecemos por la nota que resume el alma burocrática de la entidad: Irapuato obtuvo 100 puntos en la evaluación nacional de armonización contable, el famoso SEvAC, y se convirtió en el único municipio del estado con calificación perfecta en toda su administración pública. Cien redonditos. Ni un decimal de duda. Uno se imagina al contador municipal recibiendo el diploma con lágrima en el ojo mientras el resto de los 45 municipios finge que se le cayó la pluma. Enhorabuena por la contabilidad impecable; ahora solo falta que esa misma perfección se contagie al bache de la esquina, que sigue reprobando en materia de pavimento.
Hablando de pavimento: el Gobierno del Estado anunció 939.7 millones de pesos para conservar carreteras en los 46 municipios, un 50% más que el año pasado. Bacheo, renivelaciones, sellado de grietas, desazolve, deshierbe y hasta repintado de rayitas. Suena hermoso, casi bíblico. El problema es que en Salamanca los vecinos del camino viejo a San Juan de Razos llevan tanto tiempo esquivando cráteres que ya podrían dar clases de manejo evasivo, y los motociclistas han pagado la factura con accidentes. La ecuación es sencilla: mil millones de pesos anunciados desde un estudio de televisión valen menos que un metro cúbico de asfalto puesto donde arde. Ojalá el 50% de aumento no sea solo en el presupuesto de los banderazos.
Y ya que hablamos de tecnología urbana, pasemos a Salamanca, donde la Fiscalía investiga un sabotaje técnico a la red de semáforos. Sí, leyó bien: alguien con conocimientos especializados anda apagando los semáforos con afectaciones recurrentes. En un país donde el crimen suele ser rudimentario, Salamanca produjo su propio villano con posgrado en electrónica. Lo preocupante no es que existan malandros ingeniosos; es que su ingenio se aplique al único semáforo que separaba el orden del caos vial. Si ese talento se dedicara a arreglar el Pozo 7, otra sería la historia del agua salmantina.
Salamanca, por cierto, no descansa: hasta 4,500 autotanques al mes saturan los accesos a la refinería, generando riesgos y demandas de reordenamiento. Es decir, la ciudad convive con un desfile permanente de pipas gigantes como quien vive junto a un río que en vez de agua trae combustible. Cuando además le suman apagones por una red eléctrica que un reportaje calificó de obsoleta y con pérdidas millonarias, uno entiende que en el noreste del estado la luz es más una sugerencia que un servicio.
En León, mientras tanto, el debate del día no fue político sino zoológico. El Parque de la Vida confirmó la muerte de una jirafa reticulada, y aquí empezó el drama: la directora del zoológico aseguró que fue por broncoaspiración y descartó tajantemente la descarga eléctrica; una regidora, en cambio, sostuvo que el animal se electrocutó tras un apagón y que el accidente pudo prevenirse. Dos autoridades, dos versiones, una sola jirafa que ya no puede opinar. Es el clásico guanajuatense: no hay tragedia lo bastante triste como para que dos funcionarios no la conviertan en conferencia de prensa cruzada. Sea cual sea la causa, el resultado es el mismo, y ni el technicolor más generoso salva ese desenlace.
El calendario, generoso, trae también consuelo: el 31 de julio se celebra el Día de La Cueva en Guanajuato capital, con 410 años de la festividad de San Ignacio de Loyola, operativo de seguridad incluido. Y en León el Festival de Verano ya rebasó los 700 mil visitantes y va por el millón. La cultura y la fiesta gozan de cabal salud; es el resto de la infraestructura la que anda medio delicada.
Cierro con una postal que retrata la contradicción perfecta: en Irapuato, tras un accidente mortal, el mirador del Cuarto Cinturón Vial sigue con basura, alcohol y sin vigilancia permanente. Un municipio con 100 de calificación en transparencia contable, pero con un mirador donde la única cosa transparente son las botellas vacías. Guanajuato no falla en los papeles; falla en la banqueta. Y mientras no aprendamos a poner los mil millones donde está el bache y la vigilancia donde está el riesgo, seguiremos siendo el estado de la calificación perfecta y el semáforo apagado.
Empecemos por la nota que resume el alma burocrática de la entidad: Irapuato obtuvo 100 puntos en la evaluación nacional de armonización contable, el famoso SEvAC, y se convirtió en el único municipio del estado con calificación perfecta en toda su administración pública. Cien redonditos. Ni un decimal de duda. Uno se imagina al contador municipal recibiendo el diploma con lágrima en el ojo mientras el resto de los 45 municipios finge que se le cayó la pluma. Enhorabuena por la contabilidad impecable; ahora solo falta que esa misma perfección se contagie al bache de la esquina, que sigue reprobando en materia de pavimento.
Hablando de pavimento: el Gobierno del Estado anunció 939.7 millones de pesos para conservar carreteras en los 46 municipios, un 50% más que el año pasado. Bacheo, renivelaciones, sellado de grietas, desazolve, deshierbe y hasta repintado de rayitas. Suena hermoso, casi bíblico. El problema es que en Salamanca los vecinos del camino viejo a San Juan de Razos llevan tanto tiempo esquivando cráteres que ya podrían dar clases de manejo evasivo, y los motociclistas han pagado la factura con accidentes. La ecuación es sencilla: mil millones de pesos anunciados desde un estudio de televisión valen menos que un metro cúbico de asfalto puesto donde arde. Ojalá el 50% de aumento no sea solo en el presupuesto de los banderazos.
Y ya que hablamos de tecnología urbana, pasemos a Salamanca, donde la Fiscalía investiga un sabotaje técnico a la red de semáforos. Sí, leyó bien: alguien con conocimientos especializados anda apagando los semáforos con afectaciones recurrentes. En un país donde el crimen suele ser rudimentario, Salamanca produjo su propio villano con posgrado en electrónica. Lo preocupante no es que existan malandros ingeniosos; es que su ingenio se aplique al único semáforo que separaba el orden del caos vial. Si ese talento se dedicara a arreglar el Pozo 7, otra sería la historia del agua salmantina.
Salamanca, por cierto, no descansa: hasta 4,500 autotanques al mes saturan los accesos a la refinería, generando riesgos y demandas de reordenamiento. Es decir, la ciudad convive con un desfile permanente de pipas gigantes como quien vive junto a un río que en vez de agua trae combustible. Cuando además le suman apagones por una red eléctrica que un reportaje calificó de obsoleta y con pérdidas millonarias, uno entiende que en el noreste del estado la luz es más una sugerencia que un servicio.
En León, mientras tanto, el debate del día no fue político sino zoológico. El Parque de la Vida confirmó la muerte de una jirafa reticulada, y aquí empezó el drama: la directora del zoológico aseguró que fue por broncoaspiración y descartó tajantemente la descarga eléctrica; una regidora, en cambio, sostuvo que el animal se electrocutó tras un apagón y que el accidente pudo prevenirse. Dos autoridades, dos versiones, una sola jirafa que ya no puede opinar. Es el clásico guanajuatense: no hay tragedia lo bastante triste como para que dos funcionarios no la conviertan en conferencia de prensa cruzada. Sea cual sea la causa, el resultado es el mismo, y ni el technicolor más generoso salva ese desenlace.
El calendario, generoso, trae también consuelo: el 31 de julio se celebra el Día de La Cueva en Guanajuato capital, con 410 años de la festividad de San Ignacio de Loyola, operativo de seguridad incluido. Y en León el Festival de Verano ya rebasó los 700 mil visitantes y va por el millón. La cultura y la fiesta gozan de cabal salud; es el resto de la infraestructura la que anda medio delicada.
Cierro con una postal que retrata la contradicción perfecta: en Irapuato, tras un accidente mortal, el mirador del Cuarto Cinturón Vial sigue con basura, alcohol y sin vigilancia permanente. Un municipio con 100 de calificación en transparencia contable, pero con un mirador donde la única cosa transparente son las botellas vacías. Guanajuato no falla en los papeles; falla en la banqueta. Y mientras no aprendamos a poner los mil millones donde está el bache y la vigilancia donde está el riesgo, seguiremos siendo el estado de la calificación perfecta y el semáforo apagado.