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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 28 de julio de 2026

Salamanca, la única ciudad donde el crimen tiene certificado técnico

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Salamanca, la única ciudad donde el crimen tiene certificado técnico
En materia de delincuencia, Salamanca acaba de subir de nivel. Mientras en otros lados el vandalismo se resuelve con una piedra y buena puntería, aquí la Fiscalía investiga un sabotaje técnico a la red de semáforos, cometido —según la propia autoridad— por personas con conocimientos técnicos y con afectaciones recurrentes. Es decir, no fue un rayo, no fue una falla, no fue la lluvia: fue alguien que sabe exactamente qué cablecito tocar.

Hay algo casi ofensivo en la noticia. Uno se resigna a que el talento se fugue del Bajío rumbo a las armadoras, a Estados Unidos o al freestyle. Lo que no esperaba es que un ingeniero frustrado decidiera invertir su preparación en dejar a oscuras los cruceros de su propia ciudad. En Salamanca el problema ya no es la falta de especialistas: es que el especialista trabaja para el bando equivocado.

Piénselo con calma. La palabra 'recurrentes' es la que duele. No fue una travesura de una noche; es una relación estable entre el saboteador y los semáforos, casi un matrimonio. Alguien despierta, desayuna y decide, con método y conocimiento, apagarle las luces al tránsito salmantino. Y lo hace bien, porque si lo hiciera mal la Fiscalía no diría 'con conocimientos técnicos', diría 'aficionado con suerte'.

La ironía se pone gruesa cuando uno recuerda el contexto: la misma región donde hasta 4,500 autotanques al mes saturan los accesos a la refinería, donde los apagones exhiben una red eléctrica descrita como obsoleta y donde el Pozo 7 necesita mantenimiento. En ese escenario, un semáforo funcionando era casi un milagro urbano. Y llegó el genio local a cancelarlo.

Que quede claro para no calumniar a nadie: la Fiscalía apenas investiga y no hay responsables señalados con nombre. Pero el retrato hablado que la propia autoridad ofrece —alguien capacitado, reincidente y con método— dibuja a un personaje digno de novela: el saboteador ilustrado, el vándalo con currículum. A Salamanca solo le faltaría que, cuando lo encuentren, resulte que también deja reseñas de cinco estrellas de sus propias fechorías.

Mientras tanto, el automovilista salmantino maneja los cruceros a la antigüita: rezando, asomando la trompa del coche y confiando en la buena fe del de enfrente. Un método que, curiosamente, en esta ciudad ha resultado más confiable que el semáforo. Ojalá la Fiscalía resuelva pronto, no vaya a ser que el talento saboteador también consiga calificación perfecta.