Irapuato saca 100 en transparencia; el bache pide revisión de calificaciones
Tamaño de letra
Felicidades, Irapuato: acabas de lograr algo que muy pocos consiguen en la vida escolar y prácticamente nadie en la administración pública. Cien puntos. La calificación perfecta en el Sistema de Evaluaciones de la Armonización Contable, el SEvAC, durante el primer periodo de 2026. Y no solo la administración municipal: también sus nueve organismos públicos descentralizados sacaron el diez cerrado. Un pleno. Un boletín de esos que se pegan en el refrigerador.
Según el propio gobierno, Irapuato es el único municipio de Guanajuato que alcanzó esta hazaña en la totalidad de su aparato público. Es decir, mientras 45 municipios andan raspando el aprobatorio, aquí todos formaron con la camisa fajada y la tarea impecable. El CONAC, la Auditoría Superior de la Federación, el CACEG y la ASEG dan fe: la contabilidad está armonizada como coro de iglesia.
Y conste que no es poca cosa. La armonización contable suena aburrida hasta que uno recuerda que significa que las cuentas cuadran, que el dinero se registra donde debe y que un ciudadano curioso, en teoría, puede seguirle la pista al peso. En un país donde la opacidad es deporte nacional, un municipio que documenta todo merece su aplauso sincero. Este párrafo va en serio: bien por la disciplina.
Ahora, permítanme el respingo obligatorio. Porque el mismo Irapuato de la contabilidad perfecta es el municipio donde, tras un accidente mortal, el mirador del Cuarto Cinturón Vial sigue con basura, consumo de alcohol y sin vigilancia permanente. Cien de calificación en el papel; incompleto en la banqueta. La transparencia es admirable, pero se aprecia más cuando también se transparenta el bote de basura del mirador.
Ahí está la eterna paradoja guanajuatense: somos campeones del expediente y aprendices del terreno. La hoja de cálculo brilla, el Excel canta, y a tres kilómetros el vecino esquiva vidrios rotos en un mirador sin vigilancia. Nadie dice que un logro cancele al otro; se pueden tener las dos cosas. El punto es que la calificación perfecta en contabilidad no baja un solo gramo de basura ni pone una sola patrulla donde ya hubo un muerto.
Así que sirva esta nota de doble propósito: reconocimiento genuino por el 100 —que se presume con razón— y recordatorio cariñoso de que el examen de la vida real no lo aplica el CACEG, lo aplica el ciudadano que camina el mirador un sábado por la noche. Ese examen, por ahora, sigue pendiente de recalificación. Y ese sí que no se arma con una hoja de armonización.
Según el propio gobierno, Irapuato es el único municipio de Guanajuato que alcanzó esta hazaña en la totalidad de su aparato público. Es decir, mientras 45 municipios andan raspando el aprobatorio, aquí todos formaron con la camisa fajada y la tarea impecable. El CONAC, la Auditoría Superior de la Federación, el CACEG y la ASEG dan fe: la contabilidad está armonizada como coro de iglesia.
Y conste que no es poca cosa. La armonización contable suena aburrida hasta que uno recuerda que significa que las cuentas cuadran, que el dinero se registra donde debe y que un ciudadano curioso, en teoría, puede seguirle la pista al peso. En un país donde la opacidad es deporte nacional, un municipio que documenta todo merece su aplauso sincero. Este párrafo va en serio: bien por la disciplina.
Ahora, permítanme el respingo obligatorio. Porque el mismo Irapuato de la contabilidad perfecta es el municipio donde, tras un accidente mortal, el mirador del Cuarto Cinturón Vial sigue con basura, consumo de alcohol y sin vigilancia permanente. Cien de calificación en el papel; incompleto en la banqueta. La transparencia es admirable, pero se aprecia más cuando también se transparenta el bote de basura del mirador.
Ahí está la eterna paradoja guanajuatense: somos campeones del expediente y aprendices del terreno. La hoja de cálculo brilla, el Excel canta, y a tres kilómetros el vecino esquiva vidrios rotos en un mirador sin vigilancia. Nadie dice que un logro cancele al otro; se pueden tener las dos cosas. El punto es que la calificación perfecta en contabilidad no baja un solo gramo de basura ni pone una sola patrulla donde ya hubo un muerto.
Así que sirva esta nota de doble propósito: reconocimiento genuino por el 100 —que se presume con razón— y recordatorio cariñoso de que el examen de la vida real no lo aplica el CACEG, lo aplica el ciudadano que camina el mirador un sábado por la noche. Ese examen, por ahora, sigue pendiente de recalificación. Y ese sí que no se arma con una hoja de armonización.