Los verdaderos titulares del estado: gatos, ardillas y un tlacuache toman la COFOM
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Hay noticias que ordenan el mundo y otras que lo explican. Ésta lo explica todo. El Instituto Municipal de Protección Animal informó que las instalaciones de la Comisión Forestal del Estado son consideradas 'foco rojo' en la proliferación de gatos, y que durante una jornada de trabajo tuvieron que atender no solo michis, sino también ardillas y tlacuaches. Léase de nuevo: una dependencia estatal alcanzó rango de santuario silvestre sin necesidad de decreto, permiso ni corte de listón.
Uno intenta imaginar la escena y le sale sola: pasillos institucionales donde el organigrama real ya no cuelga de la pared, sino que camina de puntitas, ronronea sobre los archiveros y decide qué expediente se firma hoy y cuál se firma 'al ratito'. Si en la COFOM las cosas se mueven despacio, ahora sabemos por qué: nadie en su sano juicio despierta a un gato que lleva tres administraciones dormido sobre los oficios pendientes.
El detalle de las ardillas y el tlacuache eleva la anécdota a categoría de parábola. Porque una cosa es tener gatos —eso le pasa a cualquier oficina con corazón— y otra muy distinta es haberse convertido en reserva de fauna urbana con nómina de facto. El tlacuache, animal que en Michoacán tiene más historia que muchos funcionarios, se paseó por la dependencia forestal como diciendo: aquí sí me representan.
Lo bonito es que el IMPA hace su trabajo con seriedad: atiende, esteriliza, promueve el bienestar animal y pone el foco donde hace falta. El chiste no va contra ellos, va contra la poesía involuntaria de que el edificio encargado de cuidar los bosques del estado sea, él mismo, un pequeño bosque con techo y aire acondicionado. La naturaleza siempre encuentra el camino, y en este caso el camino pasaba por la recepción.
Mientras el resto de Michoacán discute presas, combis y candidaturas, en la COFOM ya resolvieron la pregunta más profunda de la administración pública: ¿quién manda de verdad? Manda quien duerme sobre el escritorio y no le rinde cuentas a nadie. Larga vida a la nueva jefatura de cuatro patas. Ojalá firmen rápido.
Uno intenta imaginar la escena y le sale sola: pasillos institucionales donde el organigrama real ya no cuelga de la pared, sino que camina de puntitas, ronronea sobre los archiveros y decide qué expediente se firma hoy y cuál se firma 'al ratito'. Si en la COFOM las cosas se mueven despacio, ahora sabemos por qué: nadie en su sano juicio despierta a un gato que lleva tres administraciones dormido sobre los oficios pendientes.
El detalle de las ardillas y el tlacuache eleva la anécdota a categoría de parábola. Porque una cosa es tener gatos —eso le pasa a cualquier oficina con corazón— y otra muy distinta es haberse convertido en reserva de fauna urbana con nómina de facto. El tlacuache, animal que en Michoacán tiene más historia que muchos funcionarios, se paseó por la dependencia forestal como diciendo: aquí sí me representan.
Lo bonito es que el IMPA hace su trabajo con seriedad: atiende, esteriliza, promueve el bienestar animal y pone el foco donde hace falta. El chiste no va contra ellos, va contra la poesía involuntaria de que el edificio encargado de cuidar los bosques del estado sea, él mismo, un pequeño bosque con techo y aire acondicionado. La naturaleza siempre encuentra el camino, y en este caso el camino pasaba por la recepción.
Mientras el resto de Michoacán discute presas, combis y candidaturas, en la COFOM ya resolvieron la pregunta más profunda de la administración pública: ¿quién manda de verdad? Manda quien duerme sobre el escritorio y no le rinde cuentas a nadie. Larga vida a la nueva jefatura de cuatro patas. Ojalá firmen rápido.