Conagua abre más la llave de Cointzio y jura que es 'sin riesgo': relájese, moreliano
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La Comisión Nacional del Agua, delegación Michoacán, nos regaló una de esas noticias que vienen con instrucciones emocionales incluidas. Anunció que aumentará el desfogue controlado de la presa de Cointzio —de cuatro a siete metros cúbicos por segundo— por las fuertes lluvias de los últimos días, y remató con la frase mágica: sin riesgo alguno para los habitantes de Morelia y municipios aledaños. Ya puede usted respirar. O al menos así lo indica el boletín.
Es de admirarse la fe que las autoridades hidráulicas depositan en el poder tranquilizador de un adjetivo. 'Controlado' hace milagros: convierte casi el doble de agua saliendo de una presa en un dato meramente informativo, como quien avisa que subió el precio del kilo de tortilla. El delegado Luis Roberto Arias Reyes lo explicó con calma técnica, y uno entiende la lógica: si llueve mucho, la presa se llena; si se llena, hay que soltar; y si hay que soltar, mejor decirlo con voz suave para que nadie corra por el flotador.
El problema no es la decisión, que es sensata y probablemente necesaria. El problema es la coreografía verbal. En Michoacán, temporada de lluvias, 'sin riesgo para la población' es una frase que activa por reflejo el instinto de subir las cosas a la parte alta de la casa. No por desconfianza, sino por experiencia: aquí el cielo tiene su propio calendario y rara vez consulta el boletín oficial antes de vaciarse sobre la ciudad.
Mientras Cointzio suelta más agua con toda la tranquilidad del mundo, en otra esquina de Morelia el dren Itzcuaros sigue sin bajar su afluencia a pesar de los bombeos. Es decir, tenemos una presa que abre la llave 'sin riesgo' y un dren que no la cierra ni a la mala. El equilibrio hídrico de la capital michoacana es una negociación permanente entre lo que entra, lo que sale y lo que decide desbordarse por su cuenta.
Así que hágale caso a la Conagua: no hay riesgo. Solo hay más agua, más rápido, saliendo de un lugar muy grande, en plena temporada de lluvias, en una ciudad que conoce de memoria lo que significa 'creciente'. Todo controlado. Duerma tranquilo, moreliano, pero deje las chanclas cerca de la cama. Por si el adjetivo no alcanza.
Es de admirarse la fe que las autoridades hidráulicas depositan en el poder tranquilizador de un adjetivo. 'Controlado' hace milagros: convierte casi el doble de agua saliendo de una presa en un dato meramente informativo, como quien avisa que subió el precio del kilo de tortilla. El delegado Luis Roberto Arias Reyes lo explicó con calma técnica, y uno entiende la lógica: si llueve mucho, la presa se llena; si se llena, hay que soltar; y si hay que soltar, mejor decirlo con voz suave para que nadie corra por el flotador.
El problema no es la decisión, que es sensata y probablemente necesaria. El problema es la coreografía verbal. En Michoacán, temporada de lluvias, 'sin riesgo para la población' es una frase que activa por reflejo el instinto de subir las cosas a la parte alta de la casa. No por desconfianza, sino por experiencia: aquí el cielo tiene su propio calendario y rara vez consulta el boletín oficial antes de vaciarse sobre la ciudad.
Mientras Cointzio suelta más agua con toda la tranquilidad del mundo, en otra esquina de Morelia el dren Itzcuaros sigue sin bajar su afluencia a pesar de los bombeos. Es decir, tenemos una presa que abre la llave 'sin riesgo' y un dren que no la cierra ni a la mala. El equilibrio hídrico de la capital michoacana es una negociación permanente entre lo que entra, lo que sale y lo que decide desbordarse por su cuenta.
Así que hágale caso a la Conagua: no hay riesgo. Solo hay más agua, más rápido, saliendo de un lugar muy grande, en plena temporada de lluvias, en una ciudad que conoce de memoria lo que significa 'creciente'. Todo controlado. Duerma tranquilo, moreliano, pero deje las chanclas cerca de la cama. Por si el adjetivo no alcanza.