Fidel y el Che volverán en bronce: dirección reservada, banca opcional
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En la larga tradición capitalina de mover cosas para no tener problemas, el Gobierno de la Ciudad de México anunció una obra pública con guion de telenovela: volverá a construir las esculturas de Fidel Castro y Ernesto 'Che' Guevara. Aquellas figuras de tamaño real que estaban sentadas, muy a gusto, en una banca del jardín de la plaza de San Carlos, en la Tabacalera, hasta que el año pasado la alcaldesa de Cuauhtémoc ordenó retirarlas.
Ahora regresan. La titular del Ejecutivo local lo confirmó con una frase que merece placa conmemorativa: se instalarán en otro punto de la capital 'para que no tengamos ya problemas de este tipo'. Es decir, la solución al conflicto no es dialogar sobre las estatuas, sino cambiarlas de banqueta. La diplomacia del reacomodo.
Lo demás quedó en el terreno del misterio artístico. No se sabe la fecha de presentación, ni el tamaño de las figuras, ni si serán réplica exacta de las retiradas, ni con qué material se harán, ni —el detalle que quita el sueño— si volverán a aparecer juntas y sentadas en una banca. La Secretaría de Cultura tendrá el encargo. El resto es suspenso.
Uno imagina la logística: dos revolucionarios en bronce esperando en una bodega su nueva ubicación, como esos muebles que uno no sabe dónde poner después de la mudanza. ¿Los sentamos otra vez? ¿Los paramos? ¿Los ponemos donde no incomoden a nadie, que en esta ciudad es prácticamente el fondo del mar? Reservar los detalles de una obra pública para 'evitar problemas' es admitir que hasta el arte necesita programa de protección a testigos.
Hay algo entrañable en un gobierno que resuelve la polémica de dos figuras históricas prometiendo que reaparecerán, pero sin decir cuándo ni dónde, como quien anuncia una sorpresa de cumpleaños que quizá llegue en tres años. Mientras tanto, la banca original de San Carlos quedó libre. Aprovéchenla: es de las pocas superficies de la Tabacalera que hoy no está en disputa, en obra o reservada. Siéntese usted, ciudadano de a pie, que para eso las bancas nunca piden identificación ni generan conferencia de prensa.
Ahora regresan. La titular del Ejecutivo local lo confirmó con una frase que merece placa conmemorativa: se instalarán en otro punto de la capital 'para que no tengamos ya problemas de este tipo'. Es decir, la solución al conflicto no es dialogar sobre las estatuas, sino cambiarlas de banqueta. La diplomacia del reacomodo.
Lo demás quedó en el terreno del misterio artístico. No se sabe la fecha de presentación, ni el tamaño de las figuras, ni si serán réplica exacta de las retiradas, ni con qué material se harán, ni —el detalle que quita el sueño— si volverán a aparecer juntas y sentadas en una banca. La Secretaría de Cultura tendrá el encargo. El resto es suspenso.
Uno imagina la logística: dos revolucionarios en bronce esperando en una bodega su nueva ubicación, como esos muebles que uno no sabe dónde poner después de la mudanza. ¿Los sentamos otra vez? ¿Los paramos? ¿Los ponemos donde no incomoden a nadie, que en esta ciudad es prácticamente el fondo del mar? Reservar los detalles de una obra pública para 'evitar problemas' es admitir que hasta el arte necesita programa de protección a testigos.
Hay algo entrañable en un gobierno que resuelve la polémica de dos figuras históricas prometiendo que reaparecerán, pero sin decir cuándo ni dónde, como quien anuncia una sorpresa de cumpleaños que quizá llegue en tres años. Mientras tanto, la banca original de San Carlos quedó libre. Aprovéchenla: es de las pocas superficies de la Tabacalera que hoy no está en disputa, en obra o reservada. Siéntese usted, ciudadano de a pie, que para eso las bancas nunca piden identificación ni generan conferencia de prensa.