La UNAM y el examen en línea: la trampa se hizo con IA, pero el enojo es muy humano
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El examen de admisión a licenciatura de la UNAM, aplicado en línea, terminó convertido en un problema con todas las de la ley: aspirantes rechazados y familiares marchando en Ciudad Universitaria, pliego petitorio en Rectoría y una consigna que resume la época: 'no es justo que la IA tenga un lugar'. Nunca una frase había capturado tan bien el ánimo del país.
Los hechos, sin adornos: la Universidad suspendió provisionalmente inscripciones de aspirantes señalados por presuntamente usar Inteligencia Artificial en la prueba, mientras otros exigen anular todo el proceso y reponerlo de manera presencial por presuntas fallas técnicas. El rector instruyó un informe detallado y una comisión técnica de especialistas. Dos comunicados, una marcha desde el Metro Universidad y el Metrobús CU, y la explanada de la Biblioteca Central como punto de reunión. La Máxima Casa de Estudios investigándose a sí misma: la autonomía en su versión más literal.
El detalle que duele viene con calculadora. Quien pierda su lugar y tenga que irse a una privada puede enfrentar una carrera de entre 130 mil y 950 mil pesos, según un reporte citado de una universidad particular. Es decir: la trampa la habría hecho un algoritmo, pero la factura la paga una familia de carne, hueso y quincena. El robot no repite año; usted sí.
Hay una ironía fina en todo esto. Durante años se nos prometió que la Inteligencia Artificial venía a resolver problemas humanos, y su primera gran hazaña nacional fue meterse a un examen para quitarle el lugar a un bachiller. La tecnología del futuro, estrenándose en el pasatiempo más antiguo de México: brincarse la fila.
Entre banderas de 'fuera los tramposos', padres de familia y aspirantes que llevan meses estudiando, la escena tiene poco de ciencia ficción y mucho de asamblea universitaria de siempre. La UNAM promete transparencia, revisión y comisión. Los aspirantes piden lo básico: que el examen lo contesten personas y que las personas —no los servidores— decidan quién entra. Suena razonable. Ojalá la comisión técnica trabaje con la misma velocidad con la que se llenó la explanada, porque el ciclo escolar no espera y las colegiaturas privadas, mucho menos.
Los hechos, sin adornos: la Universidad suspendió provisionalmente inscripciones de aspirantes señalados por presuntamente usar Inteligencia Artificial en la prueba, mientras otros exigen anular todo el proceso y reponerlo de manera presencial por presuntas fallas técnicas. El rector instruyó un informe detallado y una comisión técnica de especialistas. Dos comunicados, una marcha desde el Metro Universidad y el Metrobús CU, y la explanada de la Biblioteca Central como punto de reunión. La Máxima Casa de Estudios investigándose a sí misma: la autonomía en su versión más literal.
El detalle que duele viene con calculadora. Quien pierda su lugar y tenga que irse a una privada puede enfrentar una carrera de entre 130 mil y 950 mil pesos, según un reporte citado de una universidad particular. Es decir: la trampa la habría hecho un algoritmo, pero la factura la paga una familia de carne, hueso y quincena. El robot no repite año; usted sí.
Hay una ironía fina en todo esto. Durante años se nos prometió que la Inteligencia Artificial venía a resolver problemas humanos, y su primera gran hazaña nacional fue meterse a un examen para quitarle el lugar a un bachiller. La tecnología del futuro, estrenándose en el pasatiempo más antiguo de México: brincarse la fila.
Entre banderas de 'fuera los tramposos', padres de familia y aspirantes que llevan meses estudiando, la escena tiene poco de ciencia ficción y mucho de asamblea universitaria de siempre. La UNAM promete transparencia, revisión y comisión. Los aspirantes piden lo básico: que el examen lo contesten personas y que las personas —no los servidores— decidan quién entra. Suena razonable. Ojalá la comisión técnica trabaje con la misma velocidad con la que se llenó la explanada, porque el ciclo escolar no espera y las colegiaturas privadas, mucho menos.