Licencia permanente: corra a formarse, que el 31 de diciembre baja la cortina
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La Ciudad de México le puso fecha de caducidad a uno de sus trámites más queridos: la licencia permanente para conducir. Durante la presentación de las finanzas públicas del segundo trimestre, las autoridades capitalinas confirmaron que el programa se acaba y que a partir de 2027 ese documento 'ya no se expedirá'. El registro para obtenerla estará disponible únicamente hasta el 31 de diciembre de 2026.
La recomendación oficial fue de manual: haga el trámite con anticipación para evitar saturaciones en los últimos meses. Traducción realista: prepárese para que todo mundo llegue el 30 de diciembre a las 11 de la noche, porque así hemos hecho las cosas siempre y no vamos a cambiar por una simple fecha límite. La palabra 'permanente' aplica para la licencia; para el trámite, no tanto.
Hay que reconocerle el timing al anuncio: llegó envuelto en buenas noticias fiscales. La ciudad recaudó por encima de lo previsto y extendió descuentos de predial, agua y multas viejas. En medio de esa fiesta de la regularización, un pequeño recordatorio de que lo permanente tiene su asterisco. Nada es para siempre, ni siquiera lo que se llama así.
El documento tiene fans acérrimos: quien lo saca una vez ya no vuelve a pisar el módulo, no repite examen, no renueva. Es el sueño burocrático mexicano: pagar una sola vez y no volver a ver a la autoridad nunca más. Por eso el aviso genera cierta melancolía. Se va no un trámite, sino una filosofía de vida.
Así que la instrucción es clara. Si usted maneja, o piensa manejar, o simplemente quiere coleccionar plásticos que digan 'permanente' antes de que la palabra pierda su gracia, tiene hasta fin de año. Después, tocará acostumbrarse a la renovación periódica, ese ritual que nos recuerda que en esta ciudad casi nada es eterno: ni las estatuas, ni los puestos de la Alameda, ni las licencias. Lo único verdaderamente permanente, ya lo sabe usted, es el predial.
La recomendación oficial fue de manual: haga el trámite con anticipación para evitar saturaciones en los últimos meses. Traducción realista: prepárese para que todo mundo llegue el 30 de diciembre a las 11 de la noche, porque así hemos hecho las cosas siempre y no vamos a cambiar por una simple fecha límite. La palabra 'permanente' aplica para la licencia; para el trámite, no tanto.
Hay que reconocerle el timing al anuncio: llegó envuelto en buenas noticias fiscales. La ciudad recaudó por encima de lo previsto y extendió descuentos de predial, agua y multas viejas. En medio de esa fiesta de la regularización, un pequeño recordatorio de que lo permanente tiene su asterisco. Nada es para siempre, ni siquiera lo que se llama así.
El documento tiene fans acérrimos: quien lo saca una vez ya no vuelve a pisar el módulo, no repite examen, no renueva. Es el sueño burocrático mexicano: pagar una sola vez y no volver a ver a la autoridad nunca más. Por eso el aviso genera cierta melancolía. Se va no un trámite, sino una filosofía de vida.
Así que la instrucción es clara. Si usted maneja, o piensa manejar, o simplemente quiere coleccionar plásticos que digan 'permanente' antes de que la palabra pierda su gracia, tiene hasta fin de año. Después, tocará acostumbrarse a la renovación periódica, ese ritual que nos recuerda que en esta ciudad casi nada es eterno: ni las estatuas, ni los puestos de la Alameda, ni las licencias. Lo único verdaderamente permanente, ya lo sabe usted, es el predial.