Adrián de la Garza inaugura dos obras propias y amenaza con clausurar una del Estado: el arte de cortar listones y cintas de clausura
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Fue un lunes de contrastes municipales para el alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, quien en cuestión de horas ejerció las dos facetas más gloriosas del poder edilicio: cortar el listón de lo suyo y amenazar con clausurar lo ajeno. Por la mañana, sonrisas y tijerazo: inauguró el puente vehicular 'La Rioja' y la ampliación de la avenida Acueducto, parte del Circuito Vial El Huajuco, obra que reporta 95% de avance y promete descongestionar la eterna Carretera Nacional. Por el otro lado del cuadro, ceño fruncido: advirtió que podría clausurar de manera definitiva las obras estatales del puente 'La Virgen', complementarias de la Línea 4 del Metro, porque —según dijo— dañan y obstruyen un drenaje pluvial que desemboca en el Río Santa Catarina.
Hay que reconocerle versatilidad. Manejar en la misma jornada el listón tricolor de la inauguración y la cinta amarilla de la clausura requiere un músculo político de alto rendimiento. Es el equivalente cívico de aplaudir con una mano mientras con la otra se señala al vecino. La obra propia avanza, es directa, reduce tiempos de traslado y es motivo de fotografía con casco reluciente; la obra del Estado, en cambio, tapa el drenaje y merece la guillotina administrativa. Curioso cómo el mismo concreto cambia de moral según de qué presupuesto salga.
El ciudadano de a pie, ese que solo quiere llegar a su casa sin que la Carretera Nacional lo convierta en estadística, observa el duelo con la resignación de quien ya conoció otras temporadas de piques entre municipio y estado. Sabe que en Nuevo León los puentes no solo cruzan ríos: cruzan pleitos institucionales, líneas de metro y conferencias de prensa. Y que un drenaje pluvial obstruido puede ser, según la coyuntura, un problema técnico o un magnífico pretexto.
Mientras tanto, La Rioja ya recibe autos y La Virgen pende de un hilo burocrático. Ojalá la disputa se resuelva antes de la próxima lluvia fuerte, cuando el Río Santa Catarina suele recordarnos, con puntualidad regia, quién manda de verdad en esta ciudad: ni el municipio ni el estado, sino el agua cuando decide bajar. Buen provecho con el corte de listón; guarden tantita cinta amarilla, que la temporada apenas empieza.
Hay que reconocerle versatilidad. Manejar en la misma jornada el listón tricolor de la inauguración y la cinta amarilla de la clausura requiere un músculo político de alto rendimiento. Es el equivalente cívico de aplaudir con una mano mientras con la otra se señala al vecino. La obra propia avanza, es directa, reduce tiempos de traslado y es motivo de fotografía con casco reluciente; la obra del Estado, en cambio, tapa el drenaje y merece la guillotina administrativa. Curioso cómo el mismo concreto cambia de moral según de qué presupuesto salga.
El ciudadano de a pie, ese que solo quiere llegar a su casa sin que la Carretera Nacional lo convierta en estadística, observa el duelo con la resignación de quien ya conoció otras temporadas de piques entre municipio y estado. Sabe que en Nuevo León los puentes no solo cruzan ríos: cruzan pleitos institucionales, líneas de metro y conferencias de prensa. Y que un drenaje pluvial obstruido puede ser, según la coyuntura, un problema técnico o un magnífico pretexto.
Mientras tanto, La Rioja ya recibe autos y La Virgen pende de un hilo burocrático. Ojalá la disputa se resuelva antes de la próxima lluvia fuerte, cuando el Río Santa Catarina suele recordarnos, con puntualidad regia, quién manda de verdad en esta ciudad: ni el municipio ni el estado, sino el agua cuando decide bajar. Buen provecho con el corte de listón; guarden tantita cinta amarilla, que la temporada apenas empieza.