Chihuahua, tierra privilegiada: la mosca es estéril, la gata es prófuga y el Oxxo resucita
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Hay días en que uno abre el periódico buscando noticias y encuentra un guion de telenovela con presupuesto de kermés. Hoy Chihuahua amaneció declarándose "privilegiado" por ser el primer estado en recibir moscas estériles contra el gusano barrenador. Sí, leyó bien: nuestro gran orgullo estatal de la jornada es que nos mandaron dos y medio millones de moscas de Chiapas que no pueden tener descendencia. Los ganaderos de Parral lo celebran como si les hubieran traído la Copa del Mundo, y una parte de mí los entiende: en esta tierra, hasta el insecto llega con planificación familiar mejor organizada que muchos servicios públicos.
El entusiasmo, sin embargo, chocó con la realidad esta semana. Confirmaron ya 18 casos en el estado, sumaron a Aldama al mapa de la vergüenza y —agárrense— apareció el primer caso en un perro en Rosales. Es decir, la plaga que llegó por el ganado ahora anda husmeando a las mascotas. La autoridad pide que revisemos no solo a las vacas sino también al perro, al gato y, deduzco, al cuñado que llega a la carne asada con una herida sospechosa y sin querer trabajar.
Y hablando de mascotas: mientras liberábamos moscas por camionadas, la ciudad de Chihuahua vivía su propio caso de Estado. "Michita", una gata, desapareció el 26 de junio de un fraccionamiento, su tutor puso denuncia formal ante la Fiscalía y vecinos salieron a protestar exigiendo justicia. Que quede claro: aquí a un felino se le abre carpeta de investigación con más diligencia que a un poste de luz apagado desde 2019. Ojalá Michita aparezca; ojalá, de paso, aparezcan también los expedientes de cosas más grandes que llevan años "en seguimiento".
Porque el arte de tener las cosas en el aire es especialidad local. En Parral, los litigantes que ampararon el traslado de las salas Penal y Civil a la capital se toparon con el argumento jurídico más chihuahuense de todos: es semana de vacaciones, el Tribunal está de asueto y las notificaciones se entregarán "hasta después del lunes". La justicia, señores, también agarra sus días de puente. Uno se pregunta si el gusano barrenador respeta el periodo vacacional o si él sí trabaja horas extra.
En materia de contradicciones, nadie superó al Oxxo. La sucursal donde la semana pasada fue asesinada una mujer reabrió sus puertas el sábado, mientras la Subsecretaría de Gobernación Zona Norte insiste, con cara de palo, en que el establecimiento "continúa cerrado". O sea: la tienda vende cervezas y sabritas a la vista de todos, pero oficialmente está clausurada. Es el gato de Schrödinger, pero en versión frontera: abierto y cerrado al mismo tiempo, dependiendo de a qué funcionario le pregunte.
En el Congreso del Estado tampoco faltó espectáculo. Colectivos sostuvieron una reunión que, según la crónica, incluyó "tensión, arrebatos y desnudos". Uno esperaría que el recinto donde se debaten las leyes generara ese nivel de pasión por, no sé, el presupuesto o la deuda. Pero no: la temperatura política subió por otros motivos. Al menos alguien en ese edificio se está quitando algo; normalmente lo único que ahí se despoja es la paciencia del ciudadano.
Y ya que tocamos números: en Juárez, dos expresidentes municipales denunciaron ante la Fiscalía Anticorrupción un presunto sobrecosto en la renta de ocho barredoras. El dato que me dejó pensando es que el barrido diario de esas máquinas equivaldría a 411 kilómetros: la distancia entre Juárez y Delicias. Ocho barredoras recorriendo cada día lo que uno maneja para ir a comer burritos a otra ciudad. Si es cierto, esas máquinas merecen no un contrato, sino un documental de National Geographic.
Mientras tanto, el Inegi vino a ponerle cifra a nuestro ánimo: más de 400 mil chihuahuenses declararon no estar satisfechos con su vida. Con moscas estériles de festejo, gatas prófugas, tribunales de vacaciones y tiendas que existen y no existen a la vez, francamente me sorprende que sean tan pocos. La otra mitad, sospecho, contestó la encuesta antes de leer el periódico.
Para cerrar con brocha de esperanza: el municipio de la capital lanzó la convocatoria para que artistas decoren esculturas gigantes de perro chihuahueño que adornarán espacios públicos. Perritos monumentales de fibra de vidrio para reforzar nuestra identidad. Y yo lo aplaudo, de verdad, siempre y cuando alguien revise que ninguno traiga gusano barrenador. En Chihuahua, ya aprendimos, hasta la escultura hay que vacunarla.
El entusiasmo, sin embargo, chocó con la realidad esta semana. Confirmaron ya 18 casos en el estado, sumaron a Aldama al mapa de la vergüenza y —agárrense— apareció el primer caso en un perro en Rosales. Es decir, la plaga que llegó por el ganado ahora anda husmeando a las mascotas. La autoridad pide que revisemos no solo a las vacas sino también al perro, al gato y, deduzco, al cuñado que llega a la carne asada con una herida sospechosa y sin querer trabajar.
Y hablando de mascotas: mientras liberábamos moscas por camionadas, la ciudad de Chihuahua vivía su propio caso de Estado. "Michita", una gata, desapareció el 26 de junio de un fraccionamiento, su tutor puso denuncia formal ante la Fiscalía y vecinos salieron a protestar exigiendo justicia. Que quede claro: aquí a un felino se le abre carpeta de investigación con más diligencia que a un poste de luz apagado desde 2019. Ojalá Michita aparezca; ojalá, de paso, aparezcan también los expedientes de cosas más grandes que llevan años "en seguimiento".
Porque el arte de tener las cosas en el aire es especialidad local. En Parral, los litigantes que ampararon el traslado de las salas Penal y Civil a la capital se toparon con el argumento jurídico más chihuahuense de todos: es semana de vacaciones, el Tribunal está de asueto y las notificaciones se entregarán "hasta después del lunes". La justicia, señores, también agarra sus días de puente. Uno se pregunta si el gusano barrenador respeta el periodo vacacional o si él sí trabaja horas extra.
En materia de contradicciones, nadie superó al Oxxo. La sucursal donde la semana pasada fue asesinada una mujer reabrió sus puertas el sábado, mientras la Subsecretaría de Gobernación Zona Norte insiste, con cara de palo, en que el establecimiento "continúa cerrado". O sea: la tienda vende cervezas y sabritas a la vista de todos, pero oficialmente está clausurada. Es el gato de Schrödinger, pero en versión frontera: abierto y cerrado al mismo tiempo, dependiendo de a qué funcionario le pregunte.
En el Congreso del Estado tampoco faltó espectáculo. Colectivos sostuvieron una reunión que, según la crónica, incluyó "tensión, arrebatos y desnudos". Uno esperaría que el recinto donde se debaten las leyes generara ese nivel de pasión por, no sé, el presupuesto o la deuda. Pero no: la temperatura política subió por otros motivos. Al menos alguien en ese edificio se está quitando algo; normalmente lo único que ahí se despoja es la paciencia del ciudadano.
Y ya que tocamos números: en Juárez, dos expresidentes municipales denunciaron ante la Fiscalía Anticorrupción un presunto sobrecosto en la renta de ocho barredoras. El dato que me dejó pensando es que el barrido diario de esas máquinas equivaldría a 411 kilómetros: la distancia entre Juárez y Delicias. Ocho barredoras recorriendo cada día lo que uno maneja para ir a comer burritos a otra ciudad. Si es cierto, esas máquinas merecen no un contrato, sino un documental de National Geographic.
Mientras tanto, el Inegi vino a ponerle cifra a nuestro ánimo: más de 400 mil chihuahuenses declararon no estar satisfechos con su vida. Con moscas estériles de festejo, gatas prófugas, tribunales de vacaciones y tiendas que existen y no existen a la vez, francamente me sorprende que sean tan pocos. La otra mitad, sospecho, contestó la encuesta antes de leer el periódico.
Para cerrar con brocha de esperanza: el municipio de la capital lanzó la convocatoria para que artistas decoren esculturas gigantes de perro chihuahueño que adornarán espacios públicos. Perritos monumentales de fibra de vidrio para reforzar nuestra identidad. Y yo lo aplaudo, de verdad, siempre y cuando alguien revise que ninguno traiga gusano barrenador. En Chihuahua, ya aprendimos, hasta la escultura hay que vacunarla.