El Oxxo cuántico: abierto para vender, cerrado para el acta
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La física tiene el gato de Schrödinger, ese felino teórico que está vivo y muerto al mismo tiempo hasta que alguien abre la caja. Chihuahua acaba de aportar su propia versión al conocimiento universal: el Oxxo de Schrödinger, una tienda que está abierta y clausurada simultáneamente, dependiendo de a qué autoridad usted le pregunte.
Los hechos, según la crónica, son estos. La sucursal ubicada en el cruce de la avenida Vicente Guerrero y la calle Artículo 31 —donde la semana pasada fue asesinada una mujer— fue cerrada bajo el protocolo por "hechos de sangre". Hasta ahí, todo en orden. El problema es que el sábado 25 de julio por la tarde la tienda reanudó actividades comerciales, con sus refrigeradores encendidos y su caja registradora cantando, mientras la Subsecretaría de Gobernación Zona Norte sostiene, sin despeinarse, que el establecimiento "continúa cerrado".
El enlace de comunicación de la Secretaría General de Gobierno lo dijo con la seguridad de quien lee un guion: "continúa cerrada, me informan de la Dirección de Gobernación Zona Norte". Y uno le cree, porque en este país la realidad oficial siempre pesa más que la banqueta. El pequeño inconveniente es que cualquier vecino puede entrar, comprar una botana y salir sin que la puerta clausurada se lo impida, entre otras cosas porque la clausura parece existir únicamente en el oficio.
Hay algo profundamente chihuahuense en todo esto. No es que la burocracia mienta; es que la burocracia vive en una dimensión paralela donde los sellos tienen más autoridad que los ojos. Un negocio puede estar operando a plena luz del día, con clientes reales pasando por sus torniquetes, y aun así la versión gubernamental lo mantiene amablemente sepultado bajo una cinta imaginaria.
Lo grave, más allá del chascarrillo, es lo que esta contradicción revela: un protocolo por hechos de sangre que se aplica en el papel pero no en la puerta, y una autoridad que prefiere repetir el dato viejo antes que asomarse a verificar. Ojalá alguien de Gobernación Zona Norte se dé una vuelta —sin previo aviso, de preferencia— y decida qué versión de la tienda es la verdadera. Mientras tanto, seguirá vendiendo. Cerrada, eso sí. Muy cerrada. Cerradísima. Con la reja bien levantada.
Los hechos, según la crónica, son estos. La sucursal ubicada en el cruce de la avenida Vicente Guerrero y la calle Artículo 31 —donde la semana pasada fue asesinada una mujer— fue cerrada bajo el protocolo por "hechos de sangre". Hasta ahí, todo en orden. El problema es que el sábado 25 de julio por la tarde la tienda reanudó actividades comerciales, con sus refrigeradores encendidos y su caja registradora cantando, mientras la Subsecretaría de Gobernación Zona Norte sostiene, sin despeinarse, que el establecimiento "continúa cerrado".
El enlace de comunicación de la Secretaría General de Gobierno lo dijo con la seguridad de quien lee un guion: "continúa cerrada, me informan de la Dirección de Gobernación Zona Norte". Y uno le cree, porque en este país la realidad oficial siempre pesa más que la banqueta. El pequeño inconveniente es que cualquier vecino puede entrar, comprar una botana y salir sin que la puerta clausurada se lo impida, entre otras cosas porque la clausura parece existir únicamente en el oficio.
Hay algo profundamente chihuahuense en todo esto. No es que la burocracia mienta; es que la burocracia vive en una dimensión paralela donde los sellos tienen más autoridad que los ojos. Un negocio puede estar operando a plena luz del día, con clientes reales pasando por sus torniquetes, y aun así la versión gubernamental lo mantiene amablemente sepultado bajo una cinta imaginaria.
Lo grave, más allá del chascarrillo, es lo que esta contradicción revela: un protocolo por hechos de sangre que se aplica en el papel pero no en la puerta, y una autoridad que prefiere repetir el dato viejo antes que asomarse a verificar. Ojalá alguien de Gobernación Zona Norte se dé una vuelta —sin previo aviso, de preferencia— y decida qué versión de la tienda es la verdadera. Mientras tanto, seguirá vendiendo. Cerrada, eso sí. Muy cerrada. Cerradísima. Con la reja bien levantada.