Amor al barrio con cooperación voluntaria: la poda que despeinó al Ayuntamiento
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Hay historias que resumen a la administración pública mexicana mejor que cualquier informe de gobierno, y esta ocurrió en la colonia Infonavit de Puerto Vallarta. La presidenta del comité vecinal decidió que los andadores necesitaban poda, y como “ellos no han hecho nada”, pues los podó ella: veinte árboles, a petición de los vecinos, sin cobrar. Bueno, sin cobrar del todo. Se pidió una cooperación voluntaria de veinte a cincuenta pesos para los muchachos que hicieron la labor. Tarifa social, digamos, con recibo de puro amor al barrio.
El Ayuntamiento, que ante los baches medita y ante la basura reflexiona, esta vez sí reaccionó con velocidad de rayo: la Dirección de Sostenibilidad Ambiental le levantó un acta administrativa por podar sin permiso. Que quede claro el orden de las prioridades urbanas: hacer las cosas por tu cuenta genera un documento oficial en cuestión de horas; no hacerlas no genera absolutamente nada, jamás, en años.
La señora lo resumió con una teoría que merece cátedra: “como ellos no han hecho nada, se sienten atacados”. Y remató con el manifiesto vecinal más honesto que se haya escrito: seguirán podando y limpiando porque al coordinador y a su jefa “no les alcanzó la visión, el sueldo ni las ganas” de tener una colonia más bonita. Ahí está: una crítica al aparato municipal formulada con tijeras de podar en la mano y hoja de acta en la otra.
El dilema es genuinamente filosófico. Por un lado, sí, podar árboles sin permiso ni criterio técnico puede ser un desastre ecológico, y para eso existen normas y dependencias. Por el otro, cuesta explicarle a un vecino por qué la única prueba de que el Ayuntamiento existe es que apareció justo el día que alguien más barrió su cuadra. La normativa ambiental es importante; también lo es que se note antes de que la desafíen.
Así que la colonia Infonavit vive hoy su propia paradoja: veinte árboles podados, una cooperación de a cincuenta pesos, un acta administrativa y la promesa vecinal de “seguir con otros proyectos para el barrio”. Uno le desea suerte a la señora, y también al arbolado, y sobre todo a la Dirección, que después de este round tendrá que decidir qué le sale más caro: enseñar a podar bien o seguir levantando actas a la única persona que se puso a trabajar.
El Ayuntamiento, que ante los baches medita y ante la basura reflexiona, esta vez sí reaccionó con velocidad de rayo: la Dirección de Sostenibilidad Ambiental le levantó un acta administrativa por podar sin permiso. Que quede claro el orden de las prioridades urbanas: hacer las cosas por tu cuenta genera un documento oficial en cuestión de horas; no hacerlas no genera absolutamente nada, jamás, en años.
La señora lo resumió con una teoría que merece cátedra: “como ellos no han hecho nada, se sienten atacados”. Y remató con el manifiesto vecinal más honesto que se haya escrito: seguirán podando y limpiando porque al coordinador y a su jefa “no les alcanzó la visión, el sueldo ni las ganas” de tener una colonia más bonita. Ahí está: una crítica al aparato municipal formulada con tijeras de podar en la mano y hoja de acta en la otra.
El dilema es genuinamente filosófico. Por un lado, sí, podar árboles sin permiso ni criterio técnico puede ser un desastre ecológico, y para eso existen normas y dependencias. Por el otro, cuesta explicarle a un vecino por qué la única prueba de que el Ayuntamiento existe es que apareció justo el día que alguien más barrió su cuadra. La normativa ambiental es importante; también lo es que se note antes de que la desafíen.
Así que la colonia Infonavit vive hoy su propia paradoja: veinte árboles podados, una cooperación de a cincuenta pesos, un acta administrativa y la promesa vecinal de “seguir con otros proyectos para el barrio”. Uno le desea suerte a la señora, y también al arbolado, y sobre todo a la Dirección, que después de este round tendrá que decidir qué le sale más caro: enseñar a podar bien o seguir levantando actas a la única persona que se puso a trabajar.