Diplomacia de cantina: promesas a plazo vitalicio en Baja California
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La política mexicana tiene salones de sesiones, tribunas, micrófonos y protocolos, y aun así insiste en que su formato natural es la banqueta a la salida de la fiesta. Lo confirma un video filtrado en Baja California, donde el exgobernador y hoy senador se dejó grabar prometiendo, con un vocabulario que ninguna secretaria transcribiría sin sonrojarse, “romperle toda su madre” a la actual gobernadora y “estarla chingando” todo el tiempo que le quede de vida.
Hay que reconocer una cosa: rara vez un político ofrece planes a tan largo plazo. Programas de gobierno a seis años no cumplen; este señor comprometió una vendetta de por vida y, por el tono, uno hasta le cree. Si esa constancia se aplicara al bacheo o al agua potable, Baja California sería Suiza. Pero no: el ímpetu vitalicio se reserva para el rencor, único proyecto en México que nunca sufre recortes presupuestales.
El trasfondo, para no perder la brújula, es un pleito de esos que huelen a expediente: un contrato multimillonario otorgado a una empresa durante la administración del exgobernador para “recuperar adeudos” de agua, cancelado después de que la Auditoría estatal reportara irregularidades, con su respectiva cauda de amparos, litigios y auditorías cruzadas. Es decir, el clásico romance de la política regional: dos funcionarios que se auditan mutuamente y terminan hablándose como si compartieran cartera vencida en vez de patria.
Lo entrañable del asunto es el género literario. No estamos ante un debate de ideas ni ante un choque de proyectos: estamos ante un monólogo de despecho grabado sin querer, ese subgénero tan nuestro donde el poder se expresa mejor en modo de amenaza que en modo de propuesta. Uno esperaría de un senador argumentos; recibe, en cambio, la promesa de un acoso perpetuo enunciada con la elocuencia de quien ya perdió el contrato y el estilo.
Que conste el matiz obligado: aquí no acusamos a nadie de nada, solo repetimos lo que el propio protagonista dijo en una grabación que él mismo dejó existir. Y nos limitamos a la moraleja cívica: si la energía que la clase política dedica a jurarse destrucción mutua se destinara a que saliera agua de la llave, en este país no habría filtraciones. Ni de video ni de tubería.
Hay que reconocer una cosa: rara vez un político ofrece planes a tan largo plazo. Programas de gobierno a seis años no cumplen; este señor comprometió una vendetta de por vida y, por el tono, uno hasta le cree. Si esa constancia se aplicara al bacheo o al agua potable, Baja California sería Suiza. Pero no: el ímpetu vitalicio se reserva para el rencor, único proyecto en México que nunca sufre recortes presupuestales.
El trasfondo, para no perder la brújula, es un pleito de esos que huelen a expediente: un contrato multimillonario otorgado a una empresa durante la administración del exgobernador para “recuperar adeudos” de agua, cancelado después de que la Auditoría estatal reportara irregularidades, con su respectiva cauda de amparos, litigios y auditorías cruzadas. Es decir, el clásico romance de la política regional: dos funcionarios que se auditan mutuamente y terminan hablándose como si compartieran cartera vencida en vez de patria.
Lo entrañable del asunto es el género literario. No estamos ante un debate de ideas ni ante un choque de proyectos: estamos ante un monólogo de despecho grabado sin querer, ese subgénero tan nuestro donde el poder se expresa mejor en modo de amenaza que en modo de propuesta. Uno esperaría de un senador argumentos; recibe, en cambio, la promesa de un acoso perpetuo enunciada con la elocuencia de quien ya perdió el contrato y el estilo.
Que conste el matiz obligado: aquí no acusamos a nadie de nada, solo repetimos lo que el propio protagonista dijo en una grabación que él mismo dejó existir. Y nos limitamos a la moraleja cívica: si la energía que la clase política dedica a jurarse destrucción mutua se destinara a que saliera agua de la llave, en este país no habría filtraciones. Ni de video ni de tubería.