Morelia debe 900 millones, pero te invita a adoptar un árbol
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Hay presupuestos que se leen como novela y otros que se leen como excusa. El de Morelia va por la segunda. Durante la aprobación de la cuenta pública, la regidora Mariana Estefany Orozco expuso que el Ayuntamiento carga una deuda de 900 millones de pesos. Novecientos. Con ese número sobre la mesa, uno esperaría austeridad monástica, cinturones apretados y foquitos apagados. En cambio, el Cabildo optó por dos gestos que ya son poesía municipal.
Gesto número uno: aprobar siete años más de concesión del estacionamiento del CAM, que ahora se extiende hasta 2034, con el compromiso de que la empresa haga algunas modificaciones. Nada como amarrar casi una década de un ingreso que administra un tercero cuando el municipio anda buscando de dónde sacar. Es la clásica jugada de rentar la vaca por años a cambio de un vaso de leche hoy.
Gesto número dos, y este es el que merece placa: invitar a la ciudadanía a adoptar un árbol. Guayabo, higo, mora, granada, papaya, tulipán; el catálogo es hermoso y la causa, reforestar la ciudad, es de aplaudir de pie. El detalle poético es la simultaneidad. Mientras el municipio siembra una deuda de nueve cifras, le pide al moreliano que siembre un frutal en su patio. Reforestación ciudadana, endeudamiento institucional: cada quien planta lo suyo. Con suerte, el guayabo dará guayabas antes de que la deuda dé intereses.
Para no perder el ritmo aspiracional, el Cabildo también aprobó enviar al Congreso reformas para fortalecer las Viviendas del Bienestar, con descuentos de hasta el 50 por ciento al Infonavit en trámites urbanos y factibilidad de agua. Descuentos, concesiones largas, arbolitos gratis: Morelia gobierna con una generosidad conmovedora para alguien que debe 900 millones. Es el tío que anda quebrado pero llega a la carne asada con regalos para todos.
Que quede claro: reforestar es bueno, y las viviendas y los descuentos suenan bien en el papel. El problema no es la buena intención, es la coreografía. Cuesta tomar en serio el llamado a plantar un árbol en el mismo pleno donde se confirma que las finanzas municipales están más secas que jardín sin riego. A la ciudadanía moreliana le tocará hacer su parte con la pala; ojalá al Ayuntamiento le toque, algún día, hacer la suya con la calculadora. Por lo pronto, adopte usted su arbolito. Regarlo va a salir más barato que el estacionamiento.
Gesto número uno: aprobar siete años más de concesión del estacionamiento del CAM, que ahora se extiende hasta 2034, con el compromiso de que la empresa haga algunas modificaciones. Nada como amarrar casi una década de un ingreso que administra un tercero cuando el municipio anda buscando de dónde sacar. Es la clásica jugada de rentar la vaca por años a cambio de un vaso de leche hoy.
Gesto número dos, y este es el que merece placa: invitar a la ciudadanía a adoptar un árbol. Guayabo, higo, mora, granada, papaya, tulipán; el catálogo es hermoso y la causa, reforestar la ciudad, es de aplaudir de pie. El detalle poético es la simultaneidad. Mientras el municipio siembra una deuda de nueve cifras, le pide al moreliano que siembre un frutal en su patio. Reforestación ciudadana, endeudamiento institucional: cada quien planta lo suyo. Con suerte, el guayabo dará guayabas antes de que la deuda dé intereses.
Para no perder el ritmo aspiracional, el Cabildo también aprobó enviar al Congreso reformas para fortalecer las Viviendas del Bienestar, con descuentos de hasta el 50 por ciento al Infonavit en trámites urbanos y factibilidad de agua. Descuentos, concesiones largas, arbolitos gratis: Morelia gobierna con una generosidad conmovedora para alguien que debe 900 millones. Es el tío que anda quebrado pero llega a la carne asada con regalos para todos.
Que quede claro: reforestar es bueno, y las viviendas y los descuentos suenan bien en el papel. El problema no es la buena intención, es la coreografía. Cuesta tomar en serio el llamado a plantar un árbol en el mismo pleno donde se confirma que las finanzas municipales están más secas que jardín sin riego. A la ciudadanía moreliana le tocará hacer su parte con la pala; ojalá al Ayuntamiento le toque, algún día, hacer la suya con la calculadora. Por lo pronto, adopte usted su arbolito. Regarlo va a salir más barato que el estacionamiento.