Cráteres nivel Mundial: la ciudad cobra hospedaje de primera y bachea de tercera
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Buenas noticias para la contabilidad capitalina y malas para sus amortiguadores: la Ciudad de México acaba de descubrir que cobrar impuesto por hospedaje es un negociazo, sobre todo cuando el planeta entero llega a dormir aquí para ver futbol. La Secretaría de Finanzas presume 12.6 por ciento más de ingresos por hospedaje en el primer semestre —558.4 millones de pesos— gracias al Mundial que convirtió a la capital en un Airbnb con selección nacional incluida. El turista pagó su noche, su derecho de piso hotelero y, de yapa, la experiencia inmersiva de manejar por nuestras calles.
Y es que aquí viene el otro dato, el que Finanzas no imprime en folleto: de cada cuatro reportes de baches, tres siguen ahí, esperando. El Sistema Unificado de Atención Ciudadana recibió 19 mil 518 solicitudes de bacheo en un solo trimestre y catorce mil de ellas siguen abiertas, como boca de lobo a media calle. Solo se tapó el 28 por ciento, cifra que en cualquier examen es reprobatoria, salvo en la materia de Optimismo Institucional. Cerca del Hospital Juárez, en Gustavo A. Madero, reportan hundimientos que 'asemejan cráteres'. Perfecto: el visitante extranjero vino por un Mundial y de pasada conoció la superficie lunar sin salir de Insurgentes.
Hablando de Insurgentes: el martes colapsó el sur por bloqueos frente a Conagua y por las protestas de aspirantes de la UNAM. O sea que si el bache no te detiene, lo hace la manifestación, y si sobrevives a ambos, te espera el Metro, que este agosto instalará mil 600 cámaras —800 de ellas térmicas— para saber en tiempo real qué tan apretado vas. Ochenta millones de pesos para confirmarnos, con mapa de calor y escala de colores, lo que cualquier usuario de la Línea 3 a las ocho de la mañana ya sabe en carne propia: rojo intenso, humanidad al tope. Aclaran que las cámaras no captan rostros, solo calor. Tranquilizador: el Metro por fin sabrá cuántos somos, aunque todavía no sepa por qué llegamos tarde.
El director del organismo anda en racha de anuncios. Presume que en cuatro meses no hubo un solo robo con violencia dentro de las instalaciones pese a los millones de visitantes mundialistas —un milagro que ojalá dure más que el torneo— y de paso canceló 60 permisos temporales porque algunos particulares tenían el mismo número duplicado, triplicado y subarrendado, montando negocio dentro del negocio. 'El Metro se construyó para la movilidad, no para ser un tianguis', sentenció. Frase noble, aunque cualquiera que haya comprado un cargador de tres pesos entre andenes sabe que esa batalla lleva décadas empatada.
Mientras tanto, Iztapalapa celebra que aprobó por unanimidad un bando para proteger su arbolado y conservar la distinción de 'Ciudad Árbol del Mundo', con 20 mil árboles nativos plantados en dos años. Aplausos sinceros. El detalle poético llegó la misma jornada de lluvias: cayó un árbol sobre dos autos por el viento en una de las nueve alcaldías en alerta. Así es la naturaleza: uno institucionaliza su protección y ella, agradecida, se recuesta sobre tu cofre. Nadie dijo que amar al arbolado urbano fuera unilateral.
En el capítulo de seguridad, la Fiscalía explica que el alza de homicidios se debe a un 'reacomodo' de grupos criminales en Tepito y el Centro, palabra elegante para lo que en la esquina se entiende sin diccionario. Y en materia de patrimonio, tanto la Fiscalía como los conteos periodísticos confirman que el despojo va en aumento: casi dos mil carpetas en lo que va del año y redes plenamente identificadas, una de ellas con apellido y todo. Identificadas, subrayemos, que no es lo mismo que desmanteladas, pero es un avance semántico.
Y para cerrar la cuenta del Mundial, resulta que los 135 millones de pesos que la capital gastó en transmitir los partidos en festivales futboleros los pagará la iniciativa privada 'por partes', en abonos de aquí a diciembre. Un diferido a meses sin intereses, como cualquier pantalla comprada en el Buen Fin, solo que aquí la pantalla era el estadio entero.
El saldo del día es de una nitidez casi conmovedora: la ciudad sabe cobrar el hospedaje al centavo, sabe cuántos cuerpos calientes caben en un andén, sabe identificar redes de despojo por apellido y sabe cuántos árboles plantó. Lo único que sigue sin saber, con tres de cada cuatro reportes en el limbo, es cómo tapar un hoyo. Bienvenidos a la capital: la habitación es de lujo, ojo con el escalón. Y con el bache. Y con el árbol.
Y es que aquí viene el otro dato, el que Finanzas no imprime en folleto: de cada cuatro reportes de baches, tres siguen ahí, esperando. El Sistema Unificado de Atención Ciudadana recibió 19 mil 518 solicitudes de bacheo en un solo trimestre y catorce mil de ellas siguen abiertas, como boca de lobo a media calle. Solo se tapó el 28 por ciento, cifra que en cualquier examen es reprobatoria, salvo en la materia de Optimismo Institucional. Cerca del Hospital Juárez, en Gustavo A. Madero, reportan hundimientos que 'asemejan cráteres'. Perfecto: el visitante extranjero vino por un Mundial y de pasada conoció la superficie lunar sin salir de Insurgentes.
Hablando de Insurgentes: el martes colapsó el sur por bloqueos frente a Conagua y por las protestas de aspirantes de la UNAM. O sea que si el bache no te detiene, lo hace la manifestación, y si sobrevives a ambos, te espera el Metro, que este agosto instalará mil 600 cámaras —800 de ellas térmicas— para saber en tiempo real qué tan apretado vas. Ochenta millones de pesos para confirmarnos, con mapa de calor y escala de colores, lo que cualquier usuario de la Línea 3 a las ocho de la mañana ya sabe en carne propia: rojo intenso, humanidad al tope. Aclaran que las cámaras no captan rostros, solo calor. Tranquilizador: el Metro por fin sabrá cuántos somos, aunque todavía no sepa por qué llegamos tarde.
El director del organismo anda en racha de anuncios. Presume que en cuatro meses no hubo un solo robo con violencia dentro de las instalaciones pese a los millones de visitantes mundialistas —un milagro que ojalá dure más que el torneo— y de paso canceló 60 permisos temporales porque algunos particulares tenían el mismo número duplicado, triplicado y subarrendado, montando negocio dentro del negocio. 'El Metro se construyó para la movilidad, no para ser un tianguis', sentenció. Frase noble, aunque cualquiera que haya comprado un cargador de tres pesos entre andenes sabe que esa batalla lleva décadas empatada.
Mientras tanto, Iztapalapa celebra que aprobó por unanimidad un bando para proteger su arbolado y conservar la distinción de 'Ciudad Árbol del Mundo', con 20 mil árboles nativos plantados en dos años. Aplausos sinceros. El detalle poético llegó la misma jornada de lluvias: cayó un árbol sobre dos autos por el viento en una de las nueve alcaldías en alerta. Así es la naturaleza: uno institucionaliza su protección y ella, agradecida, se recuesta sobre tu cofre. Nadie dijo que amar al arbolado urbano fuera unilateral.
En el capítulo de seguridad, la Fiscalía explica que el alza de homicidios se debe a un 'reacomodo' de grupos criminales en Tepito y el Centro, palabra elegante para lo que en la esquina se entiende sin diccionario. Y en materia de patrimonio, tanto la Fiscalía como los conteos periodísticos confirman que el despojo va en aumento: casi dos mil carpetas en lo que va del año y redes plenamente identificadas, una de ellas con apellido y todo. Identificadas, subrayemos, que no es lo mismo que desmanteladas, pero es un avance semántico.
Y para cerrar la cuenta del Mundial, resulta que los 135 millones de pesos que la capital gastó en transmitir los partidos en festivales futboleros los pagará la iniciativa privada 'por partes', en abonos de aquí a diciembre. Un diferido a meses sin intereses, como cualquier pantalla comprada en el Buen Fin, solo que aquí la pantalla era el estadio entero.
El saldo del día es de una nitidez casi conmovedora: la ciudad sabe cobrar el hospedaje al centavo, sabe cuántos cuerpos calientes caben en un andén, sabe identificar redes de despojo por apellido y sabe cuántos árboles plantó. Lo único que sigue sin saber, con tres de cada cuatro reportes en el limbo, es cómo tapar un hoyo. Bienvenidos a la capital: la habitación es de lujo, ojo con el escalón. Y con el bache. Y con el árbol.