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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 29 de julio de 2026

Cámaras térmicas en el Metro: ochenta millones para confirmar que sí vamos apretados

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Cámaras térmicas en el Metro: ochenta millones para confirmar que sí vamos apretados
El Metro de la Ciudad de México anunció que en agosto instalará mil 600 cámaras en las estaciones de mayor afluencia, de las cuales 800 serán térmicas, con una inversión de 80 millones de pesos. Su función: generar mapas de calor con una escala de colores que identifique en tiempo real qué andenes están saturados, información consultable incluso en redes sociales como X y en la página del organismo. El director aclaró, muy oportunamente, que estos dispositivos no captan rostros, solo concentraciones de temperatura humana.

Es un avance tecnológico digno de aplauso, aunque también una de esas noticias que cualquier usuario recibe con una ceja levantada. Porque para saber que la Línea 3 va a reventar a las 8:15, que Pino Suárez es un caldo humano en hora pico y que Pantitlán es un concepto filosófico más que una estación, no hacía falta termografía de última generación: bastaba con intentar subir. El cuerpo del capitalino ya es, desde hace décadas, un sensor de saturación perfectamente calibrado, y encima gratuito.

Aun así, celebremos el matiz futurista: la ciudad tendrá un tablero de colores donde el rojo intenso señalará dónde ya no cabe un alma. Verde, fluye; amarillo, se aprieta; rojo, encomiéndese. Es prácticamente un semáforo emocional del transporte público. La pregunta que queda flotando entre vagón y vagón es qué ocurrirá después de que la pantalla parpadee en rojo: si vendrán más trenes, más frecuencia, más andén, o si simplemente sabremos, con precisión científica y en tiempo real, exactamente qué tan incómodos vamos.

Porque medir la saturación es el primer paso, faltaría el segundo. Tener el mapa de calor más nítido de América Latina y seguir esperando el mismo tren de siempre sería como comprar una báscula carísima para pesarse todos los días sin cambiar la dieta. El dato ilumina, pero no descongestiona. Entre tanto, el pasajero seguirá haciendo lo que mejor sabe: exhalar, encoger los hombros y aportar, con su propia temperatura corporal, un pixel más de rojo intenso al gran termómetro colectivo de la hora pico.