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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 29 de julio de 2026

Ciudad Árbol del Mundo por decreto, y el árbol contesta cayéndose sobre dos autos

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Ciudad Árbol del Mundo por decreto, y el árbol contesta cayéndose sobre dos autos
En una sola jornada, Iztapalapa vivió el ciclo completo de su relación con la naturaleza. Por la mañana, el Concejo aprobó por unanimidad el bando número siete para institucionalizar la protección del arbolado urbano y conservar la codiciada distinción internacional de 'Ciudad Árbol del Mundo'. La demarcación presume que en dos años recuperó 85 espacios públicos con 25 jornadas de reforestación y 20 mil árboles nativos plantados, además de atender más de 18 mil solicitudes ciudadanas para evaluar unos 55 mil ejemplares. Cifras que emocionan a cualquier amante de la sombra.

El mérito es real y merece reconocimiento: en una ciudad con déficit crónico de áreas verdes, plantar veinte mil árboles no es poca cosa, y elevar la protección del arbolado a rango de infraestructura esencial suena a política pública sensata. El problema es que la naturaleza no leyó el bando. Esa misma noche, con lluvias de moderadas a fuertes en nueve de las 16 alcaldías y rachas de viento, un árbol se desplomó sobre dos automóviles, en un recordatorio contundente de que el amor al arbolado urbano no siempre es correspondido con delicadeza.

Hay algo casi teatral en la coincidencia. La alcaldía declara, en tono constitucional, que 'la protección a la naturaleza es un valor de interés público', y la naturaleza responde el mismo día recostándose sobre dos cofres ajenos. No es ironía menor: buena parte de institucionalizar el cuidado del arbolado consiste, precisamente, en podar, revisar y prevenir que los ejemplares viejos o enfermos terminen encima de un Tsuru estacionado. El decreto protege al árbol; hace falta que alguien también revise cuáles ramas están por rendirse ante el próximo aguacero.

Que no se lea como burla al esfuerzo verde, porque plantar veinte mil árboles es exactamente lo que una metrópoli asfixiada necesita. Pero el episodio deja una moraleja de temporada de lluvias: la distinción mundial se gana plantando, y se conserva podando. Un árbol nativo bien cuidado da sombra, aire y orgullo internacional; uno olvidado da un susto y un deducible. Iztapalapa ya dio el paso simbólico; ahora falta que la motosierra preventiva llegue tan puntual como el discurso. Porque el viento, a diferencia del Concejo, no vota por unanimidad ni avisa antes de sesionar.