El amparo que resucita: cómo esfumarse legalmente sin dejar de existir
Tamaño de letra
Si usted creía que la magia había muerto con los espectáculos de carpa, permítanos presentarle al nuevo ilusionista chihuahuense: el dueño del crematorio Plenitud, aquel establecimiento donde se localizaron cientos de cuerpos sin incinerar. Su truco estelar no requiere sombrero ni conejo, solo un buen despacho jurídico: consiguió una suspensión provisional contra una posible orden de aprehensión. Aplausos.
El número tiene su grado de dificultad, hay que reconocerlo. José Luis A.C. ya había sido declarado sustraído de la acción de la justicia —categoría legal que viene siendo el "salí, vuelvo al rato" pegado en la puerta— después de que un tribunal colegiado le revocó la libertad y ordenó reactivar el proceso. Y aun así, un juez federal le concedió una medida cautelar para frenar cualquier orden de captura o Notificación Roja de la Interpol. Traducción: el señor no aparece, pero sus abogados sí, y llegan puntualísimos.
Los colectivos Memoria, Dignidad y Justicia y Justicia Para Nuestros Deudos lo bautizaron con precisión notarial: "una descarada burla". Porque mientras las familias siguen esperando respuestas sobre sus muertos, la defensa despliega una coreografía de recursos con la elegancia de un ballet ruso. El amparo, ese noble instrumento pensado para proteger al ciudadano del abuso del poder, aquí se usa de paraguas para no mojarse con la justicia.
La escena llegó a un punto tan kafkiano que un colectivo terminó pidiéndole públicamente a la mamá del empresario que lo entregue a las autoridades. Cuando la Interpol se queda corta, queda invocar la jurisdicción suprema de toda casa mexicana: la señora madre. Ojalá funcione, porque hasta ahora el único que ha cumplido plazos en este caso es el reloj, que sigue corriendo sin suspensión provisional alguna.
El número tiene su grado de dificultad, hay que reconocerlo. José Luis A.C. ya había sido declarado sustraído de la acción de la justicia —categoría legal que viene siendo el "salí, vuelvo al rato" pegado en la puerta— después de que un tribunal colegiado le revocó la libertad y ordenó reactivar el proceso. Y aun así, un juez federal le concedió una medida cautelar para frenar cualquier orden de captura o Notificación Roja de la Interpol. Traducción: el señor no aparece, pero sus abogados sí, y llegan puntualísimos.
Los colectivos Memoria, Dignidad y Justicia y Justicia Para Nuestros Deudos lo bautizaron con precisión notarial: "una descarada burla". Porque mientras las familias siguen esperando respuestas sobre sus muertos, la defensa despliega una coreografía de recursos con la elegancia de un ballet ruso. El amparo, ese noble instrumento pensado para proteger al ciudadano del abuso del poder, aquí se usa de paraguas para no mojarse con la justicia.
La escena llegó a un punto tan kafkiano que un colectivo terminó pidiéndole públicamente a la mamá del empresario que lo entregue a las autoridades. Cuando la Interpol se queda corta, queda invocar la jurisdicción suprema de toda casa mexicana: la señora madre. Ojalá funcione, porque hasta ahora el único que ha cumplido plazos en este caso es el reloj, que sigue corriendo sin suspensión provisional alguna.