200 millones ahorrados en una economía que va en reversa: el arte del ahorro mientras se poncha la llanta
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Vaya usted preparando el aplauso, porque hay buenas noticias fiscales. Un diputado local celebró que el gobierno del estado ahorró 200 millones de pesos en intereses tan solo en el primer semestre, pagando créditos por adelantado para pescar mejores tasas. Manejo responsable, reestructura permanente de la deuda, un estado que —según se dijo— se recibió "prácticamente en quiebra" y hoy tiene viabilidad. Redoble de tambores.
El problema es que la misma semana, en la misma tanda de noticias, otro dato se coló a la fiesta sin invitación: la actividad económica de Chihuahua retrocedió 0.93% en el primer trimestre, de acuerdo con el ITAEE. Las actividades primarias crecieron un respetable 16%, sí, pero la industria, la construcción y la minería jalaron el saldo hacia abajo como ancla. Es decir: somos ahorradores ejemplares dentro de un motor que va perdiendo revoluciones.
Hay algo entrañable en el combo. Es el equivalente doméstico a presumir que este mes gastó usted mucho menos en gasolina, sin mencionar que fue porque el carro ya casi no arranca. Sí, ahorró; también dejó de moverse. El ahorro en intereses es real y no hay que despreciarlo —cualquiera que haya pagado una tarjeta lo sabe—, pero celebrarlo mientras la economía retrocede tiene el mismo ánimo que festejar que uno bajó de peso porque se le descompuso el refrigerador.
Uno agradece la prudencia financiera, de veras. Solo pediría que el próximo boletín triunfal venga con la letra chiquita en el mismo tamaño que el titular. Porque presumir el ahorro y esconder la contracción es contabilidad creativa aplicada a las relaciones públicas: se guarda en la alcancía lo que se está perdiendo por la coladera.
El problema es que la misma semana, en la misma tanda de noticias, otro dato se coló a la fiesta sin invitación: la actividad económica de Chihuahua retrocedió 0.93% en el primer trimestre, de acuerdo con el ITAEE. Las actividades primarias crecieron un respetable 16%, sí, pero la industria, la construcción y la minería jalaron el saldo hacia abajo como ancla. Es decir: somos ahorradores ejemplares dentro de un motor que va perdiendo revoluciones.
Hay algo entrañable en el combo. Es el equivalente doméstico a presumir que este mes gastó usted mucho menos en gasolina, sin mencionar que fue porque el carro ya casi no arranca. Sí, ahorró; también dejó de moverse. El ahorro en intereses es real y no hay que despreciarlo —cualquiera que haya pagado una tarjeta lo sabe—, pero celebrarlo mientras la economía retrocede tiene el mismo ánimo que festejar que uno bajó de peso porque se le descompuso el refrigerador.
Uno agradece la prudencia financiera, de veras. Solo pediría que el próximo boletín triunfal venga con la letra chiquita en el mismo tamaño que el titular. Porque presumir el ahorro y esconder la contracción es contabilidad creativa aplicada a las relaciones públicas: se guarda en la alcancía lo que se está perdiendo por la coladera.